La increíble pero falsa historia del Gran Señor de las Pinzas de Papel

Corría el año. Corría que se las pelaba, de hecho se iba pelando unas manzanas mientras corría perseguido por sus perseguidores que le perseguían en una persecución sin par ni impar, vaya que ni nones ni sines, todo un desbarajuste en sí mismo o en sí bemol según el oído fino y delgado del escuchante u oyente que escucha u oye, que no huye cuando se le explica, cuenta, narra o recrea una situación cuando menos o cuando más. Pero, fuera como fuere, él corría como una bala. Bueno, de hecho las balas no corren, como mucho vuelan, aunque las hay que simplemente retozan en su cuerpo pajizo, y luego están las balas que fluyen de las gargantas de las ovejas, no confundir con los perdigones, que seguramente alguno también suelta. Pero, no nos desviemos del tema o caso que nos ocupa. El año corría, y avanzaba, obviamente si corría avanzaba… bueno, no tan obviamente, ya que podría estar corriendo en una cinta prepara para ese uso, para correr, vaya. Si así fuera, podría perfectamente correr sin moverse del lugar, algo que, por otro lado, jamás he entendido, pero quién sabe, algún día igual llego a Entenderlo, que como todo el mundo sabe está en la provincia de Teruel, linda con Comprenderlo y por el sur, cruzando el río, con Ignorarlo y San Pasando de Todo que es Gerundio, un bonito pueblo, todo hay que decirlo. Bien, está claro que no todo, porque en Ocasiones, que está por Ciudad Real, si lo dices todo, todo, todo o te contratan para un anuncio de Catalana Occidente o te sueltan un mastuerzo que te dejan tieso, clavao y con cara de decir algo, pero no todo, porque si vuelves a decir todo, lo mismo te cae otro guantazo sin guante, y quede dicho que un guantazo sin guante duele más. Aunque si nos ponemos a pensar en ello (sí, más adelante hablaré de la  increíble pero falsa historia del Gran Señor de las Pinzas de Papel, pero creo que es más importante acabar de razonar lo que ahora mismo te entretiene), como decía si pensamos en un guantazo sin guante, lo lógico y coherente sería, sin duda, que no te rozara la mano, ya que el espacio que debería ocupar el guante no lo ocupa nada, así pues, el gesto de la mano sería el mismo, manteniendo la supuesta distancia entre la cara, rostro, faz o jeta del susodicho que la recibe y la mano que en su caso debería estar aguantando el guante. Anda, curioso que aguantar que es sostener, venga de guante… y sostener de sostén. ¿Quiere decir esto que hay un paralelismo antes no descrito entre la mano y el pecho o pechos, en función de si es singular o plural? Claro que también pueden ser pechos singulares, por su singularidad, curiosidad, aspecto o algún otro sinónimo que no me viene ahora a la cabeza. Bien, pues eso, que si vas a San Pasando de Todo que es Gerundio ni se te ocurra decirlo todo, porque te la juegas y bien jugada, y con opción a perder. Yo aviso, y quien avisa no es traidor. Yo soy Edu, mucho gusto. Pues corría el año perseguido por sus predecesores cuando se encontró con un Gran Señor. No fue capaz de distinguir si era un Gran Señor así normal, al uso, o si tenía que rendirle algún tipo de pleitesía en concreto. El año, al fin y al cabo, tiene una vida finita, no delgada eh, finita de acabable, finiquitable, que le dura o 365 días o no. Pero se lo encontró. El Gran Señor de las Pinzas de Papel, en adelante El Gran Señor de las Pinzas de Pape, por acortar, no se inmutó. Él seguía pensando en sus cosas, que si en post-its, en DINA4 o DINA5, que si cuadriculado o liso… , vamos lo que suelen pensar las Pinzas de Papel, pero él más, mucho más. De algo tendrá que servirle ser Gran Señor, digo yo. Y no lo digo yo solo, que el año, corriendo como iba, al pasar a su lado y verle aspecto de Gran Señor, le dijo: “¿Imagino que estará su excelencia pensando en algo de Gran Señor, verdad?” . El año es muy educado, con un árbol genealógico como el suyo… uno aprende y retiene todos los modales del mundo. Creo que esto lo aprendió allá por lo lejos. Al ver que el Gran Señor de las Pinzas de Pape… no se dignaba a contestarle, decidió ofrecerle una rodaja de manzana de esas que iba pelando cuando iba como una bala (lee más arriba, si tienes alguna duda, pero no creo… es todo muy sencillo). El Gran Señor de las Pinzas de Pape… declinó su oferta. La declinó en latín, ya sabes Su Oferta – Su Ofertae… y así toda la declinación, yo no me la sé, pero claro, yo no soy el Gran Señor de las Pinzas de Pape… Anda, que si yo lo fuera o fuese, estaría por aquí escribiendo. Qué va, yo soy solo un narrador de estilo braza. Pese a esa primera intentona frustrada, el año no dejó de correr, esta vez lo hacía en círculo alrededor de El Gran Señor de las Pinzas de Pape…, para quien no lo sepa, el círculo es un vehículo de atracción de parque, impulsado y pulsado tantas veces como uno pueda permitirse en lo que vendría a ser un minuto, 4 primeros y 34 segundos. Es posible que no hayas visto ninguno antes, pero tiene su lógica… ¿acaso eres el Gran Señor de las Pinzas de Papel? Yo tampoco lo soy, y como solo narro estilo braza pues comento lo que me comentaron en un comentario aislado porque se llevaba mal con el resto de los comentarios. Una vez tuvo una amiga, una anotación al pie, pero se despistó, se metió en la ducha y claro… se borró la anotación, así que volvió a estar aislado. Una historia muy triste. Me sé más historias, pero si las cuento ahora, buf… igual no acabo nunca de escribir, y entonces… me moriré de hambre, porque no podré parar de escribir, y no, definitivamente no es una buena otra, pero por suerte tengo más.

Al final, el Gran Señor de las Pinzas de Pape… decidió cambiar de posición, abriendo sus pinzas de impar a impar (es el Gran Señor de las Pinzas de Pape…, abre las cosas como le da la gana, y punto, a ver si ahora, tiene que estar justificando todos sus actos, no hombre… no, que es El Gran Señor de las Pinzas de Pape… y como Gran Señor de las Pinzas de Pape… puede hacer lo que le dé la gana. Como si se quiere cambiar el nombre y llamarse Gertrudis, o Ladrillo Cocido, a ver, ¿puede o no puede? Puede, pues ya está, pero no puede de quizás, no ese puede, si no el puede de puede porque es lo que quiere hacer. Que al final uno se toma todo al pie de la letra y no deja nada para los demás. Pues bien, si veis un año correr con una manzana a la que le falta una rodaja, preguntadle si ha visto a Gertrudis, si os guiña el ojo, os hará daño. Porque el ojo lo tiene que guiñar uno mismo, si te lo guiña otro u otra, como no lo haga con cuidado y cautela, las gemelas, puedes tener un problema de conjuntivitis aguda, plana o esdrújula.

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¡Cómo! ¿Pero qué haces tú por aquí?

Era martes por la mañana. El típico jueves de madrugada que se encuentra uno al salir un sábado a eso de mediodía, calculo que sería cuarto y mitad o igual un poco más de las 6 de la mañana en Washington City. Lo menos importante era eso. Había cosas mucho más importantes que eso, como pueden ser esto o incluso aquello. Oí decir a alguien que pasaba, que lo de más allá era aún más importante que eso, pero qué más me daba, yo simplemente pasaba por allí. Aunque el allí tampoco era lo importante, al fin y al cabo allí es un lugar diferente del de aquí, que es el que nos ocupa, que como el saber no lo hace con el lugar. Lugar o saber difícil decisión. Como cuando vas a la churrería y te dicen: “¿Cuántos quieres?” y tú piensas… “No sé, ahora mismo quiero unos 12 y medio azucarados pero sin exceso, con el aceite justo y en su cucurucho, pero… y si cuando los tengo decido que quiero más o menos… ¿se lo tomará mal el churrero?. En este caso es EL churrero, porque es el de la calle Livenport esquina con Tres Cantos, lado mar izquierdo. Se llama Arturo, es un exmaestro que enseñaba. Enseñaba lo que podía, de hecho una vez se pasó y enseñó más de lo que debía a quien no debía, y claro, se enteraron los de la asociación de padres y todos querían que les enseñara lo enseñado. Él se negó en rotundo. Le amenazaron con que le iban a echar de eso de enseñar, pero él dijo: “Me importa un churro” y ya ves, una cosa llevó a la otra… De hecho la llevó a caballito porque así llegaba antes, pero buf, la primera cosa cogió un ataque de lumbago que la dejó para el arrastre, y así siguen, una de las cosas se bajó del caballito para arrastrar a la otra. Son felices, tanto roce les ha hecho ser pareja de hecho. Uf, cuantos hechos hay en este semeocurre, pero… es que las cosas son así, es un hecho. Mientras escribía pensaba en Marina, no el ejército del agua, no. Hablo de Marina Sonsoles de Diezma Gutiérrez San Fernando, vecina oriunda y a la vez oronda del bonito barrio de Wishingwell NorthEast allí por un pequeño pueblo del norte de Asturias, así pasando de soslayo lo que vendría a ser Castilla León pa’rriba. Pues Marina Sonsoles, en adelante Marina Sonso, por acortar, era churrera pro vocación, no por vocación, si no pro vocación, lo has leído bien, a ver si vas a creer que yo escribo las cosas así por así, sin pensar, como quien no quiere la cosa. Ella era directora de la sucursal del banco más importante de la zona en su zona. Cierto día, tomando unas cañas con los compañeros de trabajo, también había cerveza, pero ellos eran más de las cañas de azúcar, decían que les sabían mejor, y ya hemos dicho que el saber no ocupa lugar, así que si encima les sabía mejor… felicidad máxima. Bueno, pues eso, que me voy por los cerros de úbeda y luego para volver, se me hacen las mil, me cierran el metro y tengo que coger un taxi y con el horario nocturno me sale el viajecito por un sueldo y un poco más. Pues Marina Sonso andaba de cañas de azúcar con sus, por aquel entonces, compañerps de trabajo cuando se le ocurrió decir que estaba un poco cansada de su trabajo, y José Luis, que se sentaba justo delante suyo en la oficina, a la derecha de Rosalinda, detrás de Lucía y a la izquierda de Juan Pedro y Damián, le dijo: “Pues hazte churrera”, y Marina Sonso le dijo: “Pues igual me hago”, y José Luis le dijo: “¿A que no?” y mira tú, la provocación tuvo su efecto y allí la tenemos, feliz y contenta con sus churros. Los mejores de la zona a un radio de 56,453.56 metros. Lo pongo así tan exacto, porque Fernando siempre dice que los suyos son mejores, y Fernando está a esos escasos 56 km y pico, pero hay que especificar, menudo es Fernando. Mira cómo es que el pasado jueves, de hara como 3 años, dos meses y un par de semanas más o menos, el 24 de marzo para ser más exactos. Pues fue a comprarle churros Sara, sobrina de Marina Sonso, así como para hacer espionaje industrial de la zona. Todo sea que vaya alguien a la churrería de su tía, no le hagan gracia los churros y decida de repente darse un paseíto a la churrería de Fernando, total … quién no ha hecho apenas 55Km y pico por unos buenos churros. Pues resulta que cuando Sara sacó la billetera para pagar, se le cayó al suelo, y del suelo no pasó, una foto en la que aparecía ella con su tía Marina Sonso. Cómo se puso Fernando. Se puso de lado tirando a tres cuartos. La indignación se podía cortar. De hecho, pasó un cliente y le pidió un kilo y cuarto de indignación para cocido, cortadita a taquitos no muy grandes, así como del tamaño de una uña del dedo pulgar. Claro, Fernando, que es un profesional, le dio al cliente lo que le pedía. Tan contento se fue el cliente con su ceño fruncido, la indignación ya se sabe, si se come sin freír, repite una barbaridad. Pues eso, que Fernando indignado en mitad casi tres cuartos le dijo a Sara que volviera por donde había venido. Terrible, había oscurecido y Sara no había dejado señales luminosas por el camino, ¿Cómo iba a hacer el mismo camino? Pero, es una chica obediente e hizo lo que pudo, tres días más tarde llegó a casa. Había llamado para avisar, así que nadie se preocupó. Fue su padre con el coche a llevarle comida, ropa para cambiarse y toallitas húmedas para un poco de higiene. Al preguntarle si quería que la llevara, ella obviamente, y como no podía ser de otro modo, le dijo que de ninguna manera. Si iba con él, cómo iba a reconocer el camino que había hecho para venir. Creo que Sara y su padre tuvieron luego una conversación a la que titularon “Las frases hechas, ¿hay que tomarlas al pie de la letra?. Con el tiempo, Sara se graduó en filología hispánica y versó su tesis en Frases Hechas y Refranes en General, sacó un bien, que no está mal, está bien. Bueno, al final se me han hecho las 1000, las 1000 menos cuarto para ser más exactos, y ha quedado clarísimo que no siempre el eso es lo más importante, ¿verdad?

Lo de siempre, gracias

o ¿por qué no decirlo de forma diferente…? lo no distinto a lo que en todo momento es igual, por decir algo aunque suene raro, peculiar o simplemente, suene, no los mocos que esos ya pasaron, ausencia de mucosidad en exceso, todo en orden, podemos proseguir. No hay un objetivo claro hoy. Más bien, es decir: mejor, hay una escasez de falta de ausencia, por evitar un concepto inequívoco y a la vez aleatorio. Sueño… mucho, ganas de dormir… también, pero hay un runrún desde hace unas horas que me ha invitado a una tónica y unas olivitas rellenas de anchoas de l’Escala. Muy ricas, o riquísimas, si se me permite, pero claro estaban en lo alto de la escala, y ha sido un esfuerzo titánico superar, con creces, los 3 peldaños y cuarto que nos separaban de ellas. Creces, que aunque parezca cachondeo, es más bien bajito, no ha encontrado la forma de subir sin caerse de espaldas, dándose de morros con las bruces en un lugar poco conocido de la anatomía del amapola del Himalaya profundo. Aún no me explico por qué me lo llevo a pasear. si no fuera porque estamos unidos por un vínculo en el mismo, no habría razón aparente que no me llevara a hacer parapente dejándolo en tierra firme usté aquí y se llevará el lavavajillas hoy mismo. Pero claro, los plazos lo complican todo, y lo que creías que podías llevarte únicamente con una firma en el firme, resulta que hasta el tercer pago del quinto día del amanecer del tercer sol en Lunaris 3, no te llevan más que el enchufe y una resistencia que, obviamente, no para de poner pegas a todo, como su propio nombre indica en la etiqueta que lleva cosida al altura de la axila. Sin embargo todos estamos felices, eso sí, a la que te embargan son todo problemas, y más si te embargan el coche porque además dejas de embragar, que es lo mismo pero moviendo una de las dos erres de la palabra. Y así, está claro, si no hay nubes, que no hay forma humana o animal de conseguir una mesa en un restaurante en pleno centro de Madrid sin cita previa en el odontólogo. Curiosa palabra esta, como seas alérgico a las oes, lo tienes crudo, por suerte, un tal Miguel, que sufría de oisteriosis aplicada, o lo que es lo mismo, fobia a las letras O en todas sus formas y colores, tuvo la ocurrencia de inventar la palabra dentista. Que cualquiera diría que es femenino, por lo de la A final, pero él se las ingenió para convencer a la Y mayúscula de la RAE para que le aceptaran la palabra sin rechistar. Él la prefería con rechistar, pero sonaba muy largo “denrechistartista” . La letra Y mayúscula le dijo que en ninguna cabeza cabía tal palabra, y tras un estudio con Cienzudo, un antiguo compañero de catequesis atea de Miguel, llegaron a La Conclusión, provincia de Ciudad Real, de que no cabía en ninguna cabeza. Probaron con niños, pequeños, canijos, menores, críos e incluso algún adulto con alma de Peter Pan, pero no hubo forma. Así que aunque a regañadientes, decidieron eliminar rechistar de la palabra y mantener esa A final convirtiendo el palabro en asexuado por parte de abuela materna. Diferente fue el caso del Oftalmólogo, al que directamente… no va, porque ni óptico ni oculista escapan de su oisteriosis aplicada. Él sigue buscando una palabra para ellos o ellas, pero de momento sigue usando las mismas gafas de cuando hizo la comunión agnóstica en la iglesia sin fe. Ahora que pienso, ¿cómo he llegado aquí? Si yo estaba cómodamente sentado en el sofá de mi casa… y ahora me encuentro, sin haberme buscado demasiado, frente a una pantalla de ordenador con mis manos moviéndose acompasadamente por este viejo teclado de máquina de escribir sin tinta… ¿es posible que esté soñando? ¿es posible que sueño que creo que estoy soñando cuando en realidad no es un sueño si no, más bien, una realidad alternativa en la que un supuesto yo está usurpando mi personalidad mientras yo sigo en el sofá de mi casa, y mañana, sin saber cómo, por qué, cuándo, dónde, blanco, azul, bisagra o alicate… me será mostrado este texto, orgulloso y henchido, del cuál  no tendré conocimiento alguno más allá de la suposición de que no he sido yo, si no otro en mi lugar el que lo escribió? Me temo que es hora de retirarse, jovencito… Ahí dejo la duda, no sé si será resuelta o más bien tímida y apocada…

Que descanses, querubín

Besos, abrazos y achuchones varios y dispersos

Edu… o no.

Almu y sus fresas. Un semeocurre compartido

Hace unos días lancé una propuesta en mi facebook. Empecé un semeocurre y esperé a ver qué sucedía, si alguien más se animaba a seguirlo y… sí, aquí tienes el resultado. Gracias a Elisabeth Jacob, Raquel Baigol, Mercè Boix, Vanessa Díaz, Isabel Romero, David Sarria, Teresa de Ledesma, Martí Fígols, Judith Bosch y Hugo Vázquez por vuestras aportaciones. Lo he unido todo, sin diferenciar los textos de cada uno, porque si no… no tenía sentido JAJAJAJAA!!!

” Como cada mes de abril tras un octubre lluvioso lleno de claroscuros de tono parduzco, Almudena, Almu para los amigos y Ehtúladelpeloazul para el resto de los mortales que caminan sin orden ni concierto, decidió salir a la calle a buscar fresas porque tenía un capricho. Pero de esas frescas, naturales, de frutería. Se puso guapa, con unos jeans apretados y una cola de caballo, que no de yegua. Y fue directa a la frutería de Yamal, el morenazo de ojos verdes que estaban puestos en el piano del escaparate de enfrente. De repente, un estruendo le hizo cambiar el destino de sus ojos verdes hacia una farola que aparcó en doble fila en una calle de un único sentido del humor más blanco que puede reconocer alguien como Almu. Pero su atención se siguió centrando en el piano… bueno.. más bien en el ciempiés cojo que estaba entre el do y el fa de la tercera octava. Pensó si lo mejor era comprar una alza para que él, pobre quilópodo no anduviera tan cojo, y le fuera más fácil saltar del do al mi sin pasar por el re de la tercera octava, pero al final desisitió y siguió su camino rumbo a la tienda de zapatos usados, pensando quizás, que podría empeñar los suyos para volver a comprar las fresas… O quizás el piano.  Pero esos zapatos eran un regalo de la primera comunión del primo segundo de la Sra. Paca, la simpática ancianita de 13 lustros que vivía allá por las cercanías de la periferia de la ciudad de origen de Almu. Quedaba feo vender esos zapatos, pero claro, igual era la única opción que tenía si quería comer fresas naturales. Así pues …¿no era mejor cambiar de fruta? Igual comerse una gran manzana? ¡No! Fue la respuesta. Los ojos de Yamal siempre habían llamado su atención imaginando la combinación que harían con su pelo azul y el rojo fresoide. Pero Almu quería las fresas, así que al final decidió vender los zapatos, pero no los de la primera comunión, ni los de la segunda, ni la tercera, si no que vendió los de la séptima comunión y sólo le dieron dos reales de las antiguas pesetas, por lo que se quedó sin poder comprar las dulces fresas de la frutería de Yamal. Pensó que con los reales que había ganado quizás podría ayudar al pobre ciempiés. ¿Cómo podría ayudarlo? Pero algo le hizo cambiar de opinión… o quizás alguien le hizo cambiar de opinión. En ese momento y no en otro, una enorme tormenta de sol radiante y granizo cálido se acercaba por la izquierda de la mano derecha. Eso desvió su atención y también desvió un Boing 747348294768/elv535674 modelo Texas que navegaba por el océano menor, a orillas o minutillos de distancia. En ese Boing iba durmiendo el bueno de Adolfo, un antiguo dictador de Alemania que antes de dictar las directrices de los dictadores dictaba mapas a escala real, un trabajo muy agotador, por eso siempre iba durmiendo en los transbordos entre boings y avionetas. Pero ese día fue distinto porque se tropezó con su gran amigo Franco, el cual franqueaba ciertos territorios por dinero y empezaron a hablar sobre temas interesantes al estilo: ¿es lo mismo una pelota roja que una vieja roja en pelotas? También acerca de temas menos banales al estilo… pelota roja (específicó Franco). El avión pasó de largo, ese día el piloto no quería repostar en la pastelería del barrio. Así que Almu siguió a lo suyo que era lo propio y no ajeno. El ciempiés conoció a una podóloga rusa que le curó la cojera con espadrapo hidráulico, tuvieron 5 hijos de distintos padres y madres que se parecían como un huevo a una castaña pilonga, pero esa es otra historia que acabó con un ataque de histeria. Almu, nuestra joven Almu seguía empeñada con sus fresas. Dio un paso al frente y cayó, de repente, a un barranco dándose de bruces contra el suelo lleno de zarzas. Y Justo delante de sus ojos había una inmensa parada de fresas, tenían fresas de todos los colores y formas, fresas amarillas, verdes, violetas, con el arco iris, redondas, cuadradas, romboides, pero todas ellas de un dulzor amargo ácido tirando a picante. Pero aquí, no acaba la historia. Almu se sentó un momento para resarcirse de sus magulladuras y disfrutar de la combinación de sensaciones producidas por el placentero y ligero dolor de los espinos y el aroma embriagador de tan deseado fruto. Acto seguido a la caída, apareció el esquelético Pablito “el pizzero loco” que había contemplado la escena y conmovido por la belleza de Almu y por un precipitado espíritu de socorro, metió a ésta en la caja de pizzas de su ciclomotor y partió hacia la habitación del pánico que había construido en la parte baja del Telepizza donde trabajaba de lunes a miércoles. “Por fin, mi pepperoni extra de queso” oyó a sus espaldas al llegar al Telepizza, y unas manos peludas le arrebataron la caja de pizza con Almu dentro mientras soltaban un billete de 10 euros. Quiso replicar, pero calló acongojado cuando vio que se trataba de ¡¡¡su madre!!!! Su difunta madre, que murió 3 años después de un ataque de risa histérica tras leer en el periódico queque un cirujano de Oklahoma había diseñado la primera prótesis de cadera para cinempiés y que había supuesto una inversión de mil millones de reales. La madre, después de tan terrible muerte, había quedado vagando en el purgatorio y ahora volvía buscando la venganza de don Mendo, un libro que le había gustado mucho en su momento y que quería llevar a escena en el teatro de los horrores. Mientras caminaba abrió la caja de pizzas con el ansia que provoca la gana de ultratumba e inmediatamente cambió el rostro de decepción por el de sorpresa. Musitó una sonrisa y ahí estaba ella, Almu, comiendo las dichosas fresas que tanto deseo que tal historia organizó, si era ella, nadie más, que la muchacha caprichosa de fresas, dispuesta a atarse un cordón del zapato con los ojos cerrados a cal y canto rodao que caía por la ladera de la pradera verde cuales kiwis sin madurar, en plena adolescencia pubertaria con las hormonas a todo gas y un acné que tiraba de espaldas. Un cordón de 3 metros y 3452 centímetros cuadrados de espesor que hacía imposible la tarea. Dificultada también por la reacción alérgica del fruto rojo que provocaba en ella. Se hinchó, se hinchó y se hinchó. La hinchazón provocada sumado a su terrible acné hizo que a la vista de cualquiera la reacción fuera de huida ante horrenda presencia ya que se asemejaba a. un culo de mandril apaleado. ¡¡”Dios mío! Mi alergia!!” -recordó-. “Vaya, cada vez que fumo me salen pústulas violetas en las orejas”. Acabó con la última fresa y fue a comprar un paquete de Malrboro. El camino hasta el estanco resultó complicado pero interesante porque veía doble y mitad, o lo que es lo mismo, tres quintos de una cuarta elevada al cubo de basura que se encontró en su camino… Bueno, encontrar… encontrar… Vaya, que se metió de cabeza, pero… Fíjate tú, y tú, y tú, y tú también… así pues, fijaos, ya que ahora es plural, que el cubo no era un cubo al uso, si no que era un teletransportador de pieles de plátano hawainos que había traído su difunta madre desde el más allá que pacá, para poder llevar a su queridísima niña granuda con cara de culo de mandril, a pasar un feliz fin de semana entre los muertos del futuro para enseñarle con la evidencia que debía dejar las fresas y el trabajo urgentemente. Sin lugar a dudas, fue una jornada de reflexión y de reabdominal, incluso de resauna y otros res que ahora mismo no se me ocurren. Una jornada en la que Almu hizo muchos amigos con sus manos y sus pies. Una semana en la que aún tiene que decidir si decide tomar una decisión o tomar un buen plato de fresas.”

Besos, abrazos y achuchones varios!

Semeocurrecadacosaespontáneoteam

Había una vez barquito chiquitito

que sí, este sí que sabía navegar. Aprendió hace unos años en un curso CCC, vio el anuncio en el TP y con eso de que te regalaban una guitarra si hacías un curso de algo, supongo que era el curso de guitarra, nunca presté mayor atención, pues él se decidió por el de navegante errante constante y sonante, era muy ruidoso. Tardó la friolera de 3 grados bajo cero y 2 semanas celsius de Roma en conseguir su objetivo, y tres años mascarpone en sacarse el título, no confundir con sacarse la titola, que sería algo diferente y que no procedería en este casto semeocurre castizo. Hablando del TP (Teleprograma por si alguien se lía con las siglas),(revista sobre televisión cuando no había internet o el lento y soso teletexto, este es un comentario para los/las jóvenes del lugar), pues eso, hablando o escribiendo sobre él o lo, que supongo que es de sexo inconsistente… ¿sigue existiendo? ¿tiene alguna utilidad? ¿sigue siendo tan pequeño? ¿sigue saliendo Mayra Gómez Kemp cada 3 semanas? y lo que es más importante… ¿por qué estoy hablando del TP si esto iba de un barquito chiquitito que sí sabía navegar porque se había sacado el título en CCC porque vio un anuncio en el TP… y yo me pregunto ¿qué se habrá hecho del TP? ¿aún existirá? ¿seguirá siendo tan pequeño? ¿voy a estar mucho tiempo más preguntando lo mismo? Un momento, que llaman…

….

….

vale, ya está ya he colgado, era el barquito… se siente ignorado… que no sé yo por qué, si estoy hablando de… esto…  Un segundo que miro el título de esto, que me he perdi… ah sí ,el barquito. Bien, todo esto ha venido porque el otro día yendo a trabajar imaginé un barquito de papel que bajaba por la calle a punto de vivir un millón de historias, siempre y cuando ningún desaprensivo decidiera que no era su momento. La clave de todo era tener algo que ver, algo que visitar, esquivar algún cúmulo de hojas secas que pudieran frenar su recorrido, pararse en los semáforos en rojo y si todo iba bien llegar al mar para buscar un nuevo lugar al que ir. O… más que buscarlo, que le apareciera, así de repente, dejándose llevar por las corrientes alternas y si continuas con lo mismo siempre vas a estar igual… y seguir sin parar nunca. Está claro que estoy hablando de un barquito de papel, pero de un papel tremendamente resistente a todo lo que se tiene que resistir, porque… ya me dirás tú qué barquito de papel puede aguantar tanto. Yo, a día de hoy, no he conocido ninguno. También es verdad… bueno no, también es también y verdad es verdad. Como mucho… verdad puede ser cierto y también puede ser incluso, pero también nunca será verdad, son palabras con significados muy diferentes no por ello opuestos o quitados, simplemente lo otro que no sea lo mismo que un pueda pensar en este momento de pensamiento pensante que no pesante ni pasante. Ese barquito no protagonizaría nunca, eso está claro, un conato de accidente en el que alguna pequeña niña pudiera llegar a rebanarse un trozo de dedo, un trozo pequeñito como el barquito. No, este es un barco indoloro, incoloro, inocuo, inodoro, váter, lavabo, cocina, sala de estar, sala de ser, ser salá, sal tú a ver que yo estoy cómodin comodado y este cuento… pues no, aún no se ha acabado, pero es posible que en breve, provincia de Cuenca, pueda llegar a serlo, no por ello, pueda llegar a dejar de ser bueno, porque ya se sabe lo bueno si breve… se emborracha (iba a poner se emvorracha, por jugar con lo del breve… pero lo mismo que es igual, alguien pensaba que estaba incurriendo en un serio error ortográfico. Nada más lejos y llegarás a Mallorca, y si nadas aún más lejos y cambias de rumbo, igual giras sobre ti mismo tres veces, cuarto y mitad, y acabas pensando. Que siempre está bien acabar de alguna manera. Yo, sin ir más lejos, porque me voy a ir a la cama ahora, y si me voy más lejos tardaré más y mañana (o sea hoy, que ya es la 1.06) tengo que trabajar aunque sea una lata. Pues eso, que como de alguna manera hay que acabar, yo acabo pensando en el final de este post de hoy por no llamarle entrada o simplemente, semeocurre de hoy. Dicho lo dicho, y escrito lo escrito, no me queda más que despedirme con felicidad, ánimo, garantías, resguardo y un acta notarial de la forma que más me gusta por no ser otra que la habitual en estos casos que nos acontecen cuando sitúo mis dedos, los 10 en el teclado del ordenador que está calentando mis muslos ahora mismo:

Besos, abrazos y achuchones varios

Edu

mamá, quiero ser artista! (creo que v02)

Algo me dice que ya escribí esto en el pasado. Bueno, seguro que esto, así tal cual, no. Porque eso querría decir que previamente ya había escrito eso a lo que me refiero, y creo que solo ha salido el tema una vez, y mira que ya es mayor de edad y puede salir cuando quiera, eso sí, si va a llegar muy tarde que me llame o me envíe un whatsapp, no vaya a ser!! Porque luego me desvelo y no puede ser, que empiezo el día con unas ojeras tremendas. Pues a lo que iba, que no era ni sal ni azúcar, ni un poquito de harina para hacer un pastel de carne. Sí, como hizo Concha Velasco hace muchos años, os lo voy a confesar… me lo copió… yo en alguna ocasión le dije a mi madre eso de “mamá, quiero ser artista”, pero lo decía sin convicción alguna. Me parecía divertido. La verdad es que nunca me lo planteé, de hecho ahora tampoco… ahora me estoy planteando si ceno yogur solo o si pongo un par de lonchas de jamón de pavo dentro de una de queso suave para hacerme un delicioso bikini, mixto, sándwich o como le llames en tu casa, pero sin pan, que así se come más rápido. De hecho no suele salir ni de la nevera. Pero no me despistes que no es de eso de lo que estaba hablando. Mira que me interrumpes cada dos por tres seis, me haces perder el hilo y luego no hay quien encuentre la aguja en el pajar para enebrarla de nuevo, y así… tiempo… tiempo… tiempo… pues tiempo hace que le dije yo eso a mi querida madre, por suerte no me tomó en serio, y ahí lo dejó… “deja al chaval que se exprese… total…” no sé si fueron las palabras que usaste mamá (sé que vas a leer esto, así que si lo recuerdas, manifièstate, aunque sea por una vivienda digna y para todos). Pues todo esto ha venido porque Eli, una amiga a la que no le gustan los anuncios de navidad me ha pedido que escriba sobre ellos, pero… lo cierto es que no me he conseguido arrancar y resulta que poco antes de que me lo comentara he estado echando un ojo a un libro de Queen que anda por casa, uno de varios, en el que mi apreciado Freddie tenía muy claro que él iba a ser una leyenda y me ha venido a la cabeza mi opinión al respecto de ese tema en se y per se (como diría el grandísimo y a la vez muerto Pepe Rubianes). Y no, por mi cabeza no pasa ser una leyenda, ni un mito ni, posiblemente, una estrella y es probable que esa sea la clave de un posible estancamiento futuro, o puede que no, que esa cierta “humildad” o igual “falsa humildad” (aunque creo que es cierta, pero claro, si ni yo mismo sé si es cierta o falsa… vamos apañaos… bueno, voy apañao yo, ya que la duda existencial la tengo yo, al menos en este tema. Quizás en otros no, como por ejemplo en el referente a: ¿Si juntamos todas piedras sueltas que hay en la Tierra, todas aquellas que no superen los 20 cm de diámetro (por marcar un límite) haremos una única piedra muy grande? ¿o seguirán siendo muchas piedras de máximo 20 cm de diámetro juntas? ¿y si se nos cuela una de más de 20 cm… seremos capaces de poder sacarla sin que se caigan el resto? ¿y qué haremos con el hueco que sobre? ¿Y si todas las piedras que encajarían en ese hueco han sido ya utilizadas? ¿Tendríamos que desmontar todo y volver a empezar o estaríamos tan cansados y nos parecería todo tan absurdo que lo mejor sería dejar de hacer el imbécil y centrarnos en algo más coherente y con más sentido práctico como contar todas las plumas de ave que hay en la tierra? ¿Y si mientras las estamos contando resulta que se muere alguno de los pájaros y no tenemos apuntado el número de plumas que tenía porque estamos haciendo una suma en términos absolutos ignorando el concepto individuo, tendremos que empezar de nuevo o podemos intentar restar una cifra al azar? ¿y qué cifra podemos restar al azar, si azar es una palabra y no una cifra? ¿no tendríamos que restar una letra al azar? ¿Y si la letra que decidimos restar es la “a”… la tenemos que restar las dos veces que aparece? ¿La restamos solo una? ¿estamos, entonces, haciendo una discriminación entre las dos “as o aes”, nunca he sabido si es de una forma u otra”? ¿y si esto es así, qué criterio usaremos? ¿Por el hecho de ser una palabra aguda, tiene más peso la “a” tónica, en este caso la segunda? ¿Quiere decir esto que para nosotros es más importante el segundo que el primero? ¿O quizás es el segundo más importante que el minuto o la hora? ¿Y no va siendo hora de que deje de escribir tontunadas y me vaya a cenar?  ¿Y si esto es así… me tengo que volver a plantear si ceno solo un yogur o ataco a las lonchas de jamón de pavo enrolladas con el queso? ¿Y si están enrolladas… habrán tenido ya sexo? Por lo tanto… si me los como juntos, ¿es un coitus interruptus? Decididamente, me temo que artista… artista… si sigo así… va a ser que no demasiado. Aunque nunca se sabe… el cuento de los 3 cerditos y se lo cuenta todas las noches a sus nunquitas y nunquitos a ver si se duermen.

Besos, abrazos y achuchones varios,

Edu

Con su ojo, cada uno ve lo que quiere

Ojo, que me refiero al ojo de ver, al que suele tener un gemelo al lado, no al ojo del culo, que poco ve por encontrarse en lugar oscuro y por soler estar atrapado en un manto de ropa variopinta y muy frecuentemente aprisionado entre dos nalgas chafadas por un asiento que limitan aún más, si cabe, la visión que algún día pudo tener. Visión, que si nos paramos a pensar, no es demasiado agradable cuando se despoja de esa venda ropística que suele cubrir su mirada furtiva. Pero como no me refiero a él, no seguiremos con la escatología, que es algo que salvo mi madre (que estará leyendo esto ahora mismo, sonrojándose pensando “pero mira que es bruto” pero a la vez sonriendo al pensar… “si es que en el fondo, es hijo mío, qué le vamos a hacer”) que tolera con facilidad, y poca gente más lo hace, no suele ser plato de buen gusto (por dios, qué mala referencia acabo de hacer) para la mayor parte del mundo que nos rodea, y mucho más si están cenando unas ricas acelgas salteadas con unos taquitos de bacon. No, no me gustan las acelgas… empecé a buscar una verdura que me encajara, y por la “a” aparecieron ellas… noooo, habas va con hache, espero que no hayas estado a punto de caer en ese error. Si así fuera, bueno… no se lo digas a nadie y ya está. Caso cerrado. Bien, tampoco me refiero al ojo de la aguja que no alfiler, que si mal no recuerdo es el que tiene cabeza para que si te lo clavas mucho, aún tengas la opción de extraer con las uñas, o buscando cualquier otro utensilio que haga palanca. Con las agujas es más complicado, si entran… ya no hay vuelta atrás… todo el mundo sabe que se cuelan en las venas y en las arterias y por cualquier lado por el que se puedan colar, llegan al corazón y si el hilo que llevan enebrado es del color adecuado te pueden hacer un zurcido de primera en la aurícula derecha del lado anterior. Tampoco me refiero al ojo de buey, nada más lejos. La cantidad de reses tuertas que hay flotando por el mar. Cuánto desaprensivo suelto. Que digo yo… ¿qué tendrá de buey ese ojo? Mi cultura marítima es escasa pese a vivir en ciudad costera. Será porque de pequeño me cantaban aquello de “Había una vez un barquito chiquitito, que no sabía, que no sabía, que no sabía navegar… Pasaron un, dos, tres, cuatro, cinco, seis semanas y aquel barquito, y aquel barquito, y aquel barquito navegó” (y no es broma, por algún lado se guarda una grabación de 1975 de dos tíos míos cantándome esa canción. Creo que me marcó ese momento, del cual… por supuesto no me acuerdo. De hecho no me acuerdo de cómo he empezado este semeocurre y a santo de qué estoy hablando de mi infancia… A ver… ah sí, hablaba de algo de ojos. Bien, de hecho era algo tan sencillo como una reflexión reflejada en un espejo espectral que no dice si no calla acerca del cómo, el porqué y el cuándo de las situaciones que pueden tener más de un prisma con base octogonal y altura uniforme de soldado raso por la codera de atrás. Y eso es todo, o casi todo, porque si fuera todo no habría nada más que contar, y me consta que es más que posible que haya una probabilidad aceptable de que se dé el caso de que vuelva por estos parajes a desarrollar de forma harto peculiar una sucesión de palabras con conexiones… diríamos… peculiares y a la vez particulares. Dicho lo cual, voy a ejercer mi derecho a la retirada a tiempo, para seguir con mis posaderas evitando la visión del ojo anteriormente comentado, al disponerlas de forma relajada y más o menos cómoda sobre el sofá que está dispuesto justo aquí abajo.

Muy buenas noches, se despide un servidor,

besos, abrazos y achuchones varios.

Edu

Pero… ¿lo dices en serio?

¿Cuál fue la sorpresa cuando miro a su izquierda y vio algo que no estaba a su derecha? Eso se preguntaba él, ¿cuál? Llevaba tiempo pensando en ello pero no halló  respuesta a la pregunta que la requería con insistencia. Sorpresas, y no hablo de monjas convictas, son situaciones que llegan de repente, al sur de por un instante y al este de sopetón. Una sorpresa te inclina hacia un lado por la fuerza que ejerce desde el contrario y te lleva a pensar en un santiamén. Tanta gente ha ido a pensar que ya han montado 3 parques de atracciones y 34 complejos hoteleros, que bueno… muy complejos no son, tienen su puerta, su conserje, su timbrecito para avisar al botones, ascensores, escaleras y muuuuchas habitaciones. En pensar, además han montado 3 escuelas para aquellas familias que van de paso, y es que en paso se quedaron sin colegios tras un huracán que salió de los buzones de correos del barrio de “El tucherco”, conocido por el ilustre costurero que le dio nombre: Don Francisco García López, alias “el montilla plana”. Ya… habrás caído en la cuenta de que no tiene mucho sentido lo del tucherco ¿verdad? Eso mismo piensan los habitantes de paso, pero… ese es el nombre que aparece en el registro de los barrios, y como allí todos pasan un poco de todo… pues no le dieron mayor importancia. El caso es que en las tres escuelas de pensar hay como mínimo un maestro que se llama Don, y un alumno que se llama Quirico. Se decidió por mandato real que así fuera, y bueno.. estas cosas de palacio ya se sabe, aunque vayan despacio… acaban llegando y cuando lo hacen suele ser para quedarse, y cuando se quedan no hay quien las mude, y si no se mudan es que llevan siempre la misma ropa, y si llevan siempre la misma ropa es porque no se lavan, y si no se la van a cambiar nunca pues para qué comprar más ropa… un galimatías. Por cierto así se llama el gallo del gallinero de gallos: Matías. Pensaron que le quedaba mejor Arturo pero tras comentarlo con el resto del pueblo, un señor al que apenas le quedaban dos piernas y unos dedos del pie derecho… decidieron que Matías ya le quedaba bien. Pues, Matías tiene un hermano de misma madre y padre pero de hermanos opuestos al origen de sí mismos que es un puercoespín de púas tiernas llamado Jacinto. Él nació tarde, sobre las 20h de la mañana de un un frío día de verano con temperaturas que rondaban alrededor de la fuente del pueblo. No tardó en hacerse un hueco en el corazón de todos los habitantes de pensar. De hecho, todos le odian por ello… Cuando era peque todos lo cogieron en brazos y claro… con las púas… ya se sabe… pinchazo y boquete en todo el corazón… pero oye… acaso ellos no sabían dónde se metían… o mejor dicho… ¿qué púas se acercaban al pecho? Pues que cada cual aguante su vela, y más si es una vela de esa de la nariz… de mocos, vaya. Que digo yo, que aguantar eso tiene que ser un poco asquerosete ¿no? En fin, que las cosas pasan por algo, vienen de paso y van a pensar, y no hay más que eso en una incierta certeza. Así pues, yo me voy a dormir. Besines

Hoy se me ocurren varias…

hoy es el final de un proceso y el principio de otro. Hoy se me ocurren muchas cosas. Muchas de ellas buenas, varias no lo son tanto, pero de esas no voy a hablar, aunque sé que estarían encantadas de que hablara de ellas, porque ya hemos hablado ellas y yo muchas veces sobre lo mismo, y como parece que no avanza la cosa, pues ahí se quedan esperando a que algún día acabe hablando de su porqué. Pero bueno, ya tendrán su momento que no es hoy y posiblemente no sea nunca. Y las buenas, pues son varias, sin duda, la más importante mi próxima paternidad de mis 17 niñitas que en unas semanas estarán listas para que todo el mundo las conozca. La siguiente y muy de cerca… que la familia creció, tenemos un nuevo enano en la familia Quindós Romero Guardia Fumanal y eso está muy bien. El resto también son buenas, están ahí y se me ocurren varias veces al día: familia, amigos, trabajo, chocolate, descubrir un nuevo zumo de sandía y melón que está tremendamente rico, verme aunque sea muuuuuy chiquito y muuuuuuy poco rato en un anuncio de la tele…. todas esas ocurrencias que me ocurren. Pero bueno, ¿se nota que no estoy muy inspirado hoy? No sé, la verdad es que con el proceso de pregrabación del disco he tenido la cabeza ocupada, además el peso del pelo ayuda a que las neuronas no lo vean claro… Voy a intentar ir escribiendo cosas varias aquí estos días, pero sin duda, mi web musical http://www.eduquindos.com va a a ser la protagonista de estos días. Ahí iré escribiendo, subiendo fotos y espero que algún vídeo de las 3 semanas de grabación. Estoy seguro de que cuando pase, pensaré eso de… “jo, si hubiera grabado todo esto…” pero bueno, haré lo que pueda hacer mientras pueda y cuando pueda o me dejen hacer lo que buenamente pueda hacer, ya me entiendes.

En fin, ahí lo dejo por hoy. Me iré pasando por aquí!!

Buenas noches

La increíble historia del hombre visible

Juan P. G. H.E.J.F.C.G.A.3.5.D.F.3.6.74.DS.SL.A. , no es que quiera mantenerse en el anonimato, es que escribir todos sus apellidos me llevaría todo el semeocurre de hoy y no es plan, es un hombre sencillo, del montón de la izquierda, el de las cosas que todo el mundo quiere tener pero no lo reconoce… que quiere tenerlas, no a Juan, ya que a él era fácil reconocerlo, por algo era el Hombre Visible. Pese a su apararente poca singularidad, la realidad era completamente distinta a la ficción, o al menos a esa ficción que era distinta de la realidad de nuestro Juan, de nuestro Hombre Visible, u Ombre Bisible según quien lo escriba, que últimamente… últimamente… últimamente, la última mente le ha tocado a más de uno y de una. La última no, la de más allá, a lo lejos, allí donde nadie se acuerda que quedó una mente. Incluso más allá del montón de la izquierda. Incluso más allá del más allá del montón de la izquierda que se puede ver desde el lado opuesto del mismo, mirando en la dirección contraria sin tener en cuenta la curva que tiene el globo terrestre. Es decir, allá, allá, allá… pasado el rancho grande. En fin, que Juan era eso, un Hombre Visible. Un tipo que siempre estaba, y estaba en todas partes. Podían encontrarse en un bar más de 34.532.678 amigos que hacía un par de lustros que no se veían, y en todas y cada una de sus conversaciones… habían visto a Juan. Aunque las fechas fueran las mismas y uno viviera aquí y el otro allí, o viceversa. Juan estuvo con uno de ellos. Bueno, eso lo decía cada uno de ellos, visto desde la globalidad, había estado con todos y cada uno de ellos de forma independiente, pero a la vez conjunta. Yo, nunca fui amigo de ninguno de esos más de 34 millones de amigos que se encontraron en un bar y… puedo decir sin miedo a equivocarme que nunca vi a Juan. Claro que, de hecho, no sé cómo es, así que sostengo una manzana con la mano derecha y un albaricoque con el pie izquierdo y a la vez, que no puedo garantizar que nunca haya visto a Juan el Hombre Visible. En mi caso, la cuestión reside con su familia en un bonito chalé a las afueras de Moratalaz y sostiene, con la mano que le queda libre, que no soy consciente de la posibilidad de haber visto y, mucho menos, compartido algún momento de mi poco rumbosa vida con el bueno de Juan. Digo el bueno por utilizar un vocablo común. De hecho en mi mente la palabra que se me aparecía en sueños tras ver una película de terror infantil, es cabroncete. Juan el cabroncete. Porque cuando se reunieron los más de 34 millones de amigos en el bar, no pude evitar escuchar alguna de las conversaciones. Curiosamente, solo había 3 conversaciones… Tanto tío y tan poco de qué hablar… qué típico. Solo cuando el amigo número 4.554.333 dijo la palabra TETAS, la cosa se animó. Aunque fue un problema de acústica del local, ya que él lo que dijo fue “PÁSAME LAS SERVILLETAS”. Pero ya se sabe, cada uno escucha lo que quiere. Igual tú has hablado hoy con Juan el Hombre Visible. Si es así, cuéntame… ¿Cómo es? ¿A qué se dedica? ¿A qué huele? ¿Respira profundo? ¿Sabe hacer macramé? ¿Le gustan las legumbres? ¿Le faltan 43 dedos tal como dice la leyenda? Espero ansioso tus comentarios, así que me voy a dormir, no vaya a ser que me desvele.

Nooooooches ricas

Edu

La playa estaba abarrotada

Julio, el mes no, un señor de 7 años de edad, se fue a pasear por el barrio más céntrico de su pequeña ciudad de 3 habitantes. Tuvo que coger el metro, el bus, el tranvía, un transatlántico y un patinete para llegar. Una vez allí, se dio cuenta de que se había dejado el bocadillo de chorizo en casa, así que decidió volver. Esta vez, no hizo el tonto y giro la esquina, en lugar de dar la vuelta tan absurda del viaje de ida, que por algo vive en una ciudad pequeña. Ya con su bocadillo en la mano y un botellín de agua con acelgas en la otra volvió a salir a la calle, pero en esta ocasión su destino era otro: la playa. No quería ir solo, así que llamó a Adela, su vecina de la puerta de enfrente del campo del fútbol del equipo rival de las tres últimas temporadas que caía como a unas 3 millas náuticas a trineo. Adela, una niñita de apenas 56 años salió en pantalón corto y abrigo de tres cuartos con su muñeca de trapo en la mano. Al verle se le iluminaron los ojos, a la muñeca digo, porque le hizo tanta ilusión a Adela que apretó la muñeca y le dio al mecanismo que hacía que se le iluminaran los leds que tenía como ojos. Antes, cuando la muñeca era nueva, decía algunas palabras, pero no tenían mucho sentido: pesadumbre, solsticio, sostenibilidad, barbacoa y sílice. Al parecer, era un muñeca que había salido defectuosa de una fábrica de Orense que fabricaba muñecas sin defectos. Pero, el quinto padre de Adela compró la muñeca sin saberlo, sin saber que estaba defectuosa, era plenamente consciente de que estaba comprando la muñeca. De hecho el dinero era suyo, se lo había encontrado en el interior de una barra de pan que había comprado con otro dinero que también era suyo porque se lo había encontrado, a su vez, en exterior de una maceta que tenía un enorme ficus plantado en el lado derecho. En fin, tras la alegría de Adela, esta cerró la puerta de golpe dejando al pobre Julio sorprendido y cariacontecido. Lo cierto es que no cerró ella la puerta, había sido un golpe de aire. Azucena, una chica que vivía a 45 kilómetros de allí había abierto la ventana de su habitación para airearla tras haber estado durmiendo con la puerta cerrada durante más de 453 días y 32 noches seguidas. El cambio de presión que se generó, provoco un huracán invertido que aspiró de forma alarmante todo el aire que había a tres países de tamaño medio de distancia, y claro, la casa de Adela estaba en el área de influencia y de ahí que se cerrara de golpe. Por suerte, fue rápida y la abrió enseguida. Apenas habían pasado 45 años y Julio aún estaba allí, con algunas canas de más, pero seguía allí, esperando a que su amiga Adela abriera de nuevo la puerta de su casa. Pero, el tiempo no pasa porque sí, y en ese momento, cuando se volvió a abrir la puerta, resultó que ya había dejado de ser verano. Y un frío polar con temperaturas que oscilaban entre los 12 y los 12,1 grados a la sombra de los pinos, no acompañaban a un paseo playero, por lo que Julio, con cara tristona, le dio su bocadillo de chorizo a Adela y le dijo que lo guardara, que en unos meses volvería a ser verano y la iría a buscar de nuevo para ir a dar un paseo por la playa.

Edu

Su sonrisa era cautivadora

y él lo sabía… ¡vaya si lo sabía!  Llevaba 45 de sus 35 años entrenándola en el salón de su casa. Había buscado en internet, cuando aún no había internet ni ordenadores, las mejores técnicas para entrenar su sonrisa. Por supuesto, no podía faltar una higiene dental perfecta. Bueno, era casi perfecta. Resulta que el hilo dental se le quedaba atascado entre dos de sus muelas superiores. Pero atascado del todo, que no podía tirar de él con fuerza porque igual se llevaba una muela por delante y… ¿dónde quedaría entonces su cautivadora sonrisa? Pero bueno, decidió que estaría más rato dándole al cepillo justo entre esas dos muelas. Por arriba, por delante, por detrás así hasta 343.656.368.004 veces cada día. Todo por su sonrisa. Él sabía que no había otra como la suya. Las había bonitas, y de hecho, muchas eran más perfectas que la suya, pero… la suya… su sonrisa era cautivadora y por lo tanto única. Había conseguido superar todos los cursos desde la EGB (porque en aquel entonces aún había EGB) gracias a su sonrisa cautivadora. Daba igual que fueran maestros, maestras, rectoras, rectores, doctoras o doctores… él, muy sutilmente, empezaba a separar los labios lentamente dejando a la vista esa gran sonrisa que cegaba y enamoraba… bueno no, cautivaba, solo cautivaba. Hubo un curso en el que los compañeros le hicieron una putada, hartos de ver cómo sacaba unas notas excelentes gracias a su sonrisa. Le pusieron pegamento de impacto para sellarle los labios. Creyeron que así conseguirían anular su sonrisa. Pero… una sonrisa cautivadora, no cautiva solo a las personas. Su sonrisa cautivaba todo lo que él quería cautivar. Así que incluso en la oscuridad de su boca cerrada, se intuía esa sonrisa que cautivaba. Y fue así como cautivó al propio pegamento que cayó fundido de sus labios dejando un charco de pegamento de impacto cautivo, que aún sígue en el suelo del instituto. Pero no eran todo ventajas. Era incapaz de mantener una conversación con alguien sin llegar a esbozar una sonrisa, momento en el que ese alguien, fuera hombre, mujer o ewok, caía rendido ante la cautivadora sonrisa. Para mucha gente eso no era malo. Pero para él sí. Con el tiempo su cautivadora sonrisa fue el motivo de su propio cautiverio. Su lengua dejó de moverse cuando sonréia, lo que le hacía hablar como un bobo. Su lengua había sido presa del cautiverio de su cautivadora sonrisa. Incluso él mismo se había quedado embelesado cual Narciso viendo su propia y cautivadora sonrisa. En cierta ocasión, un experto en marketing creyó que podía ser la solución para una empresa de dentífricos. Error. Pusieron su cara en anuncios, en las cajas del producto, incluso en una enorme lona en la fachada de la fábrica. Resultado: los operarios cayeron rendidos a su sonrisa y dejaron de trabajar, con lo que la empresa se hundió. Pero seguro que te estarás preguntando… ¿Y cómo lo hicieron los que hacían la publicidad, la lona y las cajas? ¿Acaso no cayeron cautivos a la sonrisa solo verla? ¿Y el fotógrafo que le hizo las fotos? Bueno, tiene una explicación. Todo el equipo de publicidad y marketing eran de Montpellier. Nadie sabía que eran inmunes, solo cuando se hicieron públicos los efectos de su cautivadora sonrisa, se estudió el caso de la empresa de publicidad que no había sucumbido. Por lo visto, en Montpellier hay un tipo de polen que hace inmunes a sus habitantes y a los turistas que visitan la ciudad a todo tipo de sonrisas cautivadoras, incluyendo la suya. La suya de él, del protagonista de este semeocurre, no la suya de ellos los habitantes de Montpellier. Aunque, no se han hecho pruebas al respecto. Igual sí que son inmunes a sus sonrisas y resulta que las sonrisas de los habitantes de Montpellier son cautivadoras como la suya. La suya del protagonista, no la suya de los habitantes de Montpellier. Qué follón que el suya, ¿no? En fin, que pese a todo o pese a toda, o pese cuanto pese, sea cuarto y mitad o un par de libras… Él siguió orgulloso de su cautivadora sonrisa, intentando, eso sí, mirarse cada vez menos en el espejo, o al menos intentando no mirarse si estaba sonriente ya que… igual se cautivaba a sí mismo del todo y ese bucle es muy difícil de romper.

Buenas noches

Edu

Sentado en la orilla

Esta mañana, como muchas mañanas festivas o de fin de semana me he ido a dar una vuelta por la playa de Barcelona. Es un paseíto de apenas 1 hora o quizás un poco más. Un buen momento para caminar y pensar en mis cosas mientras hago la fotosíntesis y veo gente a mi alrededor, que últimamente socializo poco, como me ha dicho una amiga…  me voy a empezar a comprar gatos… luego recogeré cartones y cosas de la calle y de ahí a estar más mal que peor… hay un paso. De hecho no es por nada más que la necesidad de concentrarme en la grabación del disco. A estas alturas creo que a nadie se le escapa que estoy a punto de grabar mi segundo disco, creo que lo habré dicho unas 3 o 4 veces, tampoco muchas más, ya que los semeocurre suelen ser más profundos que todo esto. Pero total, esto que escribo también se me está ocurriendo así que es un semeocurre en toda regla. Bien, pues como de costumbre he cogido el coche, me lo he metido en el bolsillo… nooo, claro que no, es una forma de hablar. He entrado en el coche y he conducido hasta el puerto olímpico allí donde tenemos nuestras minitorres gemelas. Una vez aparcado de forma correcta y sin dar ningún golpe a nadie… Hoy era fácil, como ayer hubo verbena, pues a las 9.30 poca gente había por la calle, así que ha sido fácil encontrar aparcamiento cerquita. Total, que me he puesto a caminar con las maquetas de mis niñas (mis canciones) sonando a todo trapo para que ningún sonido o ruido pudiera despistarme. La verdad es que el primer tramo ha sido bastante desagradable. Pese a que el ayuntamiento puso urinarios y caganarios públicos, parece que los muros de la parte de abajo del paseo en dirección al hotel Vela… han sufrido de lo lindo, vaya que el pestazo era inaguantable y yo, que soy de olfato fino por herencia… pues… me he acordado de unas cuantas marcas de cerveza y de las maltas que las parieron. Tramo superado, me he ido cruzando con los de siempre: el señor que juega solo al frontón con su mano, rebotando la pelota contra una pared; el club de dominó y el club de petanca con sus torsos maduros tostándose al sol… mmm, hoy no, que estaba más bien tapado y no hacía mucho calor; dado que eran sobre las 9.45 aún estaban limpiando bares y montando chiringuitos y salvo algún guiri despistado, había señores y señoras de edad avanzada tomando el sol, el poco que había, o remojándose las muñecas y el cogote, y ciclistas, rollers, gente corriendo y algún que otro borrachín buscando colillas, culos de cerveza o lo que hubiere. La primera parte del paseo ha llegado a los pies del imponente Hotel W u Hotel Vela, que personalmente me gusta mucho. Una vez ahí he tomado la determinación de pasear por la arena para ir a sentarme cerca de la orilla, pero sin opción a poder mojarme. No llevaba bañador y no me apetecía. Yo seguía escuchando mis canciones pero prestando atención a lo que allí ocurría. Una señora mayor que yo y menor que la ciudad de Barcelona ha estado en pie, con los pies en remojo como 15 minutos sin moverse. Ella se ancló y de ahí no salió hasta que no le dio la real gana. Y poco después una bonita estampa protagonizada por una pareja de unos 40 años aproximadamente, o quizás 41, que me cuesta notar la diferencia. Iban con su hija mayor de unos 7 y un chaval de unos 3. Han decidido ir al agua y ha sido increíble cómo ha ido cambiando la cara del crío. Primero, cogido de la mano de su madre, bajaba sonriente, con curiosidad, con ganas de ver qué era esa enorme bañera que no se acababa nunca. Conforme iba acercándose y las olas, que aunque pequeñas a él le parecían tsunamis, rompían, su cara se iba descomponiendo. No ha llegado a acercarse a menos de un metro de la marca que dejó la ola que más entró en la orilla. El rugir de las olas le causó pánico. No lloró pero, pobrete, tenía una carita que hubiera enternecido al mismísimo Hulk. Con una fuerza titánica ha conseguido tirar de la mano de su madre, reculando hasta la seguridad de sus cubos, sus rastrillos y la supertoalla de protección total ACME. Después, poco más ha pasado. La señora que había estado tanto rato en el agua, se tumbó en la arena junto a un señor, que igual era el marido, amante, amigo… o lo que fuere, ellos sabrán, pero mucho no hablaban. Mis canciones acabaron y aproveché para escuchar el rugir de las olas que tanto había atemorizado al pequeño. A mí, me relajaron. Un día de estos tengo que volver a bajar por la noche a la playa a sentarme tranquilamente en la orilla a escuchar el rumor agradable de las olas al romper en al orilla. Hace mucho tiempo que no lo hago y acabo de darme cuenta que lo echo de menos. Así que pronto volveré a estar sentado en la orilla.

El próximo semeocurre intentaré que tenga la línea habitual, hoy… se me ocurrió escribir esto.
Buenas noches!!

Edu

Pan con pan… pues…

será porque no habrá nada que poner entre las dos rebanadas, digo yo. Pero lo curioso es que estando el otro día sentado de pie al lado opuesto de una farola que alumbraba como una luciérnaga senegalesa en celo a plena luz del día a eso de las 4 de la madrugada, se me acercó un anciano de apenas 14 años y me preguntó que si tenía pan para poner alrededor de su crema de cacao de marca N……..A !!! Yo, que curiosamente siempre llevo dos rebanadas de pan tierno en la billetera, tapadas con plástico de cocina, claro. Menuda cochinada si no. Pues le dije que sí, que algo de suelto llevaba, pero que si  no le iba mal en ese momento, que no en otro, que igual podría ser interesante llegar a un acuerdo de colaboración internacional, él era de Noruega del Sur, por el cual ambos pudieramos salir beneficiados. Él, evitando desgastarse las huellas dactilares al meter el dedo en el bote de crema de cacao de marca N………A y chupeteándose el dedo con pasión y desenfreno. Y yo, evitando hacer una bola en mi garganta al comerme las dos rebanadas de pan tierno que llevo siempre en la cartera, envueltas en plástico de cocina, por supuesto. Lo cierto es que su primera reacción me sorprendió: se me quedó mirando fíjamente y de repente hizo “¡Uh” y del susto… me quedé sorprendido o sorencendido, como prefieras decirlo. No me quedó muy clara la razón de su… “¡Uh!”, en un principio pensé que era una expresión noruega del Sur. Está claro que del Norte no podía ser, allí nunca dicen “¡Uh!”, suelen decir “¡Euhuhuyu!”, pero vaya, que no te estoy diciendo nada que tú no sepas. Así que tras dudar un momento, apenas 6 años y 34 meses ambidiestros de uso generalizado, llegué a la conclusión de que no quería decirme el equivalente al “¡Euhuhuyu!” de sus vecinos del Norte. Caí en la cuenta que me había dicho que era muy del Sur, así que era más que posible que fuera un dialecto cercano al Danés, ya que Dinamarca cae cerquita. De hecho el perro más común en el Sur de Noruega es el Gran Danés, perro que como bien sabes tienen la sana manía de orinar en los semáforos daltónicos, siempre que sea una muchacha quien lo esté paseando, pero… ahora no voy a volver sobre ese tema, sería rebuznante y a la par, dos.  Aunque tengo que decir, que las dos bisagras de ese semáforo han sido tías, y están encantadas. De hecho no paran de comentarlo con todo el mundo. Se ve, que la bisagra de la calle Aragó esquina con Bruc lado montaña-Llobregat y la de Gran Via con Passeig de Gràcia lado montaña-Besós, después de varios meses y un montón de ciclos de luces de sus respectivos semáforos se quedaron embarazadísimas las dos (como diría Sergio Dalma) y han dado a luz ámbar e intermitente del semáforo de la última de ellas, a una precios bisagrita a la que han llamado Lucía, que se han matado con el nombre… pero bueno, tampoco me preguntaron a mí. Que igual me preguntan y les digo yo… pues no sé, como os guste, y me dirían, es que nos gusta Lucía y yo diría, pues me parece poco original, y ellas me dirían: pues propón tú uno, y yo les diría: jo, es que ahora así, en frío, sin más… dejadme tres o cuatro décadas prodigiosas para pensarlo y mañana os doy una respuesta en una botella de cristal que como no tenéis manos no podréis abrir, pero yo que soy muy apañao me pasaré por allí pronto y os abriré la botella. Ah, ¿que no podréis sacar el nombre? Pero sacarlo de dónde… si he dicho que el nombre estará en una botella, no dentro de una botella. Cogeré un rotulador bien hermoso de color carmesí, y con un trazo jamás visto antes, pondré en su lisa superficie cristalina, el nombre que considere más conveniente para la recién nacida, pero … para eso me tenéis que dejar las dos décadas. Y bueno, al final dijeron que nada, que Lucía y punto, que al fin y al cabo era su hija y que no me necesitaban, al menos… no en ese momento. No hemos descartado posibles colaboraciones. Y por cierto, el pan con N……….A estaba muy rico, se lo regalamos a unos niños que nos miraron hambrientos con ojos de hambre.

A dormiiiiiiiiiiiiiiiiiir

Buenas noches

Edu

En qué me fijo a la hora de comprar un vaquero para disimular pantorrillas

Muy buenas noches,

hoy he titulado el post de hoy que he titulado con el título que aparece más arriba de este post de hoy que he titulado como pone más arriba de este post con una frase que, según mi sistema de estadísticas del blog, alguien ha escrito en google y pobre desgraciado/a la segunda opción que le ha dado  Google es el post que escribí el 17 de mayo: https://semeocurrecadacosa.wordpress.com/2013/03/17/el-viaje-a-las-estrellas-estrelladas/

Imagínate la cara del o de la muchacho o muchacha que simplemente tiene unas pantorrillas generosas y quería disimularlas y… sin querer hace clic en el enlace a mi post. Hasta ahí tampoco es peligros pero… y si ¿empieza a leerlo? Que yo recuerde, hasta hoy no había hablado nunca de pantorrillas, y mucho menos de disimularlas, aunque está claro que he estado haciendo oídos sordos a lo que la gente busca en Google. Ni sexo ni nada de eso… Pantorrilas a tutiplén. Y empieza a leer y se dice algo así como… “Joder, menudo tío raro el que ha escrito esto, o tía rara, que la verdad es que aún no he llegado al final, donde firma un tal Edu. Claro, que puede ser Eduvigis. No sé yo si hay muchas Eduvigis… Espera que voy a ver si hay un censo público de nombres. Ups, espera, que igual ahora pongo ‘censo público de nombres’ y vuelve a salir un post del/la Edu este/esta (Nota de mí: recuerda que quien habla no soy yo, si no el/la pobre desdichado/a que por buscar unos vaqueros para disimular sus pantorrillas ha ido a parar a este blog que estás leyendo… en tu caso, de forma absolutamente voluntaria. Así que declino cualquier responsabilidad. Y aquí se acaba la nota, al menos esta, no sé si luego habrá alguna más, igual sí, igual no, quién sabe, yo de momento no lo sé ya que escribo las notas mientras escribo el post y no posteriormente [Nueva nota de mí: Ojo, que este último que escribía sí era yo, no el/la pobre desdichado/a que buscaba unos vaqueros para disimular sus pantorrillas. Esta nota de una nota sí que la cierro ya, porque si no, la próxima nota voy a tener que ponerla entre {} y puede ser un jaleo tremendo, de hecho ya me está costando seguir el hilo. Eso me pasa por no dejarlo atado a un lugar fijo. Lo até al bastón de una abuela y yo que pensaba que se iba a sentar pronto, ha resultado que la señora en cuestión, Paquita la jardinera la llaman, ha decidido recorrer el camino de Santiago desde hoy, sin repostar ni parar para nada. El hilo tiene unos 45 metros de largo por un hilo de ancho enrollado en sí, y aunque le puse un cascabel afinado en Si bemol, me temo que lo voy a tener que dar por perdido. Bueno, darlo por perdido no, porque si ya lo he perdido ¿cómo voy a darlo? Lo daría si lo tuviera, pero como no lo tengo pues no lo voy a poder dar, que no soy de esos que van dando cosas por ahí sin ser el propietario. Ahora sí, cierro la nota de los corchetes, pero la del paréntesis sigue abierta, no te líes] Pues como decía hace unas líneas que pertenecían a una primera subnota de la nota de mí… pero no un Mi como nota, si no una nota de mí, mía vaya, que con tanta nota, tanto mí y tanto sí, esto es un sinvivir y un desasosiego tremebundo. Mmmm, por dónde iba… Qué  fuerte… que he tenido que leer lo que he puesto, que no tenía ni idea, madre… si es que… así van las cosas, que si yo me pierdo con lo escribo, el de las pantorrillas tiene que estar ahora mismo pues … en su casa, y con un poco de suerte para él/ella durmiendo plácidamente con sus hermosas pantorrillas espachurradas en la cama, sin complejos, sin vaqueros que las disimulen. Cierro paréntesis, y sigue hablando él o ella). ¡Qué narices! Me atrevo, voy a buscar lo del censo de nombres, a ver qué sale, pero mejor lo hago mañana que ahora tengo las pantorrillas agotadas, y me apetece un montón tumbarme en la cama y descansar, sin complejos, sin vaqueros que las disimulen”. Pues no sé qué cara debió poner, pero como se haya enganchado y mañana cuando se levante, con sus pantorrilas descansadas, se le ocurra mirar el blog y vea que estoy hablando de él/ella va a alucinar. Por cierto, chico o chica que quiere disimular las pantorrillas si estás leyendo esto, mi Edu es de Eduardo, soy del género masculino y… no sufras por tus pantorrillas, a mí me acabas de regalar un post.

Buenas noches

Edu

Amor u obsesión

Me llamo Alfredo Alcázar, tengo 25 años y soy de Barcelona. Le he pedido a Edu que me deje escribir en su blog. Él estaba viendo Un Príncipe para Corina, así que no le ha importado, eso sí, me ha pedido que lo que escriba sea algo serio, concreto, sin irme por las ramas como hace él, que para eso, ya está él y no yo, porque si yo hiciera lo mismo que él, ¿qué diferencia habría entre lo que él escribiera y lo que escribiera yo? Pues ninguna, así que le he dicho que no se preocupe, que yo seré mucho más concreto, directo, conciso, claro… Os querría contar algo que me pasó hace ya unos meses, apenas 2 días antes de ayer. Había cogido el metro para volver a casa y tenía que hacer transbordo en una estación para coger otra línea… obvio, si no, pues habría salido a la calle a coger el bus, o simplemente habría seguido en la misma línea hasta el destino final. Pero no, tenía que hacer transbordo. Así que una vez se abrieron las puertas bajé del vagón, otra obviedad… (al menos no estoy escribiendo todo esto, si no lo hubiera borrado, Edu lo leería y me temo que no me dejaría escribir más, pero … soy más listo que él, y ya está, ya lo he borrado). Cuando bajé, eché a andar por el andén en dirección a la salida hacia la otra línea. Mi anterior metro, es decir, del cual me acababa de bajar, no al que me iba a subir para continuar mi trayecto, seguía parado. Yo miraba despistado a los pasajeros que estaban en los vagones y fijé mi mirada en una chica ni muy guapa ni no, que estaba concentrada leyendo algo. Con la mirada baja y sin reparar en mí. En ese momento el metro se puso en marcha y durante unos 3 o 4 segundos fue a la misma velocidad a la que iba yo, no porque el metro fuera andando, simplemente porque no es un fórmula 1 y arranca poco a poco. En definitiva, que quedé a la altura de la ventana de la chica que leía con la cabeza agachada. Parecía que simplemente iba a quedar allí, pero… mágicamente, justo cuando el vagón aceleró más y la ventana donde podía ver a la chica que leía con la cabeza agachada se iba alejando… , sucedió algo. La chica decidió levantar su mirada cruzándose con la mía por un instante menor a lo que se tarda en decir “pichiflús piflús”. Diciéndolo muy rápido claro. Porque si lo dices en plan “Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiichiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiflúuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuusssssssssssssssssssssssssssssssssss  Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiflúuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuus” pues me daba tiempo de escribir mis memorias y firmárselas a todos los del andén. Pero no, fue un “pichiflús piflús” casi tan rápido como un “Piflús” a secas, pero claro, no era momento de “Piflús”, esos se usan en casos de extrema velocidad, como cuando… no sé, pues cuando… a ver… ¿Cuándo dije yo “Piflús” por última vez?…. mmmm, ayer…. no, ayer no, si era domingo (bueno, ahora ya lunes, que es la 1 de la madrugada… LA UNA!!!!!?????, pero si mañana tengo que ir a trabajar y yo aquí escribiendo esto. Y digo yo que Edu querrá irse a dormir…, bueno resumo). Total, que nos cruzamos las miradas durante un instante, ni me sonrió, ni hizo ademán (me encanta esa palabra, como la del paradero, siempre me han gustado, el colmo es buscar un “paradero ademán” que si eres gangoso, queda clarísimo qué es lo que buscas, ¿no?), simplemente nuestras miradas se cruzaron un instante. No creo vuelva a saber de ella, de hecho, ni recuerdo cómo era, pero… fue curioso. A ver, soy consciente de que es más que posible que no me mirara a mí. Igual le cogió una rampa en el cuello, o alguien que tenía detrás le tiró del pelo sin querer, o igual se le caía el moco y levantó la cabeza para que no le manchara el libro. Pero todo eso da igual, en ese instante, solo en ese momento yo quise creer que esos ojos se clavaban en los míos y que igual ella pensó algo cómo…”¿Por qué me está mirando ese tío? ¿Se habrá dado cuenta que se me está cayendo el moco?” Aunque igual pensó algo como… “Buf, vaya lata de libro, no creo que lo acabe, voy a mirar por la ventana a ver si descanso la vista. Hay mira, un anuncio con una oferta de vacaciones. Vaya hay un tío ahí en medio que me está tapando el cartel. Bueno, sigo a lo mío, a ver paso de página y avanzo un poco.” En fin, que pensamientos son flores, igual que las gardenias o las azucenas, así pues. Me despido de quien lea esto que escribe Edu de cuando en vez. Que tengas dulces sueños,

Buenas noches,

Alfredo

Nota: buf, ahora me toca volver a casa, creo ya no hay metro. Paso de coger un bicing, que lo mismo me mato… bueno, total… vivo en el piso de abajo, mejor bajo por la escalera.

una humildad, unas bragas, un ajedrez y una jaqueca

por nombrar 4 palabras que incluyen una “a” como mínimo, bueno… no, que mínimo no tiene ninguna “a”, tiene dos “íes” y una “o” pero ninguna “a”. Si la tuviera, estaríamos hablando de mínima, mánimo o mínamo, siempre que solo quisiéramos tener una. Y no sé por qué estoy hablando en primera persona del plural porque mucho me temo que  a ti te da exactamente igual que haya una, dos o hasta tres “aes” pero a yo lo he considerado importante y he creído, con toda mi humildad y parte de la de Ramón, mi vecino tuerto del cuarto, que era una información de suma o resta relevancia para ti. Hablando de Ramón, del tuerto, no del otro Ramón, ese ve perfectamente con los dos ojos. Bueno, ve cuando se pone las gafas esas que se compró el otro día en la óptica del centro. Unas así como muy modernas, de pasta, con las patillas anchas que parecen patillas de elefante asiático, y con sus cristales ahumados cual salmón empaquetado. Por cierto que el otro día me lo encontré. Iba yo caminando y pensando en mis cosas más recientes, que las otras… las tengo ya casi olvidadas y prefiero no pensar en ellas, no vaya a ser que vuelvan y resulte que me toque pensar con más profundidad en todo, lo cual me aseguraría una jaqueca tremebunda y dolorosa, de esas que no se van con un gelocatil. Eso dicen, porque que yo recuerde… jamás he tenido una jaqueca, como mucho algún jaque, jugando al ajedrez con alguien que quisiera jugar al ajedrez conmigo. De hecho, yo gané una medalla de segundo clasificado en un torneo de ajedrez cuando era un chaval, creo que con unos 10 años. Era un torneo infantil-adolescente, y recuerdo que en la semifinal me tocó jugar contra un chico que iba conmigo al gimnasio y que era unos 4 años mayor que yo, que a esas edades se nota. Hice una mala jugada y me pudo comer la reina, yo me resigné, pero él en un alarde de buena fe… y un pelín de soberbia, me perdonó la jugada y me dejó cambiar el movimiento… craso error!! Ja, ja… le gané y jugué la final, donde caí derrotado. Así que igual no merecía esa medalla pero… él se podía haber estado quietecito, en fin, cosas de tener 4 años más que tu contrincante bajito. Y esto… a qué venía, ah sí, a lo de los pensamientos antiguos… Pues mira tú por donde que sin comerlo ni beberlo he tenido una regresión… vaya, igual es demasiado tarde para un chico de mi edad, que mañana tengo que ir al cole y a lo mejor nos ponen un examen sorpresa sin avisar… por supuesto… sin avisar… claro… si no… vaya una mierda de sorpresa, digo yo. Que estas cosas si las avisas pierden toda su gracia y la ajena también, así que mejor dejar lo coherente tal como debe y lo lógico tal como es necesario sin ir más allá ni venir más acá de lo puramente necesario. En fin que al final no he hablado de Ramón, aunque tampoco era del todo necesario ya que era una mera referencia al uso indiscriminado que he hecho de parte de su humildad, pero sin nada más que añadir o aportar, tan solo eso… su minuto de gloria que se suele decir, ¿no?

Bueeenas noches

Edu

bañera o ducha

María Antonia de las Vicisitudes, Vici para las amigas, aunque algunas la llamaban Bici. No es que se pudiera notar la diferencia en la pronunciación pero por alguna extraña razón ella sabía cuándo la llamaban de una manera o de otra. Así, decía “dime” o “ring, ring” según el caso. Bien, tras esta más que necesaria explicación del nombre abreviado de Vici o Bici, es decir, de María Antonia de las Vicisitudes, queda explicar por qué es la protagonista de este mi semeocurre de hoy por la noche después de la tarde y antes de la mañana de mañana, cuando me despierte a eso de las 7.14 tras unas horas, aún sin determinar, de sueño plácido, profundo y espero que agradable. Si no es agradable, pues creo que me tendré que aguantar y pensar durante todo el día en la posibilidad posible de que mi siguiente noche sea más agradable que la anterior o como mínimo no tan desagradable para evitar tener sueños poco agradecidos como los acaecidos la noche anterior que será, por otro lado, esta noche que está al caer. Si es que cuando me pongo con ciso, no hay quien me pare. Ciso, al que no había presentado hasta ahora que lo estoy haciendo para que podáis conocerle, ya que antes era imposible que lo conocierais dado que nunca había hablado de él. De hecho hablo de él como si fuera un él, pero podría ser una ella, ya que yo tampoco la conocía hasta hace escasamente… 60 palabras, puedes contarlas si quieres, yo lo he hecho… (Nota mental: no desvelar mis secretos más absurdos, mi imagen puede verse dañada, así que igual es mejor quitar todos los espejos para que mi imagen no se pueda ver en ninguna parte. Otra cosa es que la vea alguien, pero si es verse como verbo reflexivo, pues el único modo es elmininando cualquier elemento del que pueda obtener su reflejo: espejos, ventanas, charcos, gafas… incluso cualquier dibujo o utensilio para llevarlo a cabo de Gata, que por lo visto en verano es muy bonito. Digo por lo visto, pero yo lo he visto, así que tendría que haber dicho “que por lo que he visto” en verano es muy bonito). Bien pues Ciso que.. mira he decidido que sea chica, será por mi soledad acuciante, la verdad es que me sigue la corriente cuando hablo y eso… pues no deja de hacerme gracia y me río. En ocasiones me río mucho y se me desencaja la mandíbula inferior dejándome la cara entre pa’quí y pa’llá. Resulta difícil masticar y mucho más aún, ducharme, ya que se me llena la boca continuamente, así que yo también me estoy planteando ponerme bañera para evitar la ducha, aunque igual debería plantearme reírme algo menos o, al menos de forma menos desencajable. La cuestión es encontrar remedio a todo aquello que uno haga o pretenda hacer y que sepa, a ciencia cierta y verdadera, así como contrastable, que puede desembocar en algo que deba ser remediado. Y parece que este mismo pensamiento o uno parecido, porque este lo acabo de tener, debía tener Vici/Bici en su interior más externos cuando decidió ir a la tienda de la esquina de la izquierda de la salida sur de su bloque de pisos apilados de tres en tres en progresión aritmética y circunfleja según la norma no escrita de Laure & Fitsbuntic, conocidos señores que hacían normas no escritas y las adoptaban con sus apellidos maternos por parte de amigo de la infancia. Vici/Bici no tenía el problema mandibular del que te he escrito yo hace unas 6 u 8 líneas en dirección ascendente. El suyo era un problema de alergia a las duchas que no se curaba con los típicos antihistamínicos que venden en las ferreterías. Su alergia iba más allá, pero no al más allá ese de los muertos de la gente que cree que los muertos se van al más allá, si no… simplemente más allá comparado con aquí, es decir, a cierta distancia del punto en el que se encontraba en ese preciso instante. Al final, se equivocó de tienda y acabó en un concesionario de coches. No tenía muy claro qué modelo comprar, así que tras dar un par de cientos de vueltas a una manzana golden que había en lo alto de un campanario a tres calles de donde se encontraba en ese instante… se volvió a casa, no sin antes pasar a saludar a su amiga Lucero que llevaba unos días un tanto apagada. Parece que su visita la encendió y acabó falleciendo por combustión espontánea. Vici/Bici dijo a los agentes de la ley y el orden, que ella solo pasaba por allí.

Bueeenas noches

Edu

Te llamo yo, que me sale gratis

Una excusa como cualquier otra para empezar o acabar una conversación con alguien en un lugar recóndito de las islas Caimán tras haber hecho un depósito de un per de euros para blanquearlos como quien utiliza lejía Conejo efecto blanqueante y aroma de limón fresquito. También se puede escuchar en quirófanos de esglesia protestante en noches de luna llena, pero el efecto es distinto y, sin embargo diferente. La manera de decirlo y el modo de hacerlo, así como la forma y la metodología pueden  ser particularmente distintos y diferentes, pero ahí radica la diferencia de lo igual o distinto en un momento concreto en el que las situaciones más dispares pueden consolidarse en una analogía inapelable. Claro que, por otro lado, también puede darse el caso contrario y si te lo dan queda feo rechazarlo, así que  lo ideal es que lo aceptes, y si no te gusta lo guardes en un tarro de cristal de esos que hay en las cocinas que acostumbran a ser utilizados para almacenar cereales, azúcar, sal, galletas, tornillos, monedas, pilas, otros botes, cubitos de hielo deshechos (a no ser que guardes el bote en el congelador, claro está), tickets de compra, notas de la compra, garbanzos, judías, lentejas, potaje de la abuela, migas de pan, migas de juan, migas de alicia, migas amigas, migas enemigas y cualquier otro tipo de gas, ya sea mi gas, tu gas, su gas, el de ellos, el vuestro o el nuestro. Lo importante es almacenar, porque si no se almacena te puedes quedar sin reservas, como pasa con los coches, las motos, los camiones, los ciclomotores, los tractores, los aviones, los barcos, las lanchas, las motos de nieve, vaya, con cualquier vehículo que necesite de algún combustible que pueda llegar a consumirse. Pero claro, si ese combustible no se consume, el vehículo no avanza o retrocede, si va marcha atrás, y eso invalida una parte importante de su función de teatro que estrena este jueves en el centro cívico del puerto olímpico del pequeño pueblo de la sierra murciana. Y ya sabemos que un vehículo con las facultades mermadas, es como una facultad con los vehículos mermados, o una merma con las facultades vehiculadas, es decir, una pérdida irremediable de posibilidades posibles que puedan posibilitar la acción o reacción de un sujeto, verbo o incluso predicado en una iglesia evangelista del noroeste de los estados unidos que hay bajo Canadá y por encima de lo México. Y como no podemos concebir la existencia de lo inconcebible no nos plantearemos l o implanteable, al menos por el momento. Más adelante igual sí, pero no ahora. Ahora no toca, no es el momento de llevar a cabo ningún pensamiento relacionado con lo anteriormente expuesto al sol de la Toscana durante más de 10 horas con la consecuente rojez facial. Ya se sabe que es recomendable recomendar a la gente que se ponga crema cuando va a tomar el sol. Pero que se la ponga encima de su piel, no que se la ponga en el bolso o en el bolsillo, que ahí poca utilidad tiene, más allá de la de pringar todo su contenido, lo cual acaba por “su contenido” y empieza por “pringar todo” pura semántica gramatical. Es una de esas cosas que no piensas, no meditas, no pretendes razonar y de repente, como por arte de magia o arte contemporáneo, sucede, así sin más, sin menos y sin igual. No sé si a ti te ha pasado, pero si así ha sido o crees que así será en los próximos 34 minutos y 3 años y medio menos 45 meses, estaré encantado de conocer todos los detalles por su nombre y apellidos, para saber cómo dirigirme a ellos: si todo recto y a la izquierda o dando un rodeo.

Muy buenas noches

Edu

Diente por diente son 400

Cerró la puerta del piso, dando dos vueltas con la llave maestra de escuela que enseña matemáticas a los niños. Dejó la llave debajo del felpudo del vecino del cuarto cuarta. Al fin y al cabo era un lugar seguro, ya que si alguien la encontraba ahí, como no correspondía a esa puerta no había peligro y como él vivía a 45 minutos en coche… pues difícilmente habría un caco tan espabilao como para saber que esa llave era la de su casa. Sí, igual estaba un poco lejos, pero… quién ha dicho que él fuera inteligente, yo no. al menos no de momento, luego, si se porta bien y me hace un colacao bien fresquito igual lo pienso para perros adultos, y le digo que lo es, pero de momento… no toca. Bajó al parking. Tenía la plaza 43 B/343-BEF23 bis. El párking era pequeño, tenía apenas 6 plazas pero el que pintó los números de cada una de ellas era  un cachondo, y como tenía muchas plaquitas de estas troqueladas para pintar sin esfuerzo… pues mira, lo hizo así. Al menos seguía un orden. Las otras plazas eran la 75CDbis/34KFN, la KLLE/34-bis353, la 3, la MFIIENDS34 y la J4HJ5H-K633. Como puedes ver era fácil saber el orden exacto de las plazas, un simple sistema alfanumérico de componente úrstico según la variante de Klimm & Bermúdez. Se montó en su scooter, un Gran Danés blanco con manchas marrones de 8 años. Era un coche muy resistente, pues como todo lo que se hace allí por el este de África, lo habitual. Una vez subidas las 45336 plantas del párking, que puestos a pensar, igual salía más a cuenta haber hecho 34 plantas más y atravesar la tierra hasta las antípodas de árboles en primavera porque quedan las calles muy desangeladas. Era un martes lluvioso con un sol radiante, de esos que ciegan y que no te dejan ver las nubes que vienen sin lluvia. Tomó, por primra vez, el camino que seguía siempre para ir a trabajar, es decir: primera calle a la derecha, después del quiosco la tercera calle a la derecha, seguir 3 km en línea recta por la calle menor hasta el cruce con la nacional III, allí tomar la vigésima salida dirección Norte hacia el sur, a trescientos metros tomar la primera salida en dirección a la playa, allí hacer transbordo a la línea 4 del metro (era un metro grande, cabía el Gran Danés sin problema, solo tenía que pagar un suplemento vitamínico a base de jalea real de ficción), 43 paradas después, salir de la estación y girar a la derecha durante 3 centímetros cúbicos y allí justo delante del centro cívico trabajaba él. Era un trabajador que trabajaba en su trabajo. No le costaba trabajo trabajar, así que trabajaba con gusto, porque sarna con gusto pues pica igual, pero como da gusto no importa, pero picar seguro que pica y si no que se lo digan al gato del señor Vicente, el del cuarto cuarta, el propietario del felpudo debajo del cual deja la llave. El pobre gato es sarnoso, pero sarnoso de los de sarna por todas partes y está descarnao de tanto rascarse. Han probado de todo para intentar evitar que se arañe cuando se rasca, pero … nada, no hay forma. Ni el esparadrapo en las patas, ni limarle las uñas, ni fundas de plástico, ni botitas, ni botijos, nada. El médico les dijo que igual era mejor actuar en la sarna, pero ni así. Le pusieron esparadrapo en la sarna, la limaron, le pusieron fundas de plástico, botitas y botijos pero… el pobre bicho seguía rascándose. La verdad es que no sé qué ha sido de él. Lo que está claro es que nunca le oiremos decir que la sarna con gusto no picca, porque a él, pobre animal, le pica y mucho. Y ya se sabe que quien se pica ajos come, y que ojo por ojo diente por diente que son 400. En fin, que por mucho que el cántabro vaya a la fuente, seguirá siendo de Cantabria y eso, eso… es algo que nadie podrá poner nunca en duda.

Buenas noches

Edu

 

Me siento solo

cuando hay una silla, un sillón, un banco, una banqueta, un suelo, una rodilla o un butacón. Si no, pues no me siento, como mucho reposo pero sin aposentar las posaderas en un lugar destinado a ese uso. Aunque también a otros. Pongamos por ejemplo, la posiblidad de descansar los pies en cualquiera de las opciones anteriormente opcionadas y comentadas. Ese es un uso. Otro uso sería el de alza o pseudoescalera de peldaño único y altura limitada que nos permitiría, bueno nos… nos… según cómo, porque si el nos es de unas 362 personas me temo que no cabríamos todos, salvo en el suelo en el que sí cabríamos, por lo tanto lo voy a personalizar en te, ya que si lo personalizo en me, es posible que alguien piense que solo pienso en mí como persona que resulta ser la destinataria de mis pensamientos y… nada más lejos o sí, depende de lo aguda que tengas la vista. Por lo tanto te pemitiría… mmmm, podría haber utilizado el le y así dejarlo como algo más impersonal, de forma que nadie se sentiría violentado ni amapoleado ni posiblemente margariteado o azucenado por el comentario en cuestión. Vayamos por el le pues. Le permitiría alcanzar algo que estuviera colocado a una altura mayor de la que pudiera alcanzar sin la ayuda del elemento de alza, o incluso le permitiría evitar una electrocución por inundación indebida y provocada por atoramiento del desagüe por causas que ahora mismo no creo que sea necesario concretar en este momento, en este lugar y con este teclado con el que estoy escribiendo, que viene siendo el mismo con el que escribo normalmente, pero hoy está especialmente sensible. Resulta que ha habido una riña o disputa entre dos de las teclas: la r y la f. La verdad es que no sé cómo ha empezado todo. Yo, cuando he llegado a casa y he levantado la tapa del portátil he visto que la r se había girado para no ver a la f y que esta se había cambiado por la p para estar más lejos de la r. He preguntado a la barra espaciadora que como abarca casi todo el teclado suele enterarse de todo, pero por lo visto no estaba por la labor y me ha dicho que no ha oído nada, que preguntara al intro que suele ser muy recurrente en estos casos. El intro me ha dicho que todo ha empezado porque la f4 ha fanfarroneado con sus primas f1, f2, f3, f5, f6, f7, f8, f9, f10, f11, f12 y bloq num (esta es que se mete en todo… pero no es familia, aún así… dejan que esté con ellas en alguna salida al camping) diciendo que la r tenía un problema de frenillo y… bueno, ya sabes cómo van estas cosas. Ha habido una pequeña bronca y finalmente la p, para poner paz (lógico) ha ido para allá y al ver que las cosas no se calmaban, pues ha decidido cambiar su sitio con f. No veas el follón (suerte que ya he arreglado lo del cambio y están todas en su sitio, que si no… lo de follón… iba a sonar muy raro) que he tenido al empezar a escribir, no esta entrada si no un libro de astronomía cuántica de protones císticos que estoy preparando para primero de primaria en un colegio de Ontario. En fin, como cuando las cosas se arreglan, uno siente gran satisfacción, no hay mejor forma que irse a la cama, Así que dicho y hecho, ahora me tumbaré solo en la cama.

Buenas noches
Edu

Soy el superhéroe

no es un nombre muy habitual, lo cierto es que suena un tanto egocéntrico, pero qué le vamos a hacer es el nombre que le pusieron sus 12 padres tras consensuarlo con su madre única: Soy. Barajaron otros nombres, pero se mezclaron con las cartas y al final resultó muy complicado separar lo uno de lo otro y lo otro de lo uno o de lo dos. Nombres más habituales como: cerezo, azafrán, calzada, meñique, ajoblanco, bombona y así hasta 342.543 nombres más, pero al final… se quedó con Soy. Yo creo que fue por Hartura, su tía segunda por parte de vecino del quinto. Resulta que un novio suyo de la adolescencia más precoz se llamaba Eres, y bueno, una cosa llevó a la otra  y de aquí vas para allá y vete tú a saber qué pasa con lo que sucede en un sucedáneo de cacao en polvo al mezclarlo con leche semidesnatada baja en calcio, fósforo y neopreno cáustico… y sin comerlo ni beberlo, tan solo mirándolo, patapimpampum, así salen las cosas y te quedas con Soy. Además, con el agravante de tener que ser un superhéroe… con lo cansino que es eso. De un lado a otro del mundo para salvar algo, ni que sea un sapo cuelliforme de conífera ámbar, que por cierto, todo sea dicho, están en peligro de extinción por superpoblación. Sí, parece absurdo pero… en serio… a estas alturas, ¿hay algo de lo que pongo por aquí que no lo sea? Si la respuesta es SÍ, pulsa 1 en tu teclado numérico, pero el de la  derecha, no el que está aquí justo encima de las letras, ese no sirve, ese está para casos de mecanografía extrema en la que se mezclan textos y números sin un criterio parapente (sí, lo sé, he puesto parapente en lugar de aparente, es como si ahora, de golpe porrazo y linimento posterior decido poner algo así como… veamos…. sillón azul para pie cansado que reposa en una roca fría como el sol del mediodía en Lima. A ver… acaso no tiene sentido… yo creo que sí. Vaya, yo le veo todo el sentido del mundo. Caray, aún no he cerrado el paréntesis, me temo que esto va para largo, a ver cómo slago de esta. Veamos… pues mira lo cierro y listo, sigo con lo que estaba, total.. ves, no es tan difícil, parecía que no iba a ser capaz de cerrar el paréntesis así de golpe, y mira tú qué sorpresón te has llevado que ya lo he… esto… ups, me temo que… pues parece que me está resultando más difícil de lo que pensaba.) (anda pues no, he conseguido cerrarlo, jaja, si es que soy la pera. Aunque… para poder decir esto he tenido que abrir otro y ahora tendré que cerrarlo, y aún tengo que contar algo de Soy el superhéroe. A ver cómo lo hago ahora, voy a tener que ser más rápido que antes y lo que es más complicado, mucho más concreto, conciso, claro y definido para evitar tener la tentación de alargar este paréntesis sin razón aparéntesis sin razón aparéntesis sin razón aparéntesis sin razón aparéntesis, vale… ya paro, es que me ha hecho gracia el juego absurdo este de repetir la frase, es una forma de captar la). (Toma, toma y toma. Lo he cerrado de golpe. Vale, he abierto el tercero y esto empieza a ser excesivo, creo que he cubierto el cupo de paréntesis que me ayudan a liberar mis pensamientos más profundos dentro de mis propios semeocurre. Va que no se diga, que cuando me propongo algo encima por hace un poco de frío siempre va bien para no constiparme. Ahí voy. Paaaaaaatam) Si no te parece absurdo espera por favor que te atenderá la operadora, que ahora está ocupada con unas varices prosupinas de coagulación hiperbórica, pero acaba en un ratito rápido, que ella es muy así de acabar y solucionar las dudas. De todos modos, de todos todos, sin dejar ni uno suelto, la historia de Soy no es tan importante. Lo más llamativo era el porqué de su nombre, sus poderes… buf, poca cosa, lo normal, lo estándar en un superhéroe: supervelocidad, rayos x, rayos y truenos, vuelo sin motor ni alas y supermegahiperfuerza tremendamente fuerte, pero vaya… en ¿qué le diferencia de otros compañeros de profesión? Pues en nada, así que nos quedaremos con el hecho de que lo importante por encima de cualquier otra cosa no es lo que eres, ni lo que los demás esperan que seas. No, nada de eso es importante. Lo único realmente importante es NO TENER UNA TÍA CON NOVIOS RAROS EN SU ADOLESCENCIA.

Buenas noches

Edu

La luz… sigue la luz… ¡noooo! esa no.

siguiéndola con la mirada, fijamente, sin moverse de su sitio. Con la cara tranquila pero con los ojos moviéndose veloces siguiendo esa luz que mágicamente estaba entrando por la ventana de la casa del vecino. ¿Qué sería? ¿Cómo era posible que le tuviera tan hipnotizado? Parecía como si nadie más la hubiera visto entrar. Estaba pasando desapercibida para todos menos para ella. Seguían con sus cosas, viendo no sé qué programa de cotilleos culinarios que daban en el cuarto canal digital de pago por visión nocturna a las 3 del mediodía de ese lunes que parecía martes por ser haber sido laborable el domingo. Algo curioso ya que hacía como 45 años que el domingo era festivo en toda la región, pero… ese día, el alcalde decidió que se trabajaba y… cualquiera le decía algo al alcalde. Había sido elegido por mayoría aplastante. Era un tipo un tanto peculiar y otro tanto más normalito, pero de gran carácter, tanto como la enorme palma de su enorme mano derecha. Todos seguían atentos a la tele, pero ella no. Tumbada en su cómoda cama, seguía mirando esa luz que había entrado. La pilló desprevenida, en ese momento andaba ocupada lavándose, como solía hacer cada día dos o tres veces. Y de repente, como salida de la nada… la luz. Un punto de luz brillante como nunca había visto otro. Más blanco que las sábanas que cubrían su cama. Más rápida que las palomas que veía desde la ventana. Una gran distracción para ella. En algún momento alguien se la quedaba mirando, como preocupado porque parecía que había entrado en un estado catatónico, con la mirada fija en la pared, en ese punto que la tenía cautivada. No se le iba a escapar, si estaba ahí era por algo. Alguna razón tenía que haber para que alguien se estuviera tomando la molestia de dirigir aquel bello punto de luz al interior de su casa. ¿Quién estaría detrás de todo esto? Su vecino Arturo quizás… es un chico muy travieso al que le gusta jugar con todo lo que tiene delante. O igual era la señora Marta, tenía la casa llena de fascinantes objetos brillantes que decoraban las paredes con sus destellos. En alguna ocasión los había visto desde la ventana. Veía cómo las paredes del piso de la Sra Marta se convertían casi en un cielo estrellado, lleno de pequeños puntos de luz, pero nunca, nunca se habían atrevido a traspasar esas paredes y entrar en su casa. ¿Qué podría ser? Y si era una luz viva… y había decidido mudarse a su casa porque se sentía sola. A lo mejor era el momento de levantarse de su cómoda cama, acercarse a la pared y ver si la luz reaccionaba de algún modo peculiar. Y si no lo hacía y en ese momento estaba lo suficientemente cerca, existía la posibilidad de preguntarle cómo y por qué había llegado allí. Pero… buf… levantarse… en ese momento… no, no era necesario. Si la luz quería algo, estaba exactamente a la misma distancia de ella que ella de la luz, así que el esfuerzo iba a ser el mismo. Además… tenía el ovillo de lana bien recogido y quién sabe si moviéndose se enganchaba con una uña o algo y el ovillo se volvía a deshacer. No, definitivamente, se iba a quedar allí mirando fijamente y muy tranquila cómo la luz se reflejaba en la pared. Eso sí, se dijo a sí misma que si aguantaba hasta el día siguiente ahí puesta, como le iba a tocar levantarse, aunque fuera para beber un poco de leche y hacer sus cosas… se armaría de valor y le preguntaría quién es y qué hacía allí. Pero claro, para eso… habrá que esperar, a ver qué nos cuenta. Ese no era el momento, ya que ella era precavida… por no decir… un pelín cobarde y ya se sabe… la curiosidad mató al gato, y más vale no jugársela sin necesidad.

Bueenas noches

Edue

Cómo conseguir la felicidad absoluta con un boli bic y un rollo de papel higiénico

Francisco había salido de casa como cada día a las 6.34 y 3 segundos a pasear a Rustin su galgo moteado de 14 años. Estaba ya un poco viejito, el perro, no Francisco que total tenía 145 años y tres meses, un chaval. De hecho era el más joven de su equipo de canicas. Estaba federado, pero desde hacía pocos meses, apenas 343. Sus compañeros le solían llamar yogurín y eso le hacía sonreír, luciendo así su fantástica dentadura postiza conseguida en el bingo del barrio. Rustin, por su parte derecha, era un macho estéril que había tenido más de 34 cachorros en su último apareamiento con una Fox Terrier hembra, claro… obviamente… podrían ser adoptados pero… no era el caso. Como Francisco era consciente de la esterilidad de su perro, siempre iba limpio sin ningún tipo de gérmen, era como llevar guantes de látex o gasas recién sacadas de la bolsa, le dejaba campar a sus anchas. Resulta que el muy golfón, el perro no Francisco, había falsificado su muestra de esperma para así engañar a su compañero humano y que no le diera la lata cada vez que tenía un momento de felicidad perruna. Francisco que era de muy buena pasta, tallarines de espinacas al pesto, confiaba en él, para algo era su mejor amigo y su pareja en las partidas de mus. Por supuesto, cuando nacieron los cachorros, Francisco tuvo una conversación muy seria con Rustin, ya que se sentía defraudado por lo que él consideraba un abuso de confianza. Rustin intentó convencerle de que él también pensaba que era estéril, aunque estaba claro que sabía que había cambiado su muestra de esperma con la de Trus, el pastor alemán de la señora Carmen. Un perro solitario, soltero y al que nunca se le conoció novia. Hablo en pasado porque nos dejó dentro de tres meses ahora hará un año de aquí un par de días. Nos dejó para irse. Se fue para dejarnos. Se marchó en su partida, en su partida de mus y eso cabreó mucho a Francisco y a Rustin ya que iban ganando. Francisco nunca ha sido un buen perdedor, lo lleva mal. Le han intentado enseñar a llevarlo mejor, pero no lo consigue, no aprende. Él dice que como aún le quedan muchos años… pues que ya lo aprenderá. Ahora está volcado en su club de canicas. Está perfeccionando el lanzamiento Ustrinasky. Este lanzamiento, creado por Raul Fernández Calvo, adoptó el nombre de Ustrinasky por Casualidad, su mujer en aquella época. Por lo visto había leído el nombre en un cartel escrito en ruso en un pueblo cercano a Toulousse y se le quedó en la memoria. Años más tarde, Raul, su marido nos contó que habían ido a visitar el pueblo para ver si aún estaba el cartel escrito en ruso, y mira si era mala la memoria de su señora, que lo vieron y por lo visto por ellos, en el cartel ponía: “Bienvenus a Certain Maison (Toulousse)” y Casualidad, que está convencidad que es ese mismo cartel el que ella leyó, recordó que ponía Ustrinasky, que como queda muy claro… no tiene absolutamente nada que ver. Bueno, pues el lanzamiento este se utiliza únicamente cuando las canicas con las que hay que intentar chocar están entre 1,45 y 1.234.534.645.434.654 metros del punto del lanzador. Así que se utiliza muy pocas veces. Hay que colocarse de cuclillas, llevar sandalias de talón libre, pantalón corto a la altura de la rodilla izquierda, la derecha es indiferente; encorvarse a un mínimo de 45 cm del suelo, colocar la canica a lanzar en el hombro derecho del compañero de mayor edad más joven, tomar impulso con hielo y un poco de limón y finalmente, golpear mediante un chasqueo del dedo pulgar de la mano derecha, el corazón de la izquierda y el dedo gordo del pie izquierdo, la canica a una velocidad no inferior a la resultante de multiplicar la velocidad del aire, en nudos claro, por la masa de la canica en estado de semirreposo absoluto y el resultado dividirlo por la distancia entre el codo de la pierna derecha y el extremo más alejado del bazo. Siguiendo estas sencillas indicaciones se consigue una curva perfecta capaz de llegar al punto de impacto con una exactitud cercana al 1% de las exactitudes más cercanas. Aunque parece fácil, se puede tardar hasta 3 intentos en conseguirlo… y no todo el mundo lo consigue a la primera después de haberlo intentado una segunda vez más. Si quieres pruébalo tú en casa y luego me cuentas qué tal se te ha dado. Yo lo probé una vez y se me fracturó el esternón del tobillo derecho a la altura de la clavícula, no veas qué vendaje comprensivo, que no compresivo, me pusieron cerca para que me escuchara con atención y no rechazara ninguna de mis quejas. Pero no estoy aquí ahora para hablar de esas cosas, que lo que quería decirte… ya ha quedado más que claro. Así pues, me retiro a mis aposentos, después de tener aposentado mi trasero en mi pobre sofá durante un buen rato. Buenas noches

Edu

Leyendo cosas de zombis

Pues sí, y a uno le da como cosa pensar en convertirse en semejante cosa. No por nada en especial simplemente… dejémoslo en pereza, asco, angustia, desasosiego, desidia, destreza, despertar, desteladoydelotro, desdeluego, destinoplutón (qué recuerdos, los más jóvenes no sabréis de qué hablo…, de hecho poco recuerdo yo de ese programa, pero el título lo retengo), desviado del tema como de costumbre, qué le vamos a hacer. Pues eso, que ando leyendo y un día de estos me voy a dar un porrazo de aúpa, porque la verdad es que no es sano ni saludable esto de ir andando y leyendo. Sano porque te puedes dar un porrazo y saludable porque el otro tiene que ser consciente de que no le vas a devolver el saludo. Obviamente… si vas leyendo pues no vas a ver si está agitando acompasadamente su mano derecha o izquierda, que para esto da igual, no así para escribir, ya que si eres diestro e intentas, sin entrenamiento previo, escribir algo con la mano izquierda, es tal la torpeza que desistes. Y si no desistes porque eres de mentalidad obcecada, cabezota, tozuda, terca, insistente u otro (sigo aceptando que me aportéis palabros para mejorar día a día mi escaso vocabulario digno de un sobrecito de azúcar blanquilla), pues al final igual consigues que la “o” sea casi redonda o circular, aunque para entonces, espero que te hayas dado cuenta que es mucho mejor volver a tus orígenes, no confundir con Miss Orígenes, ya que nuestra querida chiquilla no tiene permiso para entrar hoy aquí, ha sido castigada sin salir de la habitación por haber entrado en ella sin querer hacerlo y sin haberlo preguntado previamente al o a la responsable en funciones de la custodia del sujeto del que ahora mismo no estamos hablando y que, por lo tanto, no te estás enterando absolutamente de nada de lo que estoy escribiendo de la misma manera que yo, con mi cara de circunstancias circunspectas y con una ceja arqueada y levemente más alta que su hermana gemela por parte de padre bisiesto, no tengo ni la más remota idea de cómo acabar esta frase sin obligarte a que tengas que leerla de nuevo desde el principio, con le fin de que puedas encontrar cierta lógica y coherencia a la susodicha parrafada. Pero sea como fuere, no hay Miss Orígenes aquí, no insistas… que ya veo por dónde vas y al final vas a conseguir que como de costumbre, todo esto que estoy escribiendo haciendo un esfuerzo titánico cual barco grande que chocó contra un gran cubito de hielo y se fue pa’l fondo del mar, aunque evidentemente lo de titánico no viene del barquito, faltaría más, si no de los titanes que como todo el mundo sabe (y si no lo sabes a estas alturas, es que has leído pocos semeocurre…) son los señores que… venga… dilo tú… si está clarísimo por dónde voy a ir… vaaaaa… no hagas que lo pida por favor… si no estás haciendo nada más que alargar lo inevitable… son… los… señores… que… va…!!! Bueno, yo empiezo. A ver, sooooooooooooooooooooooon loooooooooooooooooooos seeeeeeeeeeeeeeeeeñoooooooooooressssssssssss queeeeeeeeee… Más fuerte… no te leo (qué absurdo pedir a alguien que escriba más fuerte para leerlo antes, si al fin y al cabo cuando tú estés leyendo esto, posiblemente yo estaré en un avión camino de las Bahamas o caminando por el pasillo camino del sofá, así que… qué más va a dar que escribas más o menos fuerte. ¿Le vas a dar martillazos al teclado acaso? Si es que… espero que no me hayas estado haciendo caso porque…) Bueno, por dónde iba, que al final ya verás como no hablo de los zombis… Íbamos por el barco… no, eso ya lo hemos solucionado, que se chocó y bla bla bla. Ah, sí, los titanes, joé que al final con la tontería no lo diré y me voy a quedar con la duda. Hablando de eso, un día iba por la calle y vi una duda en el suelo, entre dos coches. Era una duda pequeñita pero allí estaba. No sabía si cogerla o no, porque estaba seguro de que si la cogía… al final me la iba a quedar, y cuidarla es un follón. Que si alimenta la duda, que si ponle algo, que si dale beneficio, que si te ofende, pues eso un jaleo, así que al final le dije a un chico que andaba por ahí, se le veía despistadete… que si podía cogerme eso que se me había caído, por no dejarla en el suelo que hace feo, y cuando vi que la recogía, me hice el loco, me puse un capirote y una camisa de fuerza y me fui por otro lado. Me temo que el pobre muchacho al final se la quedó. Quién sabe… igual se hacen compañía. En fin que ya he perdido el hilo, espero que no lo encuentre el mismo de la duda porque si no, voy a pensar que recoge todo lo que ve por ahí. Espero que haya quedado todo muy claro y sobre todo, que si ves un zombi… ya sabes qué tienes que hacer, que más veces no lo puedo repetir.

A disfrutar de lo que queda de miércoles y del resto de la semana

Edu

Hoy volví a ver a Julián

Está muy desmejorado desde lo que le pasó. He preferido no hablar del tema, pero… es que al verle resultaba complicado. Tan… tan… no sé cómo decirlo. A ver, te pongo en antecedentes penales por omisión de la responsabilidad civil y falta de atención a un transeúnte que solicitaba auxilio urgente. Julián había salido de su casa por la puerta, como solía hacer todos los días de la semana que no fueran festivos o fin de semana. Tenía esa extraña manía, qué le vamos a hacer, no estoy yo aquí para juzgarle, para eso están los jueces, que para algo estudian derecho (no, no voy a hacer el chistecito de si estudian tumbados, derechos o lo que sea, que no tiene ninguna gracia, y mucho menos para los jueces, y como un juez se entere de que me estoy cachondeando de él, seguro que el que acaba mal soy yo, así que, por favor, te pido que no saques más el tema… ¿ya? ¿sí? vale, gracias). Me dijo que le venía de familia. Por lo visto, su abuelo paterno por parte de hermano adoptivo gemelo, que había hecho la guerra de los 100 años en poco menos de una semana y media, solía salir por la puerta todos los días de la semana a excepción de los festivos y los fines de semana. ¿Te suena eso? claro, si te acabo de decir que es lo que hacía Julián. Si empezamos a perder el hilo tan pronto, me temo que va a ser complicado esto. Pero bueno, sigamos. Creo que es interesante saber cómo salía de su casa el resto de días, es decir, los festivos y los fines de semana. Pues, resulta que Julián vivía en una de esas casas de campo que están en la ciudad, con patio trasero en la parte delantera, porche en la entrada, altillo en el sótano y todas esas cosas que vemos en las películas. Así que lo que hacía era salir por la puerta trasera pero… únicamente cuando la dejaba abierta. Si estaba cerrada no podía salir y entonces se veía obligado a quedarse en casa, por lo que tampoco utilizaba la puerta delantera para salir, así que podía mantener su manía inmaculada. Es un tipo peculiar este Julián. Digo este, porque sé que hay más Julianes en el mundo y no creo que todos sean peculiares, seguro que hay algunos más bien sosuno y aburridote, que querrá pasar desapercibido por la puerta de su casa para poder salir a la calle en condiciones. Bien, pues ese día que sí que salió por la puerta porque no era festivo ni fin de semana, bajó los 3425 escalones que separaban la puerta de la calle de un salto, como solía hacer siempre. Era un salto largo, más o menos tardaba unos 32 segundos en caer, pero bueno salía con tiempo de casa y ya está. Con el tiempo le tomó el pulso al salto, vio que lo tenía alto y le recomendó que fuera al médico a hacerse una revisión ya que esto de tener el pulso demasiado alto  no podía ser bueno para la salud, y mucho menos en su estado, ya que estaba esperando saltitos. En concreto esperaba trillizos y las revisiones que se iba haciendo estaban saliendo correctas, así que en unos meses, Julián tardaría el equivalente a un salto y tres saltitos, pero como aún no habían nacido, pues no podía calcular bien cuánto iba a tardar en bajar a la calle cuando nacieran. Justo cuando llegó al suelo, recordó que se había dejado el pan en el horno, y aunque el horno estaba apagado le preocupaba una posible combustión espontánea que pudiera dejarle el pan hecho tostadas. Así que decidió volver a subir, caminando claro, a ver quién es capaz de subir más de 3000 peldaños de un salto, menuda tontería. Pero justo cuando estaba a punto de empezar el trayecto, le sucedió algo terriblemente increíble. Algo que solo le puede pasar a alguien que es capaz de bajar de un salto más de 3000 peldaños dejándose el pan en el horno apagado de su casa. Realmente fue escalofriante y explica perfectamente el porqué de la cara de Julián cuando me lo crucé el otro día. De hecho, ¿no crees que tú estarías igual si te hubiera pasado eso? Yo estoy seguro de que sí, de hecho pondría la mano en el fuego, aunque… claro si fallara y me la quemara sería una faena. Dependiendo del grado de la quemadura tendría que dejar de hacer muchas cosas, y la verdad es que no me apetece dejar de hacerlas, que luego te pasa como al pobre Julián y qué. Así que mejor dejemos todo como está. Y yo aprovecho para irme a dormir y desearte muy buenas noches.

Edu

Hoy voy a hablar de Miss Orígenes

Evidentemente, no nació Miss, nació pequeña, calva, recogidita y un tanto pringosa, como un bebé al uso. Con los años, Daisy Dorian Mullenfish, que es como se llama la protagonista de este semeocurre, fue creciendo, cosa que suele ser habitual en un porcentaje realmente alto de la población. Era una niña normal, de esas que a las que les gusta hacer cosas normales. Pero sus padres no, no eran tan normales como ella. El padre había sido cazatalentos en CentroEuropa. Tenía una colección de enorme de cabezas disecadas de los talentos que había ido cazando, hasta que, por suerte, declararon su caza ilegal. Así que se quedó sin trabajo, y los talentos del mundo entero pudieron volver a salir de sus casas sin miedo a que el tipo este los metiera en un saco. La madre de Daisy, no la de su padre, que sería su abuela y que, ahora mismo, no viene al caso, aunque… aunque, cuentan una anécdota curiosa sobre ella. Resulta que el siglo XVII, la señora abuela en cuestión, que ya contaba 56 años… cabe decir que vivió 458, tres meses, dos horas, un par de días, 6 lustros y 3 años bisiestos impares consecutivos una detrás del otro sin parar ni para ir al lavabo. Bueno, pues resulta que la señora esta de la que estoy hablando ahora. No otra, si no esta precisamente, descubrió, según dicen los más viejos del lugar del que ella venía. Un lugar muy bonito por cierto. Por lo visto las montañas son azules, el cielo color turquesa, las copas del árboles son de cava y las raíces están en las punta. Al parecer, el clima es mediterráneo tirando a caucásico con tintes carmesíes en las capas bajas de la atmósfera que respiran sin temor a ser vistos por los vecinos del pueblo colindante que linda con ellos por la colina más baja. Pues eso, resulta que la señora descubrió nada más y nada menos que el hijo de la nieta del sobrino de la vecina del párroco ateo que vivía en casa del vendedor ambulante de licores fríos importados de las tierras del sur, era en realidad el hijo secreto del Duque de las Granadas de mano que se usaban como fruta del día en los restaurantes que se abrirían 4 siglos más tarde. Fue algo que impactó a toda la sociedad civil en un área de 34 hectáreas cubiertas de trigo manchado por la lluvia rojiza que provenía del desierto arenoso del otro lado del valle. Pero bueno, no sigamos hablando de la abuela que no es el caso. La madre de Daisy también era un tanto especial. Había sido modelo de tallas entalladas en una fábrica de tallas talladas en madera. Un día se le subieron humos y se asfixió. Fue un drama para toda la familia, sobre todo para Daisy, ya que su querida, por no decir otra cosa como amada, idolatrada, adorada… (Nota: si se te ocurre algún sinónimo más, te agradeceré que me lo comentes), pues su madre había dejado escrito en el testamento que quería que fuera como fuere, su querida hija Daisy se preparara para convertirse en lo que ella nunca pudo ser: ¿un pomo de puerta? ¿un cartón de leche? ¿la estatua de la libertad? No, está claro que eso está al alcance de cualquiera. Quería que su hija fuera… MISS. Daba igual de dónde o en qué categoría, pero tenía que ser Miss. Y si no lo conseguía estaría condenada a vivir toda su vida sabiendo que no había conseguido ser lo que su madre había querido que fuera. Que a ver… por otro lado… un drama… un drama… pues tampoco era. Imagino yo que eso al final pasa, pero bueno, Daisy era una chica muy de familia y se propuso firmemente llevar a cabo todo lo que fuera necesario para conseguir el objetivo de su madre. Si es que… sigo pensando en ello y no le veo ni pies ni cabeza, pero bueno, es la historia de Daisy y no la mía. Que he dejado muy claro en el título que hablaba de Miss Orígenes y no de mis orígenes, salta a la vista la diferencia. Daisy y su padre se propusieron un calendario muy duro para conseguir el objetivo para que su madre descansara tranquila: eliminar cualquier ruido que hubiera cerca de donde estaba ella, porque entre los vecinos del 5º, los niños de la calle, las excavadoras, las detonaciones de la mina de carbón de la parte trasera, el circo, el circuito de tractores del ático, los ensayos nucleares en la cocina de Pepita, la vecina de enfrente, la banda municipal y el ruido del teclado del móvil de la adolescente que vivía en la otra punta del continente… no había forma de que su madre descansara tranquila. Aparte de ese calendario y de un par de miradas desafiantes que lograron rápidamente su cometido. Daisy se presentó a más de 1.231.554.646.443.347.776.345.327.996 festivales de Misses de su barrio en un día y medio. Intentó presentarse a alguno más, pero tenía que dormir una siesta si quería rendir. No consiguió ganar en ninguno de ellos. Su padre, frustrado decidió que era el momento de cambiar de aires, así que se mudaron al número 43 de la calle Wythetunr, ellos vivían en el 34. Curiosamente y pese a haber solo 9 números de diferencia, el bloque correspondía a otro barrio, otra ciudad, otro país, otro continente e incluso otro planeta. Los de correos hacían lo imposible por evitar esa calle… lógico, nadie escribía correctamente el nombre, ponían Withetunr en lugar de Wythetunr. Es que si no se presta atención a las cosas… Curiosamente, tras hacer la mudanza y estar ya ubicados y confortablemente sentados en el sofá con los pies en alto, vieron en la tele local que se iba a celebrar el primer certamen de Misses del barrio de Orígenes y… bueno, supongo que a partir de aquí ya sabrás cómo sigue esta historia, así que dejo vía libre a tu imaginación. Aunque… leyendo el título… creo yo… que… queda… bastante claro qué pasó… ¿no?

Que aproveche y a disfrutar del fin de semana

Edu

Estoy asombrado

que puede querer decir que no tengo sombra, a- negación y sombrado- algún tipo de derivado de la sombra, que no sé yo por qué a estar estupefacto, sorprendido o perplejo se le tiene que llamar asombrado, con lo bonitas que son esas otras palabras, que por supuesto no me voy a poner a analizar, porque… mirándolas así de reojo ya veo alguna cosa que no me cuadra. Mejor dejémoslo para otro día. Bien, pues como decía no tengo sombra, aunque hay una luz que incide sobre mí en un ángulo de unos 12 grados y con una potencia de unos 40 watios en la escala de Richter, porque en este mes de mayo, o en lo que llevamos de él cada día al trabajo para empezar una nueva y provechosa jornada…  cada vez recibo más y más visitas a los semeocurre. Según las estadísticas de la web esta que uso, y si son estadísticas y no esadísticas o aquelladísticas, hay que hacerles caso o Miso se puede enfurecer, por lo que parece alrededor de más de 150 personas visitan mis barbaridades… cada día!!!!  Yo creo que tiene que haber algún tipo de error. ¡No hay tanta gente en el mundo! Que yo miro las noticias en la tele y siempre salen los mismos. Los visten diferente cada vez, pero siempre son los mismos actores. Que si ahora son deportistas, luego políticos, personajes de una peli, ciudadanos de algún lugar de un gran país en el que olvidaron construir un lugar donde no queme el Sol y que, por lo tanto, todo el mundo estará asombrado, a no ser que tengan encendidas luces eléctricas o alguna llama de esa vela que todos tenemos en casa por si Acaso viene a casa y se casa con la que cose una cosa mientras come queso (ya, ya sé que si pongo la Q el juego de palabras pierde gracia, pero es que si ponía “ceso” cambia la fonética y el juego de palabras también se va al traste de la guitarra que tengo en la habitación, bueno al traste de una de las guitarras, porque tengo más de una, pero como están en la habitación no las puedes ver desde donde lees esto. A no ser que seas invisible y estés a mi lado, en cuyo caso tendré la peor intimidad de la historia. Sí, lo acabo de hacer… he mirado a mi derecha por si te veía, pero no. No estás aquí. Sea quien seas… ¡Manifiéstate! – Ostras… esto está dentro de un paréntesis, se suponía que era un breve inciso por lo del queso y el ceso, pero se me ha ido la pinza a tender la ropa de la lavadora que he puesto hace un rato, y hasta que no esté seca… me temo que no la voy a volver a ver, por lo que no respondo de lo que aquí pueda estar diciendo o escribiendo en lo sucesivo). Pues, realmente curioso que haya tanta gente leyendo esto. Aunque creo que puede ser un error y cuenta como visita cada vez que alguien va al médico. Y como tengo un hospital cerca, pues las va sumando. Yo paso todas las mañanas y muchas tardes por delante, del hospital, digo, y veo que hay gente por allí. Así que si todos esos cuentan del 1 al 45 tan rápido como dicen su nombre a la inversa del modo oriental de occidente, está claro por qué tengo tal cantidad de visitas. Si fueran visitas en formato físico y personal, no sé yo dónde os metería. Mi casa es más bien chiquina y no sé yo si aguantaría el peso de tanta gente. A lo mejor lo probamos y acabamos en el primer piso, y quién sabe… es posible que al vecino le haga ilusión que le vayan a ver. No creo que así de golpe y porrazo ese gentío sea lo mejor, que vale más la pena hacer las cosas con Moderación, que es muy atenta y muy simpática, y muy tranquila, nunca abusa de nadie y eso se agradece. Yo ya hace dos meses, 3 años y medio y 34 semanas bisiestas por parte de sobrino que no hablo con ella, pero según me han contado del 1 al 10, ella sigue por ahí moderando y moderando sin parar, lo ha convertido en un oficio con derecho a pensión vitalicia. En fin, que parece que ya es tarde, o al menos eso aparenta… y tras demostrar mi perplejideza, asombría, estupefaciente y sorprenditud, aprovecho estas líneas que me he cedido amablemente a mí que soy moi para despedirme, no sin antes decir adiós buenas noches.

A descansar bien y a gusto, que no me entere yo de lo contrario. Vaya, que si pasa… que no me entere, que me sabría mal y tendría un momento de tristeza no compartida.

Noooooches

Edu

Un día en un casting

Quería que sonara a peli de los Hermanos Marx o a disco de Queen, pero finalmente simplemente suena a lo que ha sido: un día en un casting. De hecho no ha sido un día entero, apenas una hora y media, al menos para mí porque los que llevaban el casting, no encima claro, me refiero a los que hacían el casting… mmm esos éramos los que primero esperábamos. A ver cómo lo digo, ya está, el equipo de casting llevaba allí todo el día, e imagino que tiene que ser pesado, no de peso, si no de duro, pero no como algo duro de piedra, si no, duro de denso… buf… ya me estoy liando. Bueno, pues el día de casting, o mi hora y pico la he compartido con individuos e individuas. Llegas a la dirección que te han indicado, previamente llevas un día más o menos intentando aprenderte unas frases, sencillamente sencillas, pero que se convierten en imposibles cuando tienes que aprendertelas. En la dirección hay un local y en él una lista desprotegida con un montón de nombres y datos. Tú eres uno más. Bueno no tú, o sí si has estado en ese casting, pero no te he visto. Claro que igual sí que te he visto pero como resulta que no te conozco no te he reconocido y ahora que estás leyendo esto igual caes en que yo también estaba allí. Pero por otro lado distinto al inicial, ¿cómo vas a saber de qué casting estoy hablando si no he dado más indicaciones? Así pues, seguiré hablando de este casting. Bien, pues tú o yo en este caso, no dejas o dejo de ser uno más en esa lista. Una vez rellenas los datos principales, pasas a otra sala en la que hay gente similar en edad a ti, aunque de ambos sexos. No ambos sexos a la vez, al menos no en este casting, igual en otros sí, pero no en este. Me ha parecido curioso, aunque tiene su lógica, que todos o casi todos se conocían y parecía que se hubieran visto en varias ocasiones. Como digo, es algo lógico ya que supongo que se presentarán a varios castings y si son perfiles similares, ya sea el izquierdo o el derecho, pues coincidirán en varios. Salvo por alguna conversación aislada con cinta aislante para que no haya chispas, el resto estábamos pensando en nuestras cosas, la mayoría con el móvil en la mano, chateando, jugando o lo que fuera… básicamente para dejar correr el tiempo mientras memorizábamos de nuevo la frase en cuestión. En determinado momento nos han llamado a todos los del sexo, solo uno, masculino, a los muchachos, zagales, chiquillos …. para enseñarnos qué querían. ¡Horror! El casting no consistía únicamente en decir la frase con más o menos gracia. De forma improvisada había que simular una acción concreta y concisa de un modo un tanto humorístico. ¡Pero eso es a traición! Nadie había avisado. En fin, ya que estábamos por allí, qué más daba, se hace y punto. Todo sea por pasar un buen rato. Eso sí, con un manojo de nervios en la mano derecha. A mí me daba igual pero creo que a los que estaban conmigo en la sala, la visión de ese manojo de nervios recién sacados del cuerpo, chorreando sangre y con un montón de chispas eléctricas les ha causado algún tipo de… digamos… reacción poco agradable. Lástima, para ellos claro, que el casting no fuera de poner caras de asco, porque hubieran arrasado. Yo entiendo que la primera vez pueda impresionar, pero una vez lo has visto, el manojo no es tan asqueroso. Impresiona, claro. Además, uno  se imagina cómo se los arrancó de cuajo o de cualquier otra parte del cuerpo, y el dolor que pudo llegar a sentir. Pero oye, que si quien fuera, yo en este caso, tiene una técnica zen supersecreta que permite arrancar los nervios y ponerlos en un manojo para la mano derecha sin que haya dolor, pues bienvenida sea para él/ella por supuesto. En fin, que tras esa espera, han dicho mi nombre… y he entrado a hacer mi casting. ¿El resultado? Lo sabré en unos días, de momento me han dicho que he sido “opcionado” un nuevo palabro que incluiré en mi diccionario palabrístico.

Buenas nooooooooches,
Edu

¡Que vienen los extraterrestres!

lo siento, es que estoy viendo Expediente X en la tele, con la ilusión de que fuera una peli porno de secretarias, pero no, es la de los extraterrestres y cosas de esas. Así que me he dicho, porque yo me digo cosas, no todas buenas, no todas malas, algunas pichí-pachá otras peché-puchú, pero nunca, nunca pochó-paché, eso… jamás, que algo de respeto me tengo. Tampoco demasiado, el justo y necesario, ya que si lo tuviera en exceso, nunca me dejaría hablar antes que a mí mismo, ni podría pasar delante de mi mismo, me dejaría sentar a mí mismo continuamente lo cual generaría un absurdo baile de arriba y abajo que provocaría miradas extrañas en mis compañeros de viaje en metro, bus o mula gris de 5 años. Pero no nos desviemos del tema… uy… que ya empiezo a hablar en plural… malooooo, malo, malooooo. Tendremos que pararnos antes de que la cosa vaya a más. Uy… que lo he vuelto a hacer… y encima estoy volviendo a usar… muchos… puntos… suspensivos… A ver si voy a estar teniendo una regresión a mis yo mismos de ayer y nada de lo que nos ha pasado hoy ha sucedido realmente  y por lo tanto ahora no estoy viendo Expediente X pensando que era una porno de secretarias. Pero claro, si eso estuviera pasando, tampoco estaría escribiendo esto si no que lo habría escrito ya. Pero eso es imposible ya que veo un gran espacio blanco debajo de estas últimas palabras. Pero un espacio de hueco, de vacío, no un espacio del rollo sideral y esas cosas. Que por otro lado, ni el izquierdo ni el derecho, tendría sentido estar hablando del mismo, no del lado, si no del espacio del rollo sideral, ya que al titular esta entrada como lo he hecho… venga, me espero… sube la mirada… ¿ya? ¿ya has vuelto a leer el título? ¿Puedo seguir? Ah, no que ahora quieres ir al baño… pues nada, esperaré. Todo sea porque no hagas pausas innecesarias o peor aún, no te vayas a orinar encima. Me sentiría muy culpable si eso sucediera. En fin… pues… a ver en qué puedo pensar mientras vuelves. Lo cierto es que hoy he tenido un día tranquilo, sin sobresaltos, de trabajo, eso sí, pero como estamos preparando cosas, pues aún no hay un estrés muy exag… Ay mira, se oye la cisterna, ahora el grifo… muy bien, así me gusta, hay que lavarse las manos… Pero… ¿ahora el cepillo de dientes? Me parece exagerado. Para eso podrías esperar, que me tienes aquí con las manos en las teclas, a punto de seguir con mi entrada de hoy, pero nada… tú a tu rollo, sin prisa, que tenemos toda la noche. De hecho, toda, toda, toda, no. Que yo empiezo a coger sueño, y no quiero arrastrarme hasta la cama, que luego me cuesta horrores subir. Bueno, ya está, ya oigo los pasos de vuelta. Pues como iba dic… ¿la cocina? te has metido en la cocina… Así no vamos a acabar nunca. Por favor, la próxima vez que te sientes a leer el semeocurre al mismo tiempo que yo lo escribo, intenta tener todas o casi todas tus necesidades vitales cubiertas, que me cortas el hilo y luego volver a encontrar una aguja, pasar el hilo y seguir con lo que estaba, me resulta un pelín complicado, que  a estas horas ya se sabe: tanto fue el cántaro a la fuente… Si es que el refranero es tan sabio, o mejor dicho, tiene tanta memoria… Porque al fin y al cabo el señor este, se sabe todos los refranes pero eso, más que sabiduría, demuestra buena memoria o una chuleta enorme. Me refiero a las de copiar, no a una de cerdo o de ternera. ¿Y ahora qué hago hablando de comida? Si yo estaba hablando de extraterrestres desde el principio. Toda una tesis tirada a la basura en tan poco tiempo. Qué desperdicio. Si es que no se puede, no se puede. A determinadas horas tendría que estar prohibido ver Expediente X en la tele. A otras no, pero a determinadas, a esas… tengo clarísimo que así debería ser. Y para que sirva de ejemplo y quede muy decorativo en el salón de casa, me voy a la cama.
Bueeenas noches,
Edu

Añadir nueva entrada

Esto es lo que pone en el menú que uso para escribir los semeocurre. Con esta llevo ya sesenta y pico entradas pero… (leer con toto de cierto temor) no he escrito ninguna salida y si sigo así… y de repente… empieza… a… entrar… gente… y… (creo que estoy abusando de los … para generar tensión, ¿no?) luego… (vale, ya par0, es que me hacen gracia) resulta que no… (¡uy! casi lo consigo, pero no, he tenido que ponerlos, eso sí, después de tres palabras, a ver cuántas puedo poner de golpe) puede salir nadie del interior del blog y sucede alguna cosa así sin avisar antes por teléfono o por whatsapp o por señales de humo, qué más dará ahora el sistema, lo importante es que está a punto de suceder algo gordo y el blog está lleno de gente (lo estoy consiguiendo, lo estoy consiguiendo) que ha entrado por todas estas entradas y no saben que también pueden salir por el mismo lugar (¡Oléeeeeee! Si es que cuando me lo propongo… ¡ups! vaya, ya lo hice de nuevo [Britney dixit]). Igual te parece gracioso pero a mí me acaba de generar un estrés pre-post-traumático de aúpa súbete a caballito que te llevo para que no te mojes los zapatos nuevos que ha llovido mucho hoy. Claro, yo tanto abrir, tanto abrir, tanto tanto, y ¿luego qué? Si al menos hubiera puesto un mapa, o dejado unos picos, unas palas, unos taladros, algo de TNT, un arquitecto que revisara que todo el blog se puede sostener y un aparejador o arquitecto técnico que hiciera sus labores concretas para el buen desarrollo de la obra en cuestión, pues aun. Pero es que no hay nada de eso. Hay conejos con espaldas azules, semáforos daltónicos, panaderas que no callan, nubes raras, bisagras parlanchinas y un montón de cosas más. Pero, útiles para hacer entender a la gente que pueden salir por las entradas, no, de eso no hay nada. Ni un triste cartelito de esos fosforitos que se ponen encima de las puertas y que indican claramente “Salida”. Madre mía como me hagan una IdBa (Inpección de blogs absurdos), se me va a caer el pelo, por suerte aún tengo bastante, pero claro, si se me cae la mitad con esta inspección, no arreglo las cosas en el plazo que me den, me hacen otra IdBa y se me vuelve a caer el pelo ¡qué! Además, ¿se me caería la otra mitad o la mitad de la mitad que me quedaba? Porque ahora mismo yo no sé cuántos pelos me quedan, y por supuesto no me voy a poner a contar ahora los que hay. Así que no sé cuántas IdBa podrían llegar a hacerme antes de obligarme a clausurar cual monja de idem, este blog que con tanto cariño intento escribir día sí, día también, día no, día sí, día también, día también también, día no, día sí, día no, día tampoco, día sí, día también, día también también, día no, día sí, día también, día no, día tampoco, día tampoco tampoco, día sí, y así hasta los sesenta y tantos. Me he inventado el orden, ¡eh! No tengo ni idea de con qué frecuencia escribo esto, pero ¿acaso es eso relevante? Estamos hablando de seres humanos que pueden quedar atrapados en mi blog y aún más, estamos hablando de mi pelo, que no es moco de pavo, es pelo, que lo acabo de decir. No sé, creo que en una de las próximas entradas, antes de que me llegue la notificación de la IdBa, escribiré una salida, aunque sea pequeña para que salgan en fila india, si son ordenaditos, podrán salir a tiempo. Con el paso de los días, ya idearé algún otro tipo de salida en mejores condiciones, más útil y sobre todo más rápida. Tengo que empezar con los planos y lo voluminosos, así que a ello voy. Pronto más.

Buen final de domingo

Edu

La verdadera razón por la que la lluvia cae hacia abajo

en primer lugar… porque caer hacia arriba… es imposible por definición, por Tutatis y por Belenos, como mucho podría desplazarse de abajo hacia arriba, pero nunca caer. Pero ahí no está lo más importante del concepto y de la cuestión destacada en el título, claramente destacada porque las letras son mucho más grandes. La verdadera, única y a la vez lógica en términos absolutos por la que la lluvia cae hacia abajo es… , bueno vale, igual me he pasado con lo de única. Voy a dar la opción a la comunidad científica de Kansas de proporcionarnos algunos argumentos con base rectangular o circular. Pero tienen tiempo solo hasta que escriba la última palabra de este post de hoy. Así que… lo tienen chungo, jaja. Está siendo una concesión trampa, si es que soy más pillo. Seguro que no hay nadie en Kansas que esté ahora mismo leyendo esto y mira que ahora mismo son las 17.28 (lo he mirado aquí http://24timezones.com/es_husohorario/kansas_city_hora_actual.php así que es verdad, pero claro cuando tú lo mires, seguro que es otra hora porque evidentemente no estás leyendo esto a la vez que yo lo escribo, básicamente porque aún no lo he publicado y por lo tanto es totalmente imposible que sepas que lo estoy escribiendo). Todo esto si no tenemos en cuenta teorías espaciotemporales varias que nos pueden llevar a pensar que se puede estar en dos momentos temporales diferentes y distanciados entre ellos a la vez, de hecho no sería a la vez ya que realmente serían momentos distintos aunque no pudiéramos sentirlos como tales, pero… mira, yo estudié ciencias políticas y por mucho que se llamara ciencias… ya te digo yo que poco poco tenía de ciencia… A todo esto, en Kansas están intentando poner a la venta los primeros zapatos mágicos que te llevan del mundo de Oz hasta casa. Los primeros prototipos no han funcionado como estaba previsto y ha habido un poco de todo. Desde cuerpos que llegan a medias, medias que llegan enteras, enteras que no se enteran… pero por lo visto han descubierto un nuevo componente que está dando unos resultados a Sombrosos, el especialista griego que tienen en plantilla. Es un muchacho un tanto esquivo y con pocas luces (si es que cuando hago asociaciones absurdas de palabras… me salgo… me salgo!!!!). El componente en cuestión lo sacaron de paseo en un día lluvioso del mayo más soleado de los últimos 30 días, cosa obvia por otro lado, pero ya sabes cómo son los meteorólogos, les encantan las estadísticas. Al sacarlo a pasear en tal día lluvioso como aquel, se dieron cuenta que allí por donde pasaban paseando por el paseo a paso pasivo para poder ver el paisaje, la lluvia depositada en el suelo empezaba a subir lentamente en forma de diminutas gotas de agua del tamaño del cubo de esos de fregar que todos tenemos en casa. Cada uno tiene su propio cubo, eh. No todos el mismo. No quisiera yo imaginarme los turnos para poder usarlo. Habría verdaderas peleas ya que todos querríamos ser los primeros para así evitar tener el agua sucia y que el suelo de mármol de carrá (como Raffaella) de ese de estar por casa, quedar hecho unos zorros. Entre 34 y 45 zorros, depende del tamaño del piso. En mi caso serían zorritos o como mucho comadrejas, que el piso es pequeño. Pues esas gotas subían y subían dejando, de nuevo, el suelo seco, seco… pero seco seco como una algarroba de esas que en época de algarrobas, te encuentras por la calle tirada cual colilla tirada, a su vez, por algún cerdo, gorrino, guarro y otros derivados que no tenía otro sitio mejor para tirar su pestilente colilla sucia y maloliente. Aún están intentando descubrir el porqué de dicho suceso o sucedido. Pero lo cierto es que les sucedió o sucesitó y eso es digno de admirar, o al menos de ver u observar sin cerrar los ojos demasiado, ya que se los cierras mucho, al final no ves nada, y te pierdes el espectáculo en cuestión, lo que puede llevarte a desconfiar por completo en opiniones contradictorias en el terreno puramente científico. De ahí que yo, no tengo ninguna teoría conspiratoria o simplemente resfriatoria al respecto por el medio ambiente. Por lo tanto, solo me queda decir sin más dilatación…

Buenas noches

Edu

Si te encuentras una sonrisa en el suelo…

olvida todo lo que te han dicho cuando ibas al colegio. Recógela o recontracógela y llévatela puesta. No temas, las sonrisas tienen una capa protectora antibacterias y antitodolomaloychungoquesetepuedaestarocurriendoahoramismo, así que por mucho tiempo que haya pasado en el suelo estará impoluta y como nueva. Es posible que se le haya caído a alguien antes, lo más probable es que haya conseguido la suya y al no necesitar esta otra la haya depositado con mucho mimo y cariño en el suelo. Así que cuenta con que la que hayas recogido no estará siempre contigo, ya que tarde o temprano aparecerá la tuya y claro, no puedes llevar dos sonrisas puestas. Bueno, no es del todo cierto, algunos podemos, sí sí podemos, en primera persona del plural, llevar dos e incluso ha habido momentos de nuestras vidas en los que hemos llevado hasta tres, una encima de la otra, para que puedan ir renovándose sin agotarse de tanto usarlas. Pero… bueno, eso ya es de alumno avanzado de CEAC con curso de guitarra y guitarra española con funda incluidos. Normalmente con una única sonrisa es más que suficiente para poder ir por la vida con la cabeza bien alta, al menos por encima de los hombros. Yo he visto gente con la cabeza entre el ombligo y la axila derecha. Aunque los ves… intentas disimular ya que está claro que no les gusta que les vean así, y mucho menos cuando el visor, mirador, observador o chismosillo de turno necesitará un trasplante de mofletes por exceso de elasticidad. Yo, aunque suelo llevar mis dos sonrisas encima siempre, si veo una por la calle, la recojo y la guardo en una servilleta de bar bien limpita por si veo a alguien que no ha encontrado la suya. Entonces, muy sutilmente, me adelanto a él o a ella, si es hombre o mujer con Gran Danés, y la deposito en el suelo con sumo cuidado, sumo sacerdote y sumo 3 más 4 y me da 7. Luego, como el que no quiere la cosa y la deja a un lado para seguir con las patatas fritas, disimulo atándome un cordón del zapato izquierdo, o el cordón del zapato derecho o simplemente quitándome los cordones y poniendo los del zapato derecho en el lugar del izquierdo y los del izquierdo en el del derecho, por lo que luego paso a atar los cordones del zapato derecho en el pie izquierdo y los cordones del zapato izquierdo en el pie derecho, bueno… no en el pie si no en el zapato, ya que si los atara en el pie querría decir que tendría que ir descalzo por ahí, y si voy descalzo… para qué narices necesito yo unos cordones, si al menos llevara zapatos, pero claro, no es el caso. En fin, que disimulo como puedo y me quedo mirando por el rabillo del ojo, porque mi ojo es macho, a ver qué hace el individuo triste. Si veo que va a pasar de largo, le despisto, toso, le empujo, le doy una colleja para que mire hacia abajo y luego me voy corriendo, no vaya a ser que se gire mosca e intente soltarme un soplamocos, tremenda guarrada por cierto. Únicamente me ha sucedido en una ocasión que mi “víctima” por así llamarle, no llegara a ver la sonrisa que había depositado sutilmente en el suelo tras haberla recogido y guardado en una servilleta de bar. Es que era un chico ciego, de Ciegia del Sur para ser más exactos, y allí tienen prohibido por ley agachar la cabeza, por lo que la sonrisa estuvo a punto de pasarle por alto, bueno… mejor dicho de pasarle por bajo. Para evitar que la dejara ahí y al darme cuenta a tiempo de que el zagal era ciudadano Ciegio, en un acto reflejo en un espejo resplandeciente le puse un pie delante consiguiendo la que en la wikipedia denominan como “la zancadilla perfecta”. De ese modo, y dado que cayó de morros contra el suelo, se encontró justo ante sus ojos delanteros la sonrisa que yo había depositado momentos antes y que había recogido por la calle y guardado en una servilleta de bar. Nadie puede imaginarse la cara de satisfacción que puso. Bueno, al menos eso parecía haber tras esa enorme fuente de sangre que manaba cual afluente del Nilo por las fosas nasales y los huecos que los dientes que habían salido volando tras el tremendo porrazo contra el suelo habían decidido dejar en su boca. Pero… qué más daba ya, al menos él tenía su sonrisa y yo me sentí bien por la buena obra, un poco bruta, del día. Por cierto, el otro día me lo encontré, me reconoció, pero en lugar de enfadarse conmigo, me comentó que había pedido cambiar de nacionalidad. Al preguntarle que a qué se debía, me contestó que obviamente, la prohibición de mirar hacia abajo le había salido realmente cara y que echaba de menos sus dientes de siempre. En fin, al menos… se le veía contento.

Bueeeenas noches

Edu

La fascinante historia del semáforo daltónico

¿A que parece el título de algo así como muy…. muy importante? Pues es simplemente el título de otro post rarote. Para variar un poco, el tema del semáforo daltónico no se me ha ocurrido justo antes de ponerme a escribir. Ha sido esta tarde, mientras paseaba por la diagonal camino de la parada del 34 para volver a casa. He pasado al lado de un semáforo y he pensado en qué pasaría si fuera daltónico. Así que… para salir de Dudas (un bar en el que estaba tomando una tónica) he abierto la puerta y… eso, he salido. Pero para obtener una respuesta a mis pensamientos me he puesto al lado de uno de los semáforos y he buscado alguna portezuela (que es una mujerzuela que además es portera… dejémoslo ahí). Supongo que ya sabes por qué he buscado la portezuela, ¿no? Si has ido leyendo mis posts más antiguos sabrás que a mí, las bisagras me hablan. Bueno, de hecho no solo a mí. Hablan a todo el mundo, simplemente hay que prestar atención y en cuanto se sueltan… buf… la de cosas que pueden decirte. Bien, el caso es que como me he acercado con disimulo, que normlamente suele pasar desapercibido, es un chico callado, pues no se han percatado de nuestra presencia y las hemos podido pillar a media conversación. Tenían una voz un pelín desagradable y como había tráfico no hemos podido entender todo lo que decían, pero vaya, hablaban de la desagradable visita de un Gran Danés macho que sin pensárselo dos veces había decidido marcar su territorio, delimitándolo a partir de su semáforo. No voy a repetir aquí las palabras y despropósitos que comentaban entre ellas, pero… hay que entenderlas, que te orinen encima no es agradable, vaya… supongo. Bueno, cuando han acabado de rajar del $”·$%”& del perro y especialmente de su dueña, han cambiado radicalmente de tema y han comentado que la semana pasada el semáforo había ido al oculista porque sufría unos extraños cambios de luz que no se correspondían con lo que hacían el resto de sus congéneres. Pensaban que podía tener alguna disfunción neuronal, pero la semana anterior ya habían pasado por el doctor en medicina interna de semáforos y estaba todo bien. Pues nada, que resulta que el semáforo en cuestión… es daltónico y claro, se hace un lío con las luces que para qué contarte! A ver, en condiciones normales no supone un problema, ya que tiene muy claro su funcionamiento: De 00 a 07 de la mañana, la luz verde dura 34 segundos, el ámbar 12 y el rojo 43; de 07 a 12 verde 43, ámbar 21 y rojo 34, de 12 a 15, verde 32, ámbar 24 y rojo 54, de 15 a 18 verde 45, ámbar 18 y rojo 42, de 18 a 21, verde 54, ámbar 11 y rojo 32 y por fin de 21 a 00 verde 24, ámbar 29 y rojo 45. Eso siempre que no sea fin de semana, en ese caso los dos primeros intervalos del día deben multiplicar su duración por 1,24 siempre que sea entre los meses de enero a marzo y de agosto a noviembre. El resto de los mese tiene que multiplicar por 1,56. Esto tiene únicamente una sencilla excepción: si llueve menos de 3 litros por metro cuadrado, el multiplicador tiene un factor de ajuste que equivale a la mitad del triple de la cuarta parte de la cantidad de litros recogidos en la franja horaria posterior al intervalo en cuestión. Si el agua recogida supera los 4 litros pero no llega a 43, el semáforo tiene que hacer el pino puente durante 30 segundos manteniendo la respiración y alternando las luces según la frecuencia cardíaca de la primera persona mayor de 34 años que se acerque a menos de 469 metros. En el caso de que el agua de lluvia supere los 44 litros, debe dejar encendidas todas las luces y emitir la señal de SOS en intervalos de 3 segundos. Todo esto es muy sencillo sí, pero… ¿qué pasa si el semáforo se pierde en la programación? Un despiste, una farola sexy, un perro meón, alguien que engancha un cartel de “Se bende piso mui varato en el centro de barcelona, Precio a combenir, interesados llamarme por telefono mobil”, pues… la única forma de retomar la programación es fijándose en lo que hacen el resto de semáforos. Y esto que parece algo muy sencillo, se puede volver un acto dramático cuando se es daltónico. Bien, el oculista en lugar de dramatizar la situación, le ha propuesto una fácil forma de retomar la programación obviando los colores. Algo muy lógico por otro lado, pero en lo que nuestro amigo el semáforo daltónico no había pensado… Le dijo que no se fijara en los colores, que eso daba igual, simplemente… que mirara la posición de las luces, que no había pérdida, que la única que parpadeaba era la central, así que la roja era siempre la de arriba y la verde la de abajo. Si es que no hay como usar el sentido común. Pero bueno, de eso también hablaron las bisagras, pero… se acercaba el bus y yo tenía ganas de llegar a casa.  En fin, me voy ya a dormir que estos días arrastro sueño… y al final me va a quedar hecho una guarrada recogiendo tanto polvo

Bueeeenas noches

Edu

El doctor tenía una letra digna de un maestro

y por eso estaba mal visto en la profesión. Se licenció con las mejores notas, el Re, el Do y el Mi menor de edad; fue un despiste, él no lo sabía, pero bueno… era cuestión de esperar a que pasara un poco de tiempo y se conviertiera en mayor. Pero no podía dejar pasar mucho ya que igual se convertía en Fa, y todo el mundo sabe que el Fa es una marca de jabón para la ducha en cuyos anuncios siempre salían mujeres con turgentes pechos que desafiaban las leyes de la gravedad. Luego se especializó, se convirtió en clavo, una de las especias más punzantes de la cocina culinaria (mal nombre donde los haya, a mí siempre me suena a culo, pero… supongo que solo será cosa mía, qué le vamos a hacer). Pero su camino no fue sencillo, tuvo que cruzar ríos bravos, mansos y algún cabestro también. Montañas montañosas de cordilleras cordilleradas, calles asfaltadas y con pasos de cebra pintados con pintura deslizante que podían provocar una caída repentina, desiertos con un montón de gente que buscaba una salida que le llevara a algún sitio determinado, pero sobre todo, sobre todas las cosas, por encima incluso del gran Todo que todo lo sabe, el mayor escollo que tuvo que sortear fue: su caligrafía. Nunca antes se había visto a un aspirante de médico que tras los años, meses, días e incluso lustros de carrera mantuviese una caligrafía inteligible, pero él sí. Lo cierto es que no lo hacía a propósito, pero le salió así. Tiempo más tarde, sin determinar, lo que podría ser entre un par de horas y un par de pares de décadas, se hizo una prueba en la base del bulbo raquídeo (que ahora mismo no te voy a decir dónde está, que para eso está la wikipedia o google) y le diagnosticaron el Cóndrome del médico que podía ralentizar el tiempo a su voluntad. De ese modo, al parecer, según cuentan los que saben del tema, yo solo escucho y luego transcribo, no innovo no aporto, solo transcribo, conseguía que para él únicamente, los profesores hablaran más lentamente, lo cual le permitía tener más tiempo a la hora de tomar apuntes. ¡Increíble! Estarás pensando ahora mismo. Bueno, increíble, increíble… tampoco. Ponte a pensar un momento. Cuando estás viendo una peli y quieres verla a cámara lenta, solo tienes que apretar un botón, y los actores pasan a hacer la película más lentamente, eso sí que es increíble. Aunque me parece aún más increíble que sean capaces de interpretar la misma película exactamente igual cada vez que la ves. No se equivocan nunca. Eso, eso sí que es increíble. Esto… ¿no estarás pensando que he dicho esto en serio verdad? Vamos a ver, ¿cómo se llama este blog? Pues… ya está. Se me ha ocurrido, pero no lo he querido hacer público para que la gente no se lleve una decepción. Es más, para evitar que todo el mundo se ponga a ver las películas con más detenimiento para ver si encuentran algún cambio respecto a la anterior vez que vieron las vieron. Que hay gente muy rara por ahí suelta. Bueno, pues eso que siempre me lías con cosas raras. Toda la comunidad del anillo científica que vivía en la comarca (ahora solo falta que salga ET o Rambo… Uy, qué tarde es… qué sueño… ya acabo, ya) se puso en su contra. Unos cobardes eran como 4 millones contra 1, aquí ni con lo de mierda para cada uno se consigue nada. porque ya me dirás tú la mierda tan grande que se necesita para poder repartirla entre todos y que les toque un trozo lo suficientemente grande como para que les resulte molesto. Pero nuestro doctor se doctoró, de ahí que sea doctor, si es que estoy de un lógico aplastante, hoy. Sigue ejerciendo y muy bien la medicina. Cura a los enfermos y todo lo que se le presupone, pero… le han recomendado hacer un cursillo de descaligrafía, porque sus colegas se quejan de que sus pacientes les recriminan que no se puedan leer sus recetas, y que corre por ahí una historia de un doctor que tiene buena letra, y que si él puede… todos pueden.

Y no, hoy no he ido al médico, un simple semeocurre.

Buenas noches

Un semeocurre atípico por poco frecuente

Hooola,

uf, qué tarde es ya. Tendría que estar en la cama durmiendo, abrazado a mi gusiluz de peluche, gorrito, pantuflas y orinal en el suelo, pero no. Hoy esperaré a escribir este… “SEMEOCURRE ATÍPICO”. Hoy no será sobre lápices o ascensores vivientes, ni conejos de espaldas azules, ni panaderas que no callan ni bajo el agua. Tampoco lo situaré en países de nombres raros que limitan al norte con el sur-suroeste de un lago seco en cuyas aguas pantanosas habitan habitantes habitables. No, hoy no. Hoy simplemente hablaré de aquel chico que sí que nombré alguna vez, que era y es todo ilusión, pasión, energía y fuerza y que de vez en cuando, no lo merece mucho más, recibe inyecciones con agujas kilométricas llenas de ánimos para seguir adelante con lo que empezó hace ya un tiempo. Y justamente hoy, le han dejado el brazo como la piedra pómez de la cantidad de inyecciones que han llegado de golpe, algunas sin avisar, otras avisando de hace tiempo y algunas otras que llevan tiempo inyectadas y que moderadamente van soltando su goteo enérgico. Y hoy, no ha parado de volar, de sonreír, de notar cómo estaba en lo más parecido a una nube que ha estado en mucho tiempo. Un proyecto, su proyecto, en el que se empeñó en ser un egoísta y un ególatra y un egoloquesea, no es que haya dado ningún fruto concreto, pero de repente han surgido tantas posibles cosas que pueden pasar, que solo eso… hace que siga y siga manteniendo su ilusión. Una ilusión, por otro lado, que tiene que ver con las 12 niñas que engendró (más 1 que adoptó) y con las próximas 17 que están por llegar y que sigue dando forma y forma para que luzcan como las reinas o presidentas de la república (según quien lo lea) que son y tienen que ser. Aún le queda un trecho, pero cada vez está más cerca el momento de arrancar, y arrancará arropado por unos compañeros increíbles que le darán el último empujón para que las 17 niñitas se pavoneen como solo ellas sabrán hacerlo. En ese momento, nuevas niñitas empezarán a gestarse y con suerte… el ciclo se repetirá una y otra vez, y espero poder disfrutarlo con él.

buenas noches!!!! con una sonrisa!!

Edu

Ascensor y descensor con mucha vida

desde esta mañana que no puedo pensar en otra cosa que no sean las historias del ascensor y descensor. No se trata de uno normal y corriente, si así fuera no estaría hablando de él. Este AD (para abreviar) fue en el pasado un bello príncipe de un reino reinado por un rey y una reina cuyo hijo menor era un príncipe que sufrió el malvado encantamiento de una bruja malvada que brujeaba malvadamente en el reino del rey y la reina cuyo príncipe acabó convertido en AD, resumiendo, claro. AD acabó fabricado en la fábrica que fabrica ascensores y descensores más importante del pueblo de Rustenda, al este del oeste y al sur del norte. En teoría, AD tendría que haber sido simplemente A o D, pero claro, él era un buello príncipe de un reino… bla bla bla, así que no podía ser como el resto y decidió porque él quiso, convertirse en el primer AD de la historia de la fábrica. Cuando acabaron de colocar la última polea y le hicieron el el test de Strutbierginger, por el que tiene que subir o bajar 124556 veces seguidas por un hueco de ascensor de 342 pisos en menos de 2 horas y cuarto, los operarios se dieron cuenta de que subía y bajaba solo, algo nuevo en la fábrica. A partir de ese momento, y tras desmontar hasta en 34 ocasiones a AD, descubrieron cómo estaba hecho y la empresa cambió su nombre a AscensoresDescensores SA. Bien, pues justo llegó un pedido a la fábrica para un hotel de 4 estrellas y un par de cometas en las afueras de la ciudad del exterior externo. El hotel lo iban a inaugurar un par de semanas más tarde, con lo que tenía que estar allí a tiempo para poder hacer todas las comprobaciones rutinarias y también alguna excepcional, como freír un huevo en el tiempo que toca, afilar un cuchillo con un afilador de tenedores, hacer la permanente a tres mujeres calvas de las rodillas y un par más que prefieren que no se hagan públicas para evitar copias. En ese tiempo, AD pudo conocer, de primera mano, un montón de fascinantes historias que explicaban los operarios, el personal del servicio de limpieza, el del servicio de tenis, el del servicio de bar, el de ser vicioso no es tan malo y así hasta un total de 32 personas que utilizaron sus servicios serviciales antes de salir por la puerta de servicio. De entre todas las historias, quizás o puede ser o tal vez, la que más llamó la atención a AD fue la de Pedro y Andrés, dos mujeres heterosexuales de sexo masculino y de pensamientos impuros que se cortejaron las manos a la altura de las muñecas con el cable de un televisor de plasma. Y suerte del plasma que consiguieron que la hemorragia no fuera a más, Llegaron como dos desconocidas que no se conocían. Se saludaron y rápidamente notaron cómo florecía un jardín de petunias del nepal entre los botones de la chaqueta del cocinero que iba con ellos. En un primer momento pensaron que el cocinero era un poco cochino, pero luego dedujeron que había sido cosa del destino y que él no tenía ninguna culpa, así que lo volvieron a meter en el AD justo antes de llegar al suelo, con lo que evitaron su muerte segura o al menos, muy probable, que a lo mejor… en el último momento resultaba que había un piso más y la cosa no iba más lejos. Bueno, más lejos sí que iría, al menos hacia abajo, con lo que lo único que habrían conseguido sería alargar su agonia. Una vez pasado el episodio del cocinero, Pedro y Andrés empezaron a sentirse cada vez más enamoradas la una de la otra y la otra de la una y así una y otra y otra y una vez, sin parar de seguir, o lo que es lo mismo o igual o muy semejante, que surgió un amor heterosexual entre ellas tan intenso como un café ristretto de un cafetera italiana fabricada en Aranjuez. Lo que allí se decían queda para la memoria de AD y para el interfono que tenía, que estaba roto y nunca dejaba de funcionar. Pero solo te diré, que eran tan bonitas las cosas que se decían, que escribiéndolas solo conseguiría ensuciarlas, así que… eso que me ahorro. Buenas noches

Edu

Love story de un lápiz y una libreta de 100 hojas con cuadrícula azul

El amor es así, indefinido por definición y definido por indisposición. Lo hay verde, rojo y violeta; grande, pequeño o desmesurado; ambidiestro, tuerto o manco; de campo, de ciudad o de isla rocosa en medio del océano indico el camino a unos pobres turistas que andaban perdidos y sin rumbo hacia tierras lejanas en el horizonte más oculto de la inmensidad del buzón de correos. Pero sea como sea, fuere como fuere o vaya a ser cuando quiera ir, el amor… es así. Y como tal para cual, puede surgir entre dos, tres y hasta 300 seres distintos, de especies alejadas, de sentimientos compartidos, cuales pisos de estudiantes  o, simplemente, entre lo que tenemos más cerca, aunque en ocasiones  no reparemos en ello y vayamos a reparar el coche al mecánico porque la junta de culata y el cigüeñal han decidido partir peras, y han dejado las pieles por ahí tiradas, con lo que no hay forma de conseguir que el coche arranque para iniciar el camino al pueblo, para disfrutar de un merecido fin de semana de descanso dominical en jueves festivo. Pero como digo, es así. Y como así que es, y como no es de otra manera diferente o dispar, la historia de hoy va a tener dos protagonistas de excepción, ya que nunca más hablaré de ellos. Bueno, al menos en los dos próximos semeocurre, o igual sí, ¿qué sé yo? Bien, pues nuestra historia empieza así: En un antiguo escritorio de caoba hondureña importada de Amberes en un contenedor que incluía chocolate belga de Paraguay, amapolas holandesas de Cabo Verde, y un cabo del ejército del aire del pequeño país de San Marino, patrón de los fabricantes de pantalones azul oscuro. convivían una caja de clips de los de juntar cosas, un paquete de post-it de colores pastel de pera al horno con mermelada de frambuesa espolvoreada con azúcar de caña, una vieja máquina de escribir Tauser & Funghtin que había perdido la mitad de sus mayúsculas en sus años de servicio en un hospital de montaña en un barrio de New York city of lights and that never sleeps, un tintero que tintaba con tinta lo que le pedían que tintara, una foto vieja que apenas podía ver y un lápiz de grafito del bueno, del de grafitear sin parar. El lápiz, al que llamaremos Elap para abreviar un poco, estaba esmaltado en un precioso verde rosa roja, con ribetes dorados cual doblón de plata y estaba coronado por una corona de laurel que coronaba el extremo opuesto a aquel en el que se podía apreciar con claridad la punta del mismo. Elap no era el más rápido del lugar, pero sin duda alguna, era el más bello y lo sabía. Vaaaaya si lo sabía. La modestia no formaba parte de su vocabulario. Así que, cuando alguien quería escribir con él algo como ” Y el jovencito, que hablaba de sí con falsa modestia, se aclaró la voz (…)” Elap se negaba a escribir la palabra maldita, lo que provocaba que el autor tuviera que cambiar de lápiz, únicamente para escribir esa simple y sencilla palabra. Pero bueno, todos le conocían ya, así que lo tenían asumido y no rechistaban. Elap era un lápiz perfecto, se manejaba con suma facilidad y él, consciente de su trazo, se lucía consiguiendo unas bellísimas letras, palabras e incluso números romanos. Pero Elap, no era del todo feliz. Pese a haber acariciado algunas de las hojas más delicadas y sofisticadas de la región, sentía que le faltaba algo. Él sabía que podía llegar a dar más de sí. Su ego, aumentado día a día por todos los que escribían con él, le había llevado en coche de caballos verdes y amarillos, a pensar que únicamente encontraría la perfección en aquellas páginas que venían empaquetadas con lazos y brillantes. Aquellas que traía un mensajero urgente de SEUR desde Seúl a nombre de un tal Saúl que vivía en un Baúl en la buhardilla de la granja adyacente. Nunca pensó… (sí, los lápices también piensan… hay que fijarse más en lo que tenemos cerca), que cierto día, un despiste, una distracción, un momento sin par ni impar, un fugaz descuido le trajera, sin previo aviso, la satisfacción y el gozo de notar la más suave y deliciosa textura jamás conocida. Eso pensaba él, porque de hecho, esa textura la conocen todos los bolis Bic de los universitarios de medio mundo, el otro medio escribe con otras marcas. Una libreta de librería, que no llegó con mensajero, si no que salió de la mochila de un estudiante de intercambio que acababa de llegar a la casa para intercambiarse con el gato. Lo que podía haber sido un error fatal, que matara de un infarto de medio cardo borriquero al pobre Elap, se convirtió en una experiencia casi divina divinanza. El muchacho de intercambio, cogió por error a Elap con sus manazas de gigantón nórdico, para escribir la dirección a la que tenían que enviar al gato. Por lo del intercambio. Elap, al notar esa piel seca, áspera, sin calor y sin dulzura, se temió lo peor. Así que cerró los 5 ojos con todas sus fuerzas para no pensar en ello y que lo que tenía que pasar, pasara lo antes posible. Pero de repente, ¡ay! ese momento… Justo cuando la punta de la mina, afilada, dura, tersa y siempre lista para dar lo mejor de sí, rozó en una micromillonésima de nanosegundo cósmico la superficie de la libreta, creyó estar en el más bello lugar jamás imaginado, escrito o incluso descrito. Notó cómo, mil lágrimas de emoción empezaban a brotar dejándolo todo perdido. La verdad es que emoción era una llorona de tres pares de narices, lloraba por cualquier cosa, pero ella era así, qué le íbamos a hacer. Ese es el último recuerdo de Elap, ya que el éxtasis que sintió le llevó a un largo desmayo, llegando casi a un punto y coma irreversible como un anorak. Ese lapso de tiempo, que sintió como una eternidad de casi 3 minutos, le privó de poder seguir sintiendo la magia que había florecido. Al despertar de  su letargo, la libreta ya no estaba. Tan solo le quedaba el recuerdo de ese primer roce, de esa micromillonésima parte de nanosegundo cósmico. Así que aprovechó un error de fabricación que tenía en uno de sus laterales, y que había provocado que con el tiempo tuviera una pequeña brecha de apenas 3 hectáreas cuadradas, y con sumo cuidado depositó allí ese recuerdo. No lo ha sacado nunca de allí por miedo a perderlo.  Sabe que no podrá volver a disfrutarlo, pero prefiere que sea así, y no arriesgarse a que un golpe de aire, provocado por el despiste algún desalmado que se haya dejado la ventana de la habitación y la puerta trasera abiertas, pueda llevárselo. Y es que… el amor es así.

Que aproveche, que hay que comer,

Edu

Hoy voy a escribir algo que igual no te interesa

pero… lo voy a hacer igualmente, al fin, al cabo, pa’l centro y pa’dentro… este blog es mío, así que ¿por qué no? o ¿por qué sí? Pues porque una de dos o dos de tres, sean cuatro o alguna menos… me apetece y me da gustito. De todos modos, o de alguno de ellos, sea como fuere que hubiera sido o en un futuro vaya a ser… que no sirva de precedente ni de procedente de un lugar remoto, extraño y aún así recóndito, esto va a ser algo puntual más que comal, así que vale la pena retenerlo en la retina aunque sea contra su voluntad. Así pues, eso que igual no te interesa es algo que igual sí te interesa, pero claro, hasta que no lo sepas, difícilmente podrás saberlo, cosas que tienen estas cosas. Lo incierto genera una incertidumbre incierta hasta que pasa a ser algo conocido con su certidumbre concreta. Bueno, pues allá voy, en sentido figurado claro, porque no voy realmente a ningún sitio. Digo, que me voy a quedar aquí sentado escribiendo con la pantalla de la tele encendida, pero sin fuego, y sin volumen para poder concentrarme sin dispersión aparente en estas líneas que fluyen de mi cabeza inquieta aunque sujeta al tronco por el cuello. Cuando las cosas fluyen así, sin remedio, sin esfuerzo, sintéticas ( no confundir con “sin teticas” como diría un maño o un murciano), sinuosas y sinusitis, hay que dejarlas a su ritmo, sin frenarlas, sin obstáculos, porque de otro modo podrían pararse y negarse a continuar, y eso, según dicen 54 de cada 3 médicos de cabecera de la cama, no es saludable. Y ya se sabe que hay que ser educado, y si alguien o algo te saluda hay que devolver el saludo y no quedárselo, que eso es de egoísta. A mí mis padres y madres me educaron bien, lo que vendría a ser según las normas de cortesía correctas y educadas, así que soy de los que devuelven los saludos sin usar, bien lavados y planchados, como tiene que ser. O bueno, al menos como me han dicho que tiene que ser, que a lo mejor o a lo peor… o como mínimo a lo diferente, no es la única forma, pero por ignorancia que no sea. Pero como siempre me sucede me desvío por el camino contrario al que tenía previsto en el plan de escritura, y eso no puede ser, que así no se hacen las cosas en condiciones, ni se escriben los semeocurres como había dispuesto. A lo que iba, o a lo que voy, que de hecho sigo en ello. Hoy he podido anunciar ya por fin de los porfines que si no hay cambios cambiantes, a mediados de julio (sobre lo que vendría a ser la mitad del mes) empezaré a grabar el que será mi segundo disco. Cómo… ¿que no sabes de qué te hablo? Naaaaaaah, no me lo creo, es imposible que a estas alturas o a estas bajuras no sepas que el locuelo que escribe estas cosas extrañas resulta que es músico de los que hacen música. Pues me parece muy mal, eso es que no has sabido leer entre líneas, que es donde pongo los mensajes ocultos para que no se vean si no es noche de luna menguante de terciopelo al estilo Gilda. Pero bueno, es una alegría y una ilusión que anda por mis rincones más arrinconados y que pronto aflorarán cuales tulipanes en su prado. Y cuando lo hagan, mil millones de notas musicales con sus armonías, acordes y ritmos llenarán otra vez mis días y espero que también los tuyos, para acompañarte en tu camino desde casa a algún lado y desde ese lado de nuevo a casa y así una y otra y otra vez. Pero… aún quedan unos días para eso, pero será pronto… muy pronto.

Buenas noches

Edu

Antía, la nube seca

Cuentan los jóvenes del lugar del que proceden, que hace algo así como unos cuantos lustros bien lustrosos y abrillantados, surcaba los cielos (los 5 cielos conocidos) una nube seca. Se llamaba Antía, no confundir con Antipatía, que era una prima suya lejana, negra como el carbón verde de lazos laxos y campeona entre las campeonas en eso que hacen las nubes de su especie que es: aguantarse el agua sin respirar hasta no poder más. Pero la historia de Antipatía es algo peculiar y necesitaría para sí al menos, al menos… 3 líneas de unos 543 metros cada una con letra tipo Arial y tamaño 12. Pero como digo, no es este el momento de robarle protagonismo a la pobre Antía, que ya le robaron el reloj de su abuela en la última convención de nubes secas llamadas Antía celebrada en Missouri. Un disgusto… Era un reloj de cuco, y este se lo regaló a la abuela de Antía llamada Nausika Nausikae (era muy antigua ella). El reloj no tenía, de hecho, ningún valor monetario tal como lo podemos entender tú, yo o incluso ese señor de camisa azul y zapatos claros que tienes ahora mismo enfrente. Pero no dejaba de ser el reloj de la abuela, y eso… eso todo el mundo sabe y si no lo sabía, lo está sabiendo en este preciso instante, eso… no se hace. Pues la historia de Antía tenía que ver con su relación con el resto de nubes de su edad, primavera arriba invierno abajo. No es que se llevara mal con ellas. Esta no es una historia triste, nada de eso, tampoco es divertida, nada de eso, ni es una historia, eso… eso tampoco. Es simplemente un semeocurre de miércoles festivo que estoy escribiendo por la tarde en lugar de por la noche, con luz natural, sin conservantes ni colorantes y baja en sodio. Un hecho ya de por sí o de por fa, notable si lo tenemos en cuenta en su global y su parcial. Hacía muchos semeocurres que no escribía a esta hora. Bueno, a esta hora en concreto no había escrito nunca. Quiero decir que esta hora, la de ahora, no es la misma que la de ayer o la de hace una semana por mucho que pudieran parecerse. Para empezar, el número de día y su nombre, posiblemente no serían los mismos. El Sol estaría más bajo que en este ahora de esta hora, ya que nos acercamos al verano y, por lo tanto, el Sol con todo su calor, brillo, radianza (palabro) y su esplendor majestuoso está un pelín más alto que en días anteriores. Así pues, a esta misma hora es, según las leyes físicas actuales, algo físicamente imposible por no decir que más que complicado. Pero ya he puesto de manifiesto en otras ocasiones, a horas de similar número pero de diferente igualdad, que tenemos una forma harto peculiar, por no decir hasta las narices peculiar, de utilizar algunas expresiones corporales de nuestra lengua materna, paterna o cualquier otra ciudad valenciana. Pero cada cual a lo suyo y no a lo ajeno como le pasó a la pobre Antía cuando le robaron el reloj. Que alguien andaba por ahí pensando más en lo ajeno que en lo propio y claro, tanto piensa que te piensa… pues inevitablemente y sin ninguna opción para nadie que pudiera llegar a darse cuenta de lo que estaba a punto de ocurrir o suceder en el trono tras la abdicación del monarca en funciones vitales, patatimpampúmrequetequetum, que el reloj que cuco había regalado a la anciana abuela de Antía fue sustraído, robado o tomado prestado sin avisar y sin fecha de vuelta, lo que conllevó un duro golpe en la nalga derecha para toda la familia nubística en su plenitud. Y como habrás podido deducir, de ahí la sequedad de la pobre Antía. Lloró y lloró, y siguió llorando sin remedio hasta que un día sin determinar por el que aquí escribe (lo he olvidado, no lo apunté en la agenda que me regalaron por mi 25 cumpledías) cayó la última gota que nunca jamás podría volver a generar nuestra nubecita. Pero, y aquí verás por qué digo que no es una  historia triste… Su sequedad hizo que le hicieran reportajes en todas las televisiones, hicieron un biopic para televisión, una trilogía de gran éxito entre las nubes adolescentes de los 6 sexos e incluso un reality show llamado: “Antía, la nube sin llantina”. Vale, el título es una birria, pero… no tuve mi mejor día y me pagaban en 67 plazos de 3 años menos 4 décadas bisiestas. Tú en mi lugar habrías hecho lo mismo o algo diferente. Otro día, que no sea este, me disculparé personalmente y en directo ante la audiencia del programa.

Buenas tardes noches

Edu

La casa del planeta Rusgiw 345 no tenía puertas

ni ventanas, ni claraboyas, ni pasadizos secretos, ni ningún otro tipo de acceso al exterior desde el interior, o al interior desde el exterior, obvio por otro lado pero no por ese. El inquilino de la casa no había, por lo tanto, salido nunca ni nadie había entrado tampoco en su hogar acomodado con moqueta azul cielo nocturno de Saturno, con muebles de madera de Fausti de río seco, y con una decoración entre modernista y antigüista. Como el inquilino no conocía nada más… ya le estaba bien. Ya se sabe, ojos que no ven… luz apagada. Pero él vivía feliz, o eso creía ya que nadie le había explicado hasta entonces qué era la felicidad, así que esto de que vivía feliz es una impresión en papel vegetal del autor que escribe estas líneas, véase yo que soy moi. Su única comunicación con el exterior era una pequeña pantalla de televisión de apenas 5 metros cuadrados que tenía instalada en el baño, al lado del horno y del armario de los calcetines. Sí, entiendo que suene raro, pero.. acaso alguien le había dicho dónde tenía que poner las cosas… pues él… las ponía ahí y se quedaba tan ancho como alto y como profundo, era una cuestión como cualquier otra que podía acaecerle en ese instante preciso. Así pues, nuestro querido inquilino, querido por “no odiado”, solo tenía información virtual de lo que le rodeaba en sentido amplio, galaxia arriba… galaxia abajo. Pero curiosamente, su sistema de comunicación le permitía comunicarse con otros inquilinos de otros planetas o microplanetas que había alrededor, de nuevo, en sentido amplio. O… al menos eso creía él. Dado, de 6 caras, que nunca había salido, no era capaz de poder afirmar ni confirmar que efectivamente estaba en un planeta. Él se limitaba a hacer caso a un pequeño manual de apenas 4543563 páginas que estaban pegadas a la pared como si de una capa de papel pintado de Cadena los Tigres se tratara. En él, se indicaba lo más común y frecuente de su día a día a día a día y así hasta el último de los días a días. Pero… curiosamente no había ninguna misión en todo eso. Solo tenía que vivir o al menos eso parecía. Cuando se paraba a pensar… cosa que hacía un par de veces al día con el fín de dejar de caminar, le venían a la mente algunos pensamientos extraños. El más frecuente y a la vez peculiar era el de… “Si no hay forma de entrar… ¿cómo he llegado yo aquí?” Evidentemente tú, que estás leyendo esto ahora mismo, conoces la respuesta, es lógica y sencilla, pero nuestro querido inquilino no tenía la misma información de la que dispones y no había forma de poder deducir aquello a lo que tú has llegado en menos de un nano segundo. Curiosamente, cuando intentaba comunicarse con los otros inquilinos y tenía la sana intención de hacerles la pregunta en cuestión, de repente, el emisor-receptor de imagen y sonido, la tele, emitía unas franjas celestes con tonos coral y un poco de amarillo pollo frito. Nuestro inquilino, harto de esa situación que ya se había repetido hasta 44343 veces, intentó pensar en un sistema de comunicación alternativo que le permitiera burlar con signos y gestos absurdos de su cara, lo que él creía que era un sistema de vigilancia remota creado por algún ser misterioso, el mismo ser que le había puesto la moqueta y le había empapelado la pared con el manual. Porque claro… si nadie había entrado ni salido o, aparentemente no había forma de hacerlo… ¿cómo había llegado todo eso allí? Consiguió crear su propio sistema para burlar la vigilancia, pero… claro, que él conociera ese sistema, que él conociera el significado de sus nuevos gestos… no quería decir que su interlocutor al otro lado también lo pudiera entender… así que de poco le sirvió. La prueba que hizo de ese sistema, la puso en marcha el día de su 432 cumpleaños, unos meses antes del final de su estancia allí, unos meses antes de poder descubrir por fin quién era, qué era y por qué estaba allí. Pero claro, eso era algo que solo tenía que descubrir él, porque, por supuesto, tú lo sabes desde el principio, pero… ya sabes lo que pone en el manual… “prohibido decirle nada importante al tipo raro del planeta Rusgiw 345, por muchos gestos extraños que te haga.”

Buenas noches!

Edu

Me llamo Fiertron y soy una hoja de afeitar

En todo este tiempo, desde que salí del receptáculo de plástico rígido que me oprimía. Desde que fui descolgada de ese gancho, separándome de mis hermanas. Desde que me colocaron en una maquinilla de afeitar usada. Desde que por primera vez noté el frescor de la espuma y la fricción con la piel. Desde el primer pelo de barba que rebané de un golpe certero. Desde que me golpearon sin piedad contra la fría y dura superficie del lavabo con la sana idea de liberarme de un manojo de cientos de pequeños pelos cortados con acierto. Desde que sentí un chorro de agua caliente cayendo con fuerza y sin control a lo largo de todo mi cuerpo con la idea de liberarme, sin éxito, de todos y cada uno de los pelos que había cercenado momentos antes. Desde que sentí por primera vez el amargo sabor de la sangre humana debido a un movimiento poco acertado de la mano que me manejaba. Desde ese momento en el que colocaron la maquinilla en un vaso de porcelana barata al son de un tintineo seco y breve. En todo este tiempo, no he podido saborear un solomillo de buey a la crema de roquefort. No he podido conducir un coche verde oliva a 300 Km por hora en una carretera comarcal de un único sentido con peligro de ganado suelto. No he podido ir a visitar el Kremlin y volver el mismo día en un servicio súper urgente de UPS. No he podido subir y bajar en ascensor de forma ininterrumpida durante 3 días. No he podido ni mantener una conversación amistosa con el cepillo de dientes, enfrascado todos los días en las disputas de sus cerdas. No he podido sentir el cálido beso de una pitón noruega de anillo circundante. No he podido saludar al Presidente de Honduras. No he podido hacer un gazpacho en condiciones, y mucho menos comérmelo. Y lo peor de todo, si es que todo lo que he dicho no es suficientemente malo, mi propietario me va a consumir en un tiempo récord. Jamás, repito, jamás nos hablaron en la escuela de cuchillas de afeitar, de individuos con barbas que era necesario afeitar como mínimo 4 veces al día. No nos informaron jamás, de la existencia de pelos que necesitaban hasta 24 pasadas profundas para poder ser cortados como los instructores nos habían enseñado. Creo que mi vida va a ser más corta de lo que esperaba. Sé que me van a quedar muchas cosas por hacer, pero no puedo huir. Vivo atrapada en la parte superior de la más compleja y perfecta maquinilla de afeitar que haya salido al mercado, una Tomorsten XC 300 Plus Conger. Intentar escapar sería como ser un cepillo de pelo y no quedarse atrapado nunca en una melena rizada. Sé que hay compañeras que están esperando su turno. Sé que con un poco de suerte, aún me quedará un hilo de vida cuando me cambien por la siguiente víctima, pero aún así, encontrar el momento será complicado. Me siento vigilada por el aftershave, por la espuma de afeitar, la pasta dentífrica y sobre todo, por el malnacido del hilo dental. No sé por qué, pero me la tiene jurada y eso que sabe que si se me acerca demasiado puedo partirlo en dos. Nunca pensé que me iba a tocar vivir así, estoy deprimida, triste, desolada, con ganas de que acabe todo, pero por otro lado, quiero ver que hay una salida, un momento de despiste, un golpe mal dado al intentar limpiarme que me haga saltar por los aires y con un poco de suerte caer en el retrete para, por fin, y tras un largo y sumergido viaje… conseguir mi ansiada libertad sin pensar que mi vida se va a acabar antes de llegar. Sé que no va a servir de mucho esto que te voy a decir, pero… piensa en nosotras, no nos veas como un frío metal. Piensa en lo que podemos hacer si nos dejas libres, piénsalo… piénsalo… pero tampoco lo pienses mucho, no vaya  a ser que se te ocurra comentarlo con alguien y te tachen de loco, que… bueno, si te pones a ello, no deja de ser muuuuy absurdo que creas que una triste hoja de afeitar tiene sentimientos… vaya… en qué cabeza cabeeee. Si es que…

Buenas noches

Edu

Le hizo una foto… y ¡qué foto!

Justo cuando salía de casa de su abuela por parte de yerno, al cruzar frente al kiosko de chucherías de Miguel, entre la panadería de la Sra. Carmen y la pescadería de Julián, dos calles más allí del colegio Poeta Fernando de Frus y de Tris, dos calles más acá del parque de bomberos, con sus columpios y sus toboganes tan coloridos, a apenas dos horas en coche de caballos tirado por bueyes escoceses de tercera generación del Castillo de los Marqueses del marquesado baronístico duqueado y condenado a muerte por un delito que no cometieron… allí, justo allí sucedió todo lo que tenía que suceder y no otra cosa completamente distinta. Podía haber sucedido en otro lado, quizás un par de metros aquí, o un par de buses allí. A lo mejor dos palmos más alto o incluso en la cesta de un globo aerostático con forma de Gusiluz afónico por las corrientes submarinas del polo de naranja que un niño de 5 años había pedido a sus padres poco después de desatascar el desagüe de la ducha con la ayuda de un clip. Pero no sucedió allí, si no en el preciso lugar delimitado por los límites limítrofes que lindaban con sus respectivas lindes. Ella no se dio cuenta, o no quiso darse cuenta para evitar la falta de sorpresa que surge cuando algo sucede de forma espontánea, sin premeditación ni preyoga ni pretai-chi. Aunque era bien sabido que ella era capaz de disimular con facilidad, y también sola, pero con facilidad… todo era más sencillo, ella hacía todo tan… ¿fácil? Sería por eso que era la preferida del barrio, un chico de modales peculiares y andares un tanto gansos, por lo payaso, no por lo grande. Pero no hablemos de otros cuando la tenemos a ella, simplemente ella, ella y su momento, su lugar, su preciso instante. Ella, que hacía tan solo 10 minutos estaba tomando pastitas de té mojadas en un chocolate caliente con churros bañados en té de esencia de café con sacarina y leche desnatada en polvo guardada en un tarro de mermelada de cangrejo violinista. Nadie sabía por qué, pero esas pastitas le tenían el corazón robado y el paladar justo encima de la lengua. Las descubrió de joven, apenas unos 6 minutos antes. Su abuela le pidió que le trajera una caja de pastillas de colores que guardaba en el armarito del tercer lavabo de la cuarta planta del piso. Ella, obediente como ninguna, se dirigió directamente y sin rechistar hacia la cocina de horno de leña. Estaba segura de que su abuela le había dicho que era allí donde tenía que buscar la cajita de pastillas. Su hermano político de profesión, nunca llegó a entender cómo había podido confundir una estancia con la otra, cuando estaba clarísimo que en la cocina no había ducha, pero… como era mudo de nacimiento y sordo de actitud, permaneció en silencio absoluto hasta la hora de la cena, momento en el que tras pensarlo bien, abrió la boca y de su garganta emergieron las siguientes palabras: “¿Me puedes pasar la sal? La ensalada está un poco sosa. La manía que tiene la abuela de cocinar sin sal por culpa del colesterol del abuelo. Pero claro, yo no tengo colesterol y el abuelo se fugó con el portero de la finca hace ya 5 meses y 3 años, así que imposible saber cómo tiene el colesterol. Además, se ha olvidado el tomate y esta ensalada es absolutamente aburrida.” Bien, para ser sus primeras palabras desde que nació, todo el mundo esperaba algo más… diríamos… esto… no sé… quiero decir… que… igual… pues…, vaya que para decir eso, bien se podría haber estado calladito. La abuela rompió a llorar en mil pedazos. Uno de los pedazos cayó en el consomé. Resultó ser un trozo del bazo, pero como no sabía para qué servía… decidió no quejarse. Pero por precaución pidió a su nieta que fuera a la farmacia de Pedro a buscar polvos de talco. Y es ahí, justo ahí, en ese momento, en el que al salir por la puerta, se agachó porque vio un algo brillante en lo alto de un árbol. A partir de aquí, la historia se vuelve monótona, así que… no vale la pena seguir con ella, es tan obvio… tan predecible. Nada, aquí lo dejo.

Buenas noches

Edu

Llegó el día de su primer concierto

hacía tiempo que lo esperaba. 6 semanas y 3 años antes le habían dado la fecha exacta. No podía creérselo, bueno… sí podía, pero no quería. Si se lo creía, así de sopetón, pues la cosa dejaba de tener gracia, así que hacía lo posible y lo imposible, e incluso ambas cosas a la vez para evitar creer lo que de hecho ya sabía que iba a suceder, un galimatías. Llamó a su padre y a su madre y al padre de su madre, incluso al padre de la madre del sobrino del padre adoptivo, los llamó por orden, lo hubiera hecho por teléfono, pero era absurdo del oído derecho y sabía que no iba a poder escucharles, de todos modos, o al menos de alguno de ellos, para bien o para mal, todos vivían en la misma casa. De hecho, dormían en la misma cama y apoyaban la cabeza en la misma almohada. No era una almohada estándar, era del tipo Husfighten, es decir más larga de lo habitual y más ancha de lo común, rellena de plumas estilográficas sin tinta, para no manchar, claro está. Quizá no era la más confortable, pero era la que habían dejado los anteriores inquilinos. Dejaron eso y la casa hecha un desastre. El baño en la habitación, la cocina en la terraza, la terraza en el pasillo, el pasillo en el altillo, el altillo en el parking, el parking en el jacuzzi, el jacuzzi en la piscina climatizada de 60 metros de eslora, la piscina climatizada de 60 metros de eslora en el rellano de la escalera, el rellano de la escalera en el cuarto de juegos, el cuarto de juegos en el quinto de juegos, el quinto de juegos… bueno, ya imaginas dónde dejaron el quinto de juegos ¿no? La cosa no puedes estar más clara. Vamos a ver, vuelve a leer cuatro líneas más arriba, donde pone “Dejaron eso y la casa hecha un desastre”. Lee con calma, pausadamente, con atención y siguiendo con el dedo, pero no muy fuerte que vas a dejar la pantalla sucia, sobre todo si te acabas de comer un bocadillo de chorizo o de atún. ¿De qué era esta vez? Ambos ensucian que es un primor, así que sea por grasa o por aceite, tu pantalla nunca volverá a ser la misma, en sentido figurado claro. Bien, ¿has releído? seguro… si quieres  puedes volver a leer de nuevo, te dejo hasta 453 veces. Si tras tal cantidad de lecturas no eres capaz de deducir dónde dejaron el quinto de juegos, creo que tendrás que leerlo una vez más, pero esta vez leyendo únicamente las palabras pares. Si lo haces así, lo descifrarás seguro, si no… pues al final te lo digo, más que nada para mantener la tensión. Bien, pues… con toda la familia avisada, incluyendo a la del vecino del pueblo que había atravesando el río seco que con el caudal más generoso de la comarca del Sur, se preparó para su primer concierto. Era un manojo de apios verdes con muchos nervios. Buf, jamás soporté los apios, no me gustan y me marea su olor. Estuvo ensayando los movimientos. Levantar la mano bien alto. Mirar de lado a lado. Mano en la riñonera… alargar el brazo, volver a llevarlo al lado del cuerpo. Subir y bajar escaleras con cuidado y decisión, dos primos lejanos que habían venido del norte del país que limitaba el paso a los cocodrilos narigudos del Nilo. Eran dos hermanos que por separado no eran gran cosa, pero a la que se juntaban y se metían a fondo en un proyecto, no había quien los sacara. Una vez tuvieron que ir los bomberos a sacarlos del fondo de un proyecto de hoyo de 56 metros cúbicos de arena del Sahara edulcorada, un follón. Pero el día había llegado, y sabía que en cuestión de unas horas tendría que estar en la puerta, junto al resto de sus compañeros, ataviado con su gorra amarilla, su riñonera negra con cambio suficiente, su enorme barril de bebida de extracto de cebada sin alcohol y con colonia, y los vasos con forma de pirámide cónica capada por la base. Era su primer concierto, era su gran día. Sabía que la vida de los espectadores, durante esas dos horas, podía depender de él. Era su primer concierto… y nunca lo iba a olvidar.

buenas noches,

Edu

 

Ah… supongo que tras este relato ya sabrás dónde se encontraba el quinto de juegos, es bastante obvio ¿no? Vaya, no lo he puesto porque pienso que siendo algo tan lógico no vale la pena desperdiciar palabras para explicarlo. Mejor lo dejo así, creo que si tuviera que decirlo, te podrías ofender y eso me dolería en lo más profundo de mi corazón, tan profundo que ni cuidado y decisión llegarían al fondo.

Hoy cogí el metro

lo cogí con fuerza para que no se escapara (NOTA: amig@s argentin@s y de otros países del otro lado del charco, recordad que el que escribe vive en España, así que el significado de coger, es el de agarrar y no otro, gracias). La verdad es que pensé que se escaparía por su túnel, pero sorprendentemente no se movió del lugar. La gente me miraba raro. Algunos con cara de fastidio, llegarían tarde a algún sitio, otros con admiración, otros con sorpresa y algunos no me miraban… seguían a lo suyo: el móvil, un amigo, las uñas, un padrastro, los labios de su pareja. En cualquier caso, es decir, en todos ellos, por si es cualquier caso, no está descartando ninguno, así pues en absolutamente todos y cada uno de los casos, yo seguía allí con el metro en mis manos. Cuando me refiero al metro, quiero decir al transporte subterráneo, casi siempre, ya que a veces sale a la superficie como un submarino para luego volver a las profundidades. No me estoy refiriendo a una cinta métrica, mal llamada metro, ni al extinto periódico gratuito, ni a un metro de cualquier otra cosa que te pueda venir a la cabeza. Me refiero únicamente al metro como tal, al tren, al de los vagones, al de la tarjeta que tiene aquí en Barcelona el mismo tamaño que una tarjeta de crédito; en Madrid es pequeñita, rosa y fácil de extraviar y en otras ciudades no tengo el gusto (Nota: Documentarmte en wikipedia antes de meterme en un fregao y no saber cómo salir). Lo curioso de todo, es que probablemente, si has leído al menos 3 o 4 de mis posts de este absurdo blog que escribo, no te habrás preguntado todavía… ¿por qué narices se me ha ocurrido coger el metro hoy? No sé, yo creo que es lo primero que habría que preguntarse ¿no? Qué motivaciones puede tener un individuo al uso, como vendría ser yo en este momento preciso, como para tomar la determinación de alargar mi mano y agarrar el metro en todo su esplendor. Realmente no sabría qué contestarte. Podría decir que ha sido un instinto, o un capricho, quizás un arrebato o un acto espontáneo. Pero cualquiera que sea mi explicación no podrá tener un sentido lógico y coherente para ninguno de los pasajeros que iban en él. Es más, los que estaban en el vagón que tenía sujeto con mis dedos pulgar e índice, aún podrían hacerse alguna pregunta del tipo: ¿en qué trabajará? ¿usará colonia? ¿sabrá hablar en el lenguaje de los signos? (esta pregunta es muy importante, porque si alguien me preguntara algo en ese lenguaje, yo que soy muy educado le contestaría y, en ese momento seguramente necesitaría las dos manos y el metro se podría marchar) ¿hablará italiano? ¿qué le gustará más la Nocilla o la Nutella? ¿Por qué lleva bambas amarillas? ¿Es necesario hacerse preguntas cuando hay un tipo sujetando mi metro y yo tengo que llegar a casa porque empieza mi telenovela preferida? Pero los que agarraba con el dedo corazón, posiblemente no verían sentido a la situación. Qué decir los del dedo anular… estos estarían totalmente aterrados, por lo de … anular-los (Nota: no hagas chistes malos si no puedes garantizar un mínimo de éxito). Y por último los del dedo meñique, que tan pronto como vieron que era el dedo más pequeño, sacaron pecho e hicieron piña para luchar contra él y así conseguir desembarazarse, es un dedo muy fértil, de él lo antes posible.

Bueno, tras 2 largos segundos y 3 horas de espera, decidí soltar el metro y dejarlo marchar. Pensé que había sido tiempo suficiente como para que los pasajeros tuvieran algo de qué hablar durante el trayecto hasta su estación de bajada. Si en el fondo… soy un cachondo.

Buenas noches, que empieces bien la semana.

Edu

50 semeocurren son más que 49

Aunque no lo parezca, por mi habilidad con los números que se puede adivinar en el título de este post, entrada o simplemente… semeocurre, soy un tipo de letras, especialmente de la E, la Q y la R, les tengo un cariño especial que no espacial. Si fuera espacial, posiblemente sería interplanetario y eso está muy lejos… ahora mismo me da pereza coger el tranvía e irme a interplanetear por los planetas que se ven desde un observatorio. Lo he intentado a simple vista, pero como soy algo más complejo, las cosas simples se me quedan sencillas así que añado un par más y así las complejo un poco. Había pensado en acomplejarlas, pero eso denotaría en mí cierto poder de autoridad poderosa que no pretendo ni deseo obtener ni adquirir. Hay que lo tiene, según dice de forma innata, pero yo creo que es algo que se trabaja, se revisa, se mejora, se incrementa y si no se controla puede llegar a ser peligroso y nocivo a la vez. Hay un cursillo de CEAC que te enseña a mejorarlo, y hay otro que te enseña a comedirlo. Si no haces los cursillos en el orden adecuado puedes llegar a tener un gran problema, aparte de dos cursillos, claro. Las cosas suelen tener un orden, y yo pienso, luego existo, que si ese orden lo ha ordenado alguien será por que tiene cierto orden, pero si lo ha hecho para que parezca una orden la cosa ya cambia. Una orden que origine un orden puede llegar a ser una contrariedad ya que el orden es interesante si sale de forma voluntaria, espontánea o incluso porque a uno o a una le da la gana. Pero cuando viene determinado por una orden u ordenanza, que por supuesto es mucho más grande y agresiva, ese orden pierde toda voluntariedad y pasa a ser una situación incómoda, tanto como una silla de madera sin un cojincito que ayude a reposar las posaderas o el culo de forma que relaje la tensión de todo un día de trabajo. El otro día me senté en una silla de madera francamente incómoda, de esas que invitan a hacer visitas breves a los lugares que las poseen como mobiliario para visitas. De esas de… “toma, siéntate aquí”… que ya verás lo rápido que te levantas y te vas. Yo no tengo ninguna de esas, aunque también es cierto que pocas visitas tengo. Sí que tengo un sillòn para visitas cortas. Es un poco más cómodo que una silla de madera pero no tan cómodo como un sillón de orejas con masaje incorporado o un sofá con chaise longue, mira que suena pijo el nombrecito. Una vez tuve uno de esos, solo lo tuve durante un año, porque era un piso de paso, no dejé poso, pero puse mi peso en él. Era cómodo, sin lugar a dudas ya que solo había espacio para uno, y tantas dudas no cabían en el mismo espacio. Barajé varias opciones como el que baraja naipes pero sabe que está haciendo trampa, dejando siempre a mano las cartas que más le convienen. En esas opciones, había una que destacaba más que las demás, pero finalmente la descarté, robe otra carta y conseguí un póker. Aunque era de doses, fue suficiente para ganar a las dobles parejas que estaban conociéndose en el piso de enfrente. También era un piso de paso para ellas, así que lo tenían muy poco amueblado, apenas tres patas de una silla, dos cojines de un sillón, la puerta de la nevera y el dos estantes o lejas que no lijas, de una estantería de apenas 43 metros de largo por 45 m de alto por 56 de diagonal y 54 de la otra diagonal. Lo que vendría a ser una típica estantería atípica. Las dobles parejas me propusieron un trío en la escalera pero tras barajar la apuesta, también decidí descartarla. Puedo ser un tipo muy decidido cuando me lo propongo. Pero en otras ocasiones puede ser muy poco decidido si me propongo lo contrario a lo que me propuse la primera vez. Es todo una cuestión de proposiciones, sean decentes o indecentes. Sea de un modo, sea de otro o de la mezcla de ambos, si hay algo cierto en todo esto que estás leyendo, es que este texto es el número 50 de una aventura que empezó hace unos meses a raíz de una conversación con un alguien con el que conversé y que indirectamente y sin saberlo encendió en mí una curiosidad no percibida con anterioridad. Y poco a poco, que no es lento ni rápido si no simplemente al ritmo que marcan mis dedos al bailar sobre el teclado, sigo y sigo escribiendo sin saber hacia dónde irán estos semeocurren que se me ocurren cuando me pongo a escribirlos y no antes, y mucho menos… no después. Ya que si se me ocurrieran después de escribirlos posiblemente quisiera cambiar algún concepto que pervertiría, en mucho, el rumbo que me había marcado al empezar la primera línea.

En fin, que sigo y sigo, y algún día pararé, pero si sigo sin parar y quieres seguir siguiéndome… sigue, sigue, que yo seguiré para que me sigas siguiendo.

Muy buenas noches y que tengas un bonito fin de semana previo al inicio de la siguiente.

Edu

Y el pequeño Edu tuvo un sueño

Un sueño que se caía redondo, de esos de los de desear estar en la cama durmiendo a pierna suelta, con la puerta cerrada, sin entradas de luz ni entradas en la cabeza, con una melena al viento cuando está en el campo, y esparcida cuando está tumbado. Y en ese sueño soñaba un sueño soñador, el sueño soñador que siempre había soñado. Porque no era chico de un sueño efímero, si no más bien duradero e incluso perenne si me apuras. En ese sueño soñador se veía en lo alto de un lugar, un lugar luminoso y muy ruidoso, pero armonioso a la vez. Un ruido ensordecedor provocado por su presencia. No eran quejas, no eran insultos u otro tipo de improperios. Se sentía jaleado por dicho ruido, se sentía reconfortado y soñaba en su sueño soñador que en un futuro futurible estaría en ese lugar y no en otro. Que ese y solo ese sería el lugar en el que viviría el resto de sus vidas. Pero ese lugar, no era fijo, era un lugar que se movía y cuando lo hacía, los gritos cambiaban y los emisores de los bellos ruidos también cambiaban, pero el ruido era el mismo, al menos en su esencia. Y la acumulación de esos ruidos en ese lugar luminoso hacía que Edu deseara seguir soñando cada día más, porque de ese modo pensaba que poco a poco podría acercarse y conseguiría descubrir si el sueño soñado se limitaba a eso o si, por el contrario, el sueño soñado era una vida futura, una vida soñada llena de ruidos y luminosidades en ese lugar que estaba seguro que sería su lugar para siempre. Y el pequeño Edu no soñaba sueños soñados en ese lugar luminoso con el bello ruido solo para él. Los soñaba compartidos. Había conseguido, al apretar tanto los ojos, soñar tan y tan fuerte que se había metido en los sueños soñados de otros que como él deseaban ese sitio y ese bello ruido. El sitio, su sitio, era un sitio que todos ellos querían compartir y así se lo hacían saber al pequeño Edu cuando él, desde muy pequeño, entraba en sus sueños soñados. Pero estos otros soñadores al principio no tenían rostro o, al menos, no lo tenían definido. Se diría que habían tenido varios rostros pero todos tenían un sueño soñado parecido. Algunos de ellos lo soñaban siempre, otros solo en ocasiones. Los que lo soñaban siempre dejaban siempre la puerta de sus sueños soñados abierta de par en par, para que el pequeño Edu supiera que deseaban compartir su sitio. Todos adoraban sentir ese bello ruido, sentir la luminosidad a sus espaldas y estar en ese sitio, el que todos sabían que querían que fuera el sitio que iban a compartir algún día. Porque aunque en ocasiones les acechaba la duda, como el zorro que acecha a los patos en el patero (si lo de las gallinas se llama gallinero… es obvio ¿no?). Los patos y las patas viven tranquilas pero el zorro puede hacer que su vida se trunque de un día para otro, tienen que saber evitarlo. Ese zorro asomaba por una pequeña rendija del lugar que aparecía en los sueños soñados. Pero al hacerlo, el bello ruido subía de volumen, consiguiendo convertirse en el más deseado de los cantos deseados desde que los cantos son deseados y no redondos. Así es como el propio sueño soñado del pequeño Edu y de aquellos con los que quería compartir su vida en el que deseaban que fuera su lugar luminoso bañado por un bello ruido, les acompañaba todas y cada una de las noches desde que el pequeño Edu pensó en lo afortunado que era por tener un sueño soñado que le ayudara a mantener vivo y atento un algo que no todos los pequeños Edus tenían. Es por eso, y no por otra cosa distinta a la descrita en estas breves líneas, que cuando Edu y los que saben que van a compartir con él ese, su lugar, despiertan saben que el próximo sueño estará un sueño soñado más cerca de la posibilidad de dejar de ser ese sueño soñado para convertirse en esa vida vivida o esa realidad realizada. Si conoces o si eres un pequeño Edu, sabrás muy bien de qué estoy hablando. Y si así es, acortarás el número de sueños soñados para alcanzar antes la vida vivida.

Buenas noches, me voy a soñar un sueño soñado más

Edu

Pasamanería de hilo metálico dorado en un kimono negro

Así dicho, de golpe, sin respirar, sin pensarlo, sin caer en la cuenta y levantarse sin romperse los huesos… para los no iniciados sería lo mismo que un bordado dorao que hay ahí en la bata negra, a lo que la diseñadora, como es el caso, en cuestión te mira con ojos de “madre mía, vaya un blasfemo tengo aquí al lado”. Pero estas cosas pasan, son frecuentes en aquellos que como el que dijo tal barbarie sin tener ni idea de que estaba faltando a la verdad absoluta en términos circunstanciales de lugar y tiempo,  hablamos porque así nos fluyen las palabras y nos limitamos a canalizarlas de un modo absolutamente inocente. Pero no siempre el inocente es inconsciente, incongruente, incipiente o recipiente, o mejor dicho receptor del interruptor precursor de la pantalla del ordenador que corre y discurre por su superficie retroiluminada intentando indicarnos el camino de una forma sutil y a la vez concreta. Dura vida la del cursor. Dura por aburrida, monótona y sobre todo y muy especialmente por estar atrapado entre cuatro paredes de plástico que impiden que vuele a otros mundos (cierto es que la tecnología, que avanza que es una barbaridad, ha conseguido unir varias pantallas controladas desde un único punto, y por lo tanto, nuestro amigo el cursor, al menos los más afortunados, pueden saltar de pantalla en pantalla hasta los límites que suponen en el hecho de disponer de un habitáculo lo suficientemente grande como para colocar tantas pantallas como uno quiera. Pero… igual es él o ella, porque aun nadie ha intentado descubrir cuál es su sexo, si lo tuviere, decía que igual es el cursor el que no quiere salir, el que tiene miedo a romper esas barreras artificiales que los todopoderosos seres humanos le hemos dado pensando, por supuesto, que era lo mejor para él. ¿Acaso alguien le ha preguntado por sus aspiraciones? ¿Aspira bien? ¿Tiene las fosas nasales despejadas? Porque… pudiera darse el caso de que el cursor fuera alérgico a… no sé, los ácaros y todos sabemos que los animales suelen ser portadores ignorantes de estos pequeños bichitos que en primavera se ponen como locos. Y qué tiene casi siempre un cursor cerca… evidentemente, un ratón, un ratón chiquitín, que come chocolate y turrón y bolitas de anís. Así que no solo es un ratón acaroso si no que es un glotón y un borrachín en potencia. Y no hay nada más peligroso para un cursor, todos los cursores del mundo y del extranjero lo saben…, que un ratón ebrio. Pierde el control, no atina, dirige al cursor hacia un sitio cuando quiere otro completamente diferente y, por supuesto faltaría más, culpa al pobre cursor de su falta de putenería, derivada, evidentemente de su gran cantidad de alcohol en sangre. Que eso es fácil de demostrar: solo hay que hacer que el ratón trace una línea recta de punta a punta de la pantalla, si lo consigue… quiere decir que o bien ese anís es de mala calidad y tiene menos grados de los indicados, o que es un ratón veterano y acostumbrado a dicha bebida con lo que ya no siente los efectos de igual modo. Sea como fuere, en uno y otro momento será el cursor el que tenga que cargar ( de forma figurada, por supuesto) con toda la responsabilidad de un hecho del que es totalmente inocente. Pero las cosas son así, y ni todos los cursores del mundo podrán cambiarlo, ni los ratones dejarán de creer que tienen razón, y no, no seré yo el que intente hacerles cambiar de opinión, y menos ahora, que me voy a dormir!

Buenas noches!

Edu

Sin duda es un buen momento

Será para todos y todas menos para la pobre duda. Eso de ir diciendo por ahí a los cuatro vientos a la vez, que un momento sin ella es bueno… me parece algo vulgar, terrible, grosero y fuera de lugar, del lugar que sea, me da igual, eso ahora… no es el asunto del que trata, si es que en algún momento trata de algo este escrito con el teclado del ordenador que tengo ahora mismo, y no en otro momento, en mis manos. De hecho, no está en mis manos y… mcuho menos lo está todo él en su plenilunio. Bajo mis manos y por encima de la mesa está el teclado, enfrente más o menos a la altura de mi cuello está la pantalla, y a mi derecha justo encima del suelo está la torre, así que… decir que está en mis manos implicaría que… cómo mínimo debería tener unas manos de poco menos que unos 80 centímetros de eslora, lo cual implicaría que tendría unos dedos tremendamente gordos y largos que me impedirían escribir con facilidad, así que ya no sería este teclado que estoy tocando ahora, el que estaría utilizando en este preciso instante para escribir estas líneas. Hay que ver cómo en una fracción de año puede cambiar la vida de un teclado. De ser un elemento útil a ser algo que no sirve absolutamente para nada y todo… todo… por culpa de la ilógica utilización de una frase habitualmente utilizada por nosotros o algunos de nosotros, lo que vendría a ser el vulgo raquídeo. Diría que no me canso de analizar este uso o mal uso del lenguaje, pero mentiría como un cosaco, que supongo que debían de mentir una barbaritud porque si no… en fin, que me desvío del tema, con lo serio y concienzudo que soy yo en estos mis menesteres cotidianos de la escritura verborreica y espontanística. Así pues, intentaré dejar de utilizar el concepto “tener algo en mis manos” a no ser que realmente lo tenga gracias a que mis manos estén formando el equivalente a un recipiente o un cuenco, que… lo siento si no lo digo reviento… no es un señor de Cuenca. Parece curioso cómo cambian los gentilicios, primos lejanos de los fenicios y los egipcios, que vivían en Gentila al este del sur de la cuenca del río que pasa cerca de la capital de la región conocida como “Esa región que está cerca de la cuenca de un río”. La gente de Gentila solía ser muy de poner nombre. Un día, el presidente de la república monárquica y soberana sacó un atlas mudo de la biblioteca nacional y desde su trono de madera de sauce llorón lo abrió por la página. Los 34 habitantes de la capital pudieron ver con sus propios ojos, básicamente porque no tenían otros y no había nadie dispuesto a arrancárselos por el mero caprichito absurdo del que no quiere gastar su visión, el mapa político más mudo que haya visto nadie antes. Mudo por no decir No escrito, no sé por qué se les llama mapas mudos, si los mapas no habla, como mucho habla el que lee lo que aparece en el mapa, y si lo lee en voz alta ya no es mudo, si es para sí, entonces sí que puede ser mudo, total nadie puede escucharle, así que qué más da un poco de mudez o menos. El señor presidente fue señalando cada uno de los países para ver si sus habitantes eran capaces de reconocerlos. En teoría los habían estudiado en 5º curso de cuaternaria, pero… de eso hacía ya mucho tiempo. Una vez hubieron adivinado todos y cada uno de los países, incluso los de la ex URSS, que todos sabemos que son los más difíciles, fue preguntando, de nuevo, uno por uno a los 34 habitantes cómo cree que se tendría que llamar a los habitantes de cada uno de esos países. Y de ahí salieron todos los gentilicios, en su honor los llamaron así. Gracias a este humilde país de pescadores de insectos palo, podemos nombrarnos sin miedo a empezar todos igual: “habitante de…”. A mí es una historia que me conmovió cuando se la oí explicar a mi vecino de enfrente a su hijo pequeño de 67 años. No sé si habrá causado la misma sensación en ti…

Bueeenas noches

Edu

Una habitación con vistas… al futuro

o al mañana… o al pasado mañana… simplemente con vistas a algo que aún está por llegar porque no ha llegado todavía y no tiene intención de hacerlo, al menos de momento, a no ser que decidas darle permiso para que venga y se quede, con el único fin de conocer prácticamente o totalmente todo sobre ese hecho en concreto. O lo que es lo mismo e igual según el término utilizado en el momento u ocasión precisa, vistas al porvenir que en ocasiones viene al pormayor y siempre es mejor que sea así en lugar de “pordetrás” básicamente porque no lo ves venir, y las cosas es mejor saber de dónde y por dónde vienen, para no llevarte una sorpresa a casa y luego tener que buscarle un lugar en una estantería. El problema de esta cuestión lo tienen, especialmente, aquellas personas que en lugar de tener sorpresas en las estanterías, han decidido que quedan mejor unas figuritas de Lladró. Jo, qué mal gusto, no puedo con ellas. La verdad es que me coge un leve ataque de psicopatía destructiva cuando las veo. Por mi cabeza pasa la imagen de una gran sala con estanterías repletas de esas pastorcillas horteras tan relucientes con sus tones pastel. Cientos, miles de ellas, sin una mota de polvo, impolutas, como diciendo “Soy tan hermosa… todo el mundo me desea”. ¡No! No todo el mundo. Yo no. Y a lo lejos entre dos estanterías, en una urna con una pequeña luz en la parte superior se puede ver un bate de béisbol con un cartelito que pone “Yo Soy Tu Felicidad En Esta Sala”, sí en la visión las palabras del cartelito empiezan todas con mayúscula. No sé, podía estar en escrito en esperanto, o con combinaciones extrañas de las palabras, pero no, en mi visión está así y no hay más que hablar. Cada uno tiene su visión, suya, personal e intransferible. Con ella puede hacer lo que quiere, pues la mía escribe así. No sé, igual otro día tengo otra visión y resulta que las letras están en negrita alterna. Las visiones es lo que tienen, que tienen su propio y libre albedrío. Pues con tal tentación frente a mí… camino hacia el bate que está como a 4450 metros y 3 cm. Que lógicamente, ahora te estarás preguntando ¿Y si está a casi 4Km y medio… cómo ha podido leer el cartel? Este comentario sería muy agudo y demostraría un error en mi visión si no fuera porque no qué tamaño tiene el cartel. Pues el cartel en cuestión batió el récord de carteles a más de 4Km de distancia y medía nada más y nada menos que 34004 metros de largo por 12 mm de alto, el equivalente a poner todas las figuritas de Lladró de la sala estiradas una tras otra 45 veces siguiendo la dirección de las agujas de un reloj… obviamente también de Lladró. En mi visión, paso por un puestecito de frankfurts que hay en la sala y me compro un par de platos de pasta y una  fanta de limón, para el camino claro, que es un trecho. Paro también en una tienda deportiva para comprar unos chicles y un kit de higiene dental, incluyendo el hilo de seda claro. Aprovecho para mirar unos discos en la frutería y comprar unas botas de montaña en la carpintería, hay que ver lo que da de sí la salita. Cuando ya estoy bien uniformado y aprovisionado me dispongo a emprender la marcha en dirección al bate de béisbol con el cartel más grande del mundo según el prestigioso libro de los récords recordados, los olvidados están en otro libro que obviamente… ahora no soy capaz de recordar dónde encontrarlo. La ansiedad va en aumento mientras que yo… voy a pie. Paso cerca de las figuras que me observan lascivas, provocativas, oliendo mi tensión, mis ganas de agarrar con fuerza el bate y desahogar mi estrés, mi ira, canalizar mis peores energías hacia esas dulce caritas de porcelana que te miran con soberbia. La soberbia de quien se sabe bello y deseado, pero a la vez odiado. Pero vaya, es solo una visión, así que… decido no darle más vueltas para no marearla. Yo sé que sigo teniendo mis huecos para esas sorpresas que quiero creer que suelen ser gratas, las prerras… esas se las dejo a otro.

Buenas noches

Edu